Reforma contra el empleo y la educación

La reforma deja por fuera a más del 70% de la población económicamente activa del país, que se encuentra en una situación de informalidad o subempleo.

La reforma laboral que cursa trámite en el Congreso de la República genera grandes preocupaciones en diversos sectores de la economía nacional, incluyendo las instituciones dedicadas a la formación técnica y tecnológica.

Dicho proyecto de ley, que ha sido promovido en medio de un discurso ideológico enfocado en la defensa de derechos laborales, parece ignorar la simple realidad de que, para tener tales derechos, primero hay que tener empleo.

Los promotores de la reforma hablan de principios como dignidad, equidad y estabilidad, mientras ignoran que cualquier avance que se pudiera lograr con la reforma deja por fuera a más del 70% de la población económicamente activa del país, que se encuentra en una situación de informalidad o subempleo. ¿No sería más valiosa y urgente una reforma para resolver el problema de este 70%? En cuanto a quienes sí se verían afectados por este proyecto de ley, podemos citar a las pequeñas y medianas empresas del país, las cuales representan más del 90% del tejido empresarial y son responsables de la gran mayoría del empleo formal.

Para estas empresas, que la han pasado mal debido a la desaceleración económica de los últimos años, muchas de las cuales aún están lidiando con las consecuencias de la pandemia, la reforma laboral solo significa mayores costos operativos. La consecuencia evidente, que muchos entendemos pero que el Gobierno y sus aliados se niegan a aceptar, es que, en muchos sectores de la economía, mayores costos laborales se traducen en menos empleo.

Un ejemplo preocupante tiene que ver con las instituciones privadas que ofrecen formación técnica laboral, así como educación técnica profesional y tecnológica. En estos programas es común contar con oferta nocturna y dominical, dadas las necesidades de la población a la que se pretende atender (es decir, jóvenes que trabajan durante el día y estudian por la noche o los fines de semana).
La nueva reforma castiga fuertemente esos horarios al adelantar el inicio de la jornada nocturna (pasando el recargo del 35% de las 9:00 p.m. a las 7:00 p.m.) e incrementar el sobrecosto de la jornada dominical en un 100% (de forma escalonada entre 2024 y 2026).

Esto, muy seguramente, generará limitaciones en la oferta académica de este tipo de formación, dado el incremento en los costos operativos, viéndose obligadas las instituciones educativas a contratar menos profesores, incrementar el valor de sus matrículas o cerrar aquellos programas que resulten inviables por razones financieras.

Así, la reforma laboral propuesta no resuelve los problemas de empleo del país y, por el contrario, puede convertirse en un incentivo para la informalidad. Además, puede afectar negativamente la oferta académica de aquellos programas que más empleabilidad generan en nuestros jóvenes y que los entrenan precisamente en las competencias que más requiere el mercado laboral.

El Gobierno y sus aliados parecen haber logrado una verdadera moñona en contra del desarrollo económico del país.

EDUARDO BEHRENTZ
​Analista.

 

https://www.portafolio.co/opinion/analisis/reforma-contra-el-empleo-y-la-educacion-616094

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