
Mientras algunas tragedias son imprevisibles, otras son producidas por la estupidez y la falta de previsión de personas o entidades, públicas o privadas. Ahora, Colombia está siendo golpeada por una corriente de aire frío que procede del norte, que ha producido torrenciales lluvias especialmente en el Departamento de Córdoba, pero sus efectos se han sentido en toda Colombia.
Ante una tragedia imposible de prever, muchas de las consecuencias catastróficas que ha producido sí se han podido evitar. Cuando acontecen estas situaciones el país se entera de muchas obras públicas que deberían impedir inundaciones repetitivas, que no se construyeron porque se robaron el dinero. Y no hablo apenas de este gobierno, sino de todos los que hemos tenido en los últimos 50 años.
Pero, ahora nuestro tema es otro. Ante una tragedia que se desencadena, la más urgente de las prioridades de cualquier gobierno es establecer un puesto de mando con todos los poderes articulados para que se tomen decisiones inmediatas y efectivas, pues de ellos depende la vida o la muerte, la ruina o la prosperidad de cientos de miles de personas.
Ante la tragedia que golpea a Córdoba, ¿en dónde está ese mando para enfrentar la tragedia? Para horror de Colombia y de los damnificados, la respuesta es más trágica que la misma tragedia.
Cuando las aguas desbordadas alcanzaron los techos de las viviendas en muchas poblaciones de Córdoba, el presidente de la República se encontraba en un viaje de placer en la isla Gorgona, acompañado de alguien que no se sabe si era la nueva novia, o novio, o “novie”. Es así como la secta de la ideología de género llama ahora a las personas de género disperso, o fluido, o cambiante, o desconocido, con los cuales se identifican el presidente y la mayoría de los funcionarios del gobierno.
Un Consejo de Ministros que no resuelve nada
Cuando por fin apareció en Montería, la capital de Córdoba, se realizaron dos Consejos de Ministros. El primero fue citado a las 7:00 pm, pero el presidente solo apareció hasta las 11.30 pm, pues “estaba ocupado”. Mientras tanto, los mandos del Ejército, la Policía, gobernadores y alcaldes de decenas de municipios, “literalmente con el agua al cuello”, esperaban angustiados. Una vez comenzada la reunión, se ordenó impedir la entrada al recinto de 10 alcaldes de municipios de Córdoba, los más afectados, porque ellos no eran ministros. Esperaron afuera del recinto, sentados en el suelo en señal de protesta, hasta que terminó la reunión después de las 3:00 de la madrugada sin que fueran atendidos.
¿Quién podría conocer mejor que ellos la situación real de sus municipios? Pues nadie, pero el presidente prefirió reunirse con la burocracia inútil del gobierno que llegó desde Bogotá, que con absoluta seguridad no tiene la menor idea de nada.
Algunos dirán que lo importante es que se dicten las directrices y se solucionen los problemas, al margen de quienes puedan o no estar en el lugar donde se toman las decisiones. Pero acontece que las muchas horas de reunión fueron dedicadas por el presidente a la más abyecta perorata de acusaciones contra todo el mundo. Contra los partidos políticos, los políticos opositores, los gobernantes que lo antecedieron en el cargo, los empresarios, el Ejército y la Policía y, por supuesto, los ricos, que según él son los culpables de todo.
Anunció al país que él había descubierto un complot para asesinarlo y allí mismo ordenó aumentar su seguridad personal. También descubrió que el comandante de la Policía en Cali, general Edwin Urrego, estaba tramando colocar en su automóvil presidencial una cantidad de cocaína para incriminarlo, por lo cual lo destituyó fulminantemente.
La realidad es que el general hasta hace poco había sido el comandante de la Policía en Barranquilla, y allí dirigió el allanamiento ordenado por la Corte Suprema de Justicia a la casa del “consiglieri” del gobierno, el cuestionado Armando Benedetti, lo cual explica la novela inventada por el presidente. El ministro tiene siete procesos criminales en esa Corte, vigentes desde hace muchos años, pero ninguno avanza en absoluto.
La política del Gobierno es: “sálvese quien pueda”
Todo este espectáculo infame, ridículo y payasesco, fue presenciado por sus devotos funcionarios, que lo consideran un mesías estratosférico que les comunica las energías del universo. Su discurso televisado, evidencia que el alcohol y la coca también estaban invitados a la explosión de improperios, pues evidentemente el presidente no estaba en sus cabales. Al terminar su periplo por la zona de la tragedia, sin resolver ni uno solo de los problemas, ni enviar recursos para ello, porque dice que el gobierno no los tiene, entonces el gran mensaje del presidente se puede resumir en tres palabras que la humanidad ha escuchado miles de veces, cuando las fuerzas humanas son doblegadas por la furia de la naturaleza: Sálvese quien pueda.
Después de semejante bochorno, y en la comodidad del palacio presidencial en Bogotá, lejos de inundaciones y dolor humano, el gobierno anuncia otra emergencia económica con una nueva cascada de impuestos para las grandes empresas, que ya no tienen cómo tributar más.
El problema no es pagar los impuestos expropiatorios que ya tributamos. El problema es que este gobierno está conformado por una pandilla criminal que los administra. En los casi cuatro años de Petro se han robado el presupuesto del Estado, sumado a las decenas de miles de millones de dólares en créditos externos. Todo esto, para que al final de este gobierno, por primera vez en nuestra historia, el presidente no tiene ni una sola obra pública importante para inaugurar.
Cualquiera que sirva para decirle a Colombia y a las generaciones futuras, aquí les dejo una autopista, un aeropuerto, un puente, un hospital, una universidad o una escuela.
Nada, absolutamente nada. Sólo dinero dilapidado; robos en absolutamente todas las entidades de gestión pública; 500.000 contratos de prestación de servicios en los últimos meses, en la víspera de las elecciones presidenciales para comprar votos; ministros y funcionarios de altísimo nivel encarcelados o prófugos por ladrones; cientos de investigaciones de los organismos de control que no conducen a nada.
Esto sería más que suficiente para exigir la destitución del presidente por corrupto, por inepto, por incapacidad mental para gobernar, por desórdenes psiquiátricos, por consumo habitual y excesivo de alcohol y drogas alucinógenas.
Pero no pasa nada. El Congreso de la República, con una complicidad criminal que el próximo gobierno debería investigar, ni siquiera ha abierto el juicio político contra el presidente. Y todos los demás organismos de control, aunque de vez en cuando toman algunas medidas decentes para frenar las locuras presidenciales, actúan de igual forma que la represa de Urrá, en Córdoba, ante la embestida de las aguas. Aunque las compuertas están cerradas, las aguas desbordadas de la muerte corren libremente destruyendo a Colombia.
16/02/2026 | Por Eugenio Trujillo Villegas | trujillo.eugenio@gmail.com . .