
No tiene porqué sorprender la brutalidad de los ataques que empiezan a verse en esta campaña en la que el comunismo se juega el todo por el todo. El régimen va a tratar de imponer a Cepeda sin detenerse en consideraciones de ninguna naturaleza. Hace cinco meses, se ordenó la ejecución de quien sería, a todas luces, el ganador. El crimen de Miguel Uribe fue una contundente notificación de sangre: el socialcomunismo colombiano está dispuesto a lo que sea necesario para mantenerse al frente del gobierno.
Hace cuatro años, cuando la rosca mediática se puso al servicio de la campaña del narcopresidente colombiano Gustavo Petro, fueron muy frecuentes los ataques coordinados, las manipulaciones y las invenciones de periodistas, primero contra Fico Gutiérrez, y más tarde contra Rodolfo Hernández. Se llegó al extremo de presentar el video de un paseo privado, como si fuera una fiesta con prostitutas y contratistas del Estado.
Abelardo de La Espriella lo ha dicho de todas las formas posibles: no existe una sola sanción, ni mucho menos una condena en su contra. Su ejercicio profesional, se ha mantenido siempre al margen de las actividades de sus clientes. Ha sido investigado, como les ha ocurrido a muchos abogados penalistas. En todos los casos, los procesos han sido fallados a favor suyo.
Los abogados ofrecen sus servicios, pero no compran los problemas de sus clientes. Así como todos los ciudadanos tienen derecho a ser defendidos, los defensores tienen derecho a ejercer su oficio sin ser lastimados, molestados ni perseguidos por ello.
Resulta cuando menos curiosa la repetición del patrón de siempre. El mismo periodista decadente que desde su página web construye historias, la amplificación radial y luego las hordas digitales, esas que delinquen con órdenes expresas de «correr la línea ética». El objetivo: alterar las tendencias electorales a través de la construcción de matrices de opinión que erosionan sistemática y calculadamente la reputación y la dignidad de las personas hasta lograr una condena social.
Dice el bloguero Daniel Coronel que prefiere votar por un zapato que por De La Espriella. Cada uno es libre de votar por la persona que le venga en gana. Esa es el precio que hay que pagar por vivir en democracia. El voto de todas las personas vale lo mismo. Esa manifestación de intención de voto confirma que en su caso, la frontera entre información y militancia ha desaparecido. Bueno, esta constatación no es en absoluto nueva. Ese sujeto es un ardiente antirubista, un arrodillado santista –debidamente recompensado por ese gobierno– y, por supuesto, un muy prudente defensor de Petro.
Y toda esta guerra sucia, es una estupenda cortina de humo para esconder un hecho muy preocupante: el silencio del comunista Iván Cepeda, candidato peligroso y radical que encabeza la intención de voto en todas las encuestas, pero del que no se conoce cuál es su plan de gobierno. De él sólo se sabe que su eventual gobierno será un implacable perseguidor de los opositores.
Todos los candidatos, desde los más tibios hasta los más claros en sus planteamientos, han alzado su voz reclamando su comparecencia en debates. Los ciudadanos tienen derecho a oír al sujeto que, de acuerdo con los sondeos, puede ganar las elecciones de este año. Cepeda, muy guapo para estructurar montajes judiciales, resultó bastante cobarde para enfrentarse a sus contendores en democracia, esa misma democracia que fenecerá con un gobierno suyo.
Y ante semejante amenaza, los idiotas útiles, movidos por el odio y por la vanidad que les hace creer que sus palabras y «grandes investigaciones» gozan de infalibilidad y que, por lo tanto, van a impactar realmente en la intención de voto de los colombianos, pavimentan la autopista para la entronización de un sujeto que hoy quizás les agradece por el trabajo sucio que hacen, pero que mañana los traicionará como hizo Stalin con Kámenev, Zinoviev, Bujarín y muchos más.
Publicado: febrero 23 de 2026
https://los.irreverentes.com/2026/02/una-campana-brutal/