
Son abundantes las razones que han movilizado a la ciudadanía de Medellín a pedir la revocatoria de la elección de Daniel Quintero para la Alcaldía.
Su afán por destruir nuestro principal patrimonio, EPM, y obstaculizar un proyecto vital para la Nación como lo es la represa de Hidroituango; su obsesión por estigmatizar al grupo empresarial antioqueño, forjador de progreso y generador de empleo para la región y el país; su engaño a los que ingenuamente le creyeron el cuento de su “independencia” frente a la clase política, para después gobernar con los más desprestigiados políticos locales y capitalinos; su nada transparente manejo de los dineros públicos evidenciado en la sospechosa distribución de cargos y contratos entre amigos y parientes ; su abierto desprecio por la tradición y la cultura antioqueña; el menosprecio por el talento paisa, reemplazado en su administración por personajes que no conocen la ciudad, ni sus necesidades, ni la idiosincrasia de sus gentes.

En fin, no caben en esta cuartilla las humillaciones y dañinas actuaciones que este impresentable viene perpetrando contra la ciudad y sus habitantes.

Pero la política que adelanta su administración para corromper las mentes de nuestros niños, ha tocado el más sensible punto de nuestros corazones.

¿Cómo es posible que con dineros de los contribuyentes se esté promoviendo entre nuestra niñez una teoría contraria a la ley natural y a la ciencia, como es la ideología de género? ¿Vamos a seguir permitiendo que este sátrapa siga pervirtiendo a nuestros niños con imágenes pornográficas y morbosas enseñanzas como las que se vieron en la biblioteca de San Germán, en evento organizado por la Alcaldía? ¿Habrá un padre o una madre de familia que acepte esta clase de educación para sus hijos?

Después de año y medio de gestión, nos demostró su evidente propósito de robarse, en unión de su camarilla, a Medellín y dejar a EPM y a la Administración Municipal en la ruina. Pero eso lo recuperaremos una vez que hayamos revocado su mandato, como lo vamos a lograr, a pesar de sus sucias artimañas.

Lo que no vamos a permitir es que siga corrompiendo a nuestros párvulos y jóvenes. No atente más contra nuestras costumbres, nuestras tradiciones, nuestras creencias. Medellín no es Sodoma o Gomorra. Aquí seguimos respetando la institución de la familia, el matrimonio entre hombre y mujer, la dignidad de la persona humana, el cuidado de la niñez para formar buenos ciudadanos y, como reza nuestro himno nacional, las palabras del que murió en la Cruz. No juegue Usted con eso, que es nuestro más preciado tesoro. ¡Ya está bien de porquerías!
(+) Pido excusas a mis lectores por la inclusión de las escabrosas imágenes con las que recibieron a los niños de Medellín en evento organizado por la Alcaldía en una biblioteca pública.
Por: Luis Alfonso García Carmona
Presidente de Alianza Reconstrucción Colombia