Las encuestas mienten y generan confusión, y eso es lo que ha pasado en todas las elecciones presidenciales colombianas desde el año 2002.
¡Eso no es una coincidencia! Es una estrategia electoral diseñada por la izquierda, que tiene su origen en la manipulación ideológica y mediática. Esto fue llevado por el Foro de Sao Paulo a unos límites insospechados y cuenta con una prodigiosa financiación para conseguir sus objetivos.
He demostrado esta realidad irrefutable en muchos escritos, el último de ellos publicado en La Linterna Azul el pasado mes de diciembre. (https://lalinternaazul2.wordpress.com/2025/12/06/las-encuestas-mienten-para-manipular-a-los-electores/)
La misma desinformación en todas las elecciones
Así fue en 2002 y 2006, cuando Álvaro Uribe ganó contra todas las expectativas, derrotando por amplio margen al izquierdista Horacio Serpa en ambas elecciones. En el 2010, cuando ganó Santos, el escogido por Uribe que se convirtió en el gran traidor, el derrotado fue el izquierdista Antanas Mockus, aunque las encuestas indicaban lo contrario. En el 2014 las encuestas acertaron al prever un empate técnico entre Santos y Óscar Iván Zuluaga, pero Santos se robó la elección con el dinero sucio de Odebrecht.
En 2018 ganó Iván Duque, cuando las encuestas indicaban el triunfo de Petro. Y en 2022 ganó Petro, ante la debacle del Centro Democrático, que no tuvo candidato presidencial porque Álvaro Uribe le negó la candidatura a María Fernanda Cabal, para escoger a Óscar Iván Zuluaga, quien renunció a los pocos días. Gracias a esa decisión absurda, equivocada y estúpida, la derecha se quedó sin candidato y fue forzada a votar por Rodolfo Hernández, un desquiciado petrista. Entonces, Petro ganó la presidencia gracias a esa confusión.
Colombia necesita un candidato de derecha
Ahora, en 2026, se repite la misma historia. Cuando el país necesita un buen candidato de derecha, capaz de hacerle frente con altura y contundencia al heredero de Petro, el Centro Democrático le cierra las puertas de nuevo a María Fernanda Cabal. Así, los votos de la derecha, que son mayoría en ese partido, han emigrado en masa hacia el candidato Abelardo de la Espriella, quien hace una campaña electoral de derecha, con firmeza y sin la cobardía habitual de la derecha, temerosa de mostrarse como tal porque supone equivocadamente que será derrotada.
¿Cuál es la finalidad de manipular las encuestas a favor de la izquierda? El objetivo es atomizar la derecha, anunciando como ganador a un candidato inviable por su pasado marxista.
¡Es evidente que Cepeda no arrastra a nadie! Solo cuenta con la maquinaria corrupta del gobierno, que es capaz del mayor fraude en las elecciones, y las amenazas siniestras del terrorismo, que domina la mitad de Colombia.
No tiene carisma. Se presenta como el Lenin colombiano, propone soluciones marxistas radicales a todos los problemas, lo cual aumentará el caos y la destrucción hecha por Petro. Pero las falsas encuestas promovidas por la izquierda dicen que va a ganar en primera y en segunda vuelta.
Las encuestas de una empresa comprada por el Gobierno
En la más reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría, Cepeda gana con el 33%, mientras que Abelardo de la Espriella tiene el 18%, lo cual es una muestra totalmente falsa de la opinión pública.
La gente ignora que esa empresa ha recibido decenas de contratos del gobierno y de la presidencia de la República para fabricar encuestas que favorecen a Petro. Esos contratos suman más de $14.000 millones de pesos (US $4 millones de dólares) desde 2022, pagados con dinero de los impuestos, con la exclusiva finalidad de desinformar, de mostrar un respaldo popular que no existe, cuando la realidad es que hay una indignación masiva y creciente contra el gobierno.
En medio del desconcierto que genera este falso resultado, nueve candidatos que en realidad son de centro izquierda se preparan para una consulta popular el próximo 8 de marzo. Uno de ellos será el escogido como candidato presidencial, y muy probablemente será Paloma Valencia, del Centro Democrático.
Sin embargo, cuando el País exige un candidato de derecha serio y coherente, capaz de hacer una campaña de derecha brillante que lo lleve a la presidencia, Uribe y su partido propician una manipulación escandalosa para escoger una candidata que no es de derecha, que no representa a la derecha, y que perderá los votos mayoritarios de la derecha, que ya migraron del Centro Democrático hacia Abelardo de la Espriella.
¡Una vez más, el uribismo se equivoca radicalmente, y las consecuencias serán catastróficas para el País!
En ningún caso pretendo descalificar a Paloma Valencia. Es una gran mujer que despierta admiración y respeto, que ha sido una excelente senadora y que sin duda hace un digno papel como candidata presidencial. Pero ella y su partido se equivocan radicalmente al pretender conquistar un electorado de centro y de centro izquierda, ignorando que sus votos están en la derecha. Ese error garrafal los va a llevar al fracaso, pues el electorado del Centro Democrático ha sido despreciado una vez más por Uribe, y la mayoría se fue con Abelardo de la Espriella, porque habla un lenguaje de derecha, dirigido a unos electores de derecha, que ahora son mayoría en Colombia. Pero ya no se sienten representados por Álvaro Uribe y el Centro Democrático.
La derecha se cansó de las equivocaciones del Centro Democrático
Esos electores de derecha se cansaron de tantas equivocaciones del Centro Democrático. En consecuencia, este partido va a hacer el ridículo una vez más, como hace cuatro años, cuando llegó sin candidato a la elección presidencial más arriesgada de nuestra historia, entregándole el triunfo a Petro para que destruyera el País.
La verdadera encuesta será la de las elecciones del 8 de marzo, cuando Colombia dirá en voz alta que rechaza las posiciones claudicantes y conciliadoras del centro. Afirmará que no quiere a ningún presidente que se arrodille ante el terrorismo y ante los falsos diálogos de paz que nos han conducido a la catástrofe actual, y que la única forma de salvar el país es enfrentando con honor y con firmeza a todos los criminales, corruptos y degenerados que se han apoderado del Gobierno, de las instituciones y de los partidos políticos.
La paz se consigue enfrentando a los enemigos de la sociedad y del Estado, no claudicando ante ellos. Eso es lo que venimos diciendo desde hace décadas, pero hasta ahora los dirigentes políticos no han prestado ninguna atención.
