Para evitar que el ejercicio de la política estuviera solamente al alcance de los ricos, a mediados del siglo xx se ingeniaron sistemas para financiar, por parte del Estado, esa actividad fundamental. Los regímenes democráticos establecieron una cifra por cada voto depositado por partidos reconocidos institucionalmente, sometidos a estatutos aprobados y obligatorios y con tesorería auditada por los organismos de control. Los partidos, además, podían, dentro de ciertos topes, recibir donaciones de particulares.
Hasta ahí el esquema legal de la financiación pública era razonable y justo; pero en Colombia, en vez de fortalecer y moralizar los partidos, se optó por la creación de un mecanismo de reposición de una suma determinada por cada voto depositado en las urnas. Lo anterior suena bien, hasta que se considera que, a partir de la Constitución de 1991, los partidos fueron debilitados y desorganizados, de tal manera que se autorizó el funcionamiento de movimientos ad hoc paralelos, clientelistas y efímeros, para participar en las elecciones. Estas clientelas desaparecen después de los comicios, pero logran la reposición, dejando a sus “líderes” llenos de dinero, porque el movimiento (o grupo significativo de ciudadanos) no es persona jurídica distinta de la respectiva “cabeza”.
La contabilidad que presentan al CNE estas clientelas transitorias es bien discutible, más bien ficticia, porque de ella depende la reposición. En esas condiciones, el ejercicio político no es un desinteresado y patriótico esfuerzo en procura del bien común, sino un proficuo y sórdido negocio, que produce a docenas de auto-pre-candidatos, millones y millones de pesos.
A pocos días de revelarse cómo después de varias campañas sin resultados, un eterno candidato (muy mediocre como gobernador y como alcalde) sumaba cerca de $ 40.000 millones por reposición de votos. En lugar de proceder a revisar el sistema, Petro, arbitraria y maliciosamente, subió este mes la reposición por voto, de $ 2.555= a $ 8.287=, como quien dice un incremento de apenas el 247%, para llenar de alegría a todos los que participan en la feria de las consultas populares.
Quien quiera darse cuenta de la magnitud e inmoralidad de esa corruptela, aceptada por todos los políticos, tanto de izquierda como de derecha, debe mirar dos videos estremecedores: el del coronel Germán Rodríguez, del 23 de enero, y el de la representante Lina María Garrido, cuatro días mas tarde.
Según esta última, la consulta del Pacto Histórico, donde se escogió como candidato a Cepeda, dizque demandó gastos por $2.400 millones (prestados por una papelería quebrada y un comedero barrial), pero Cepeda y Corcho obtuvieron $ 6.000 millones como reposición.
Pero como ahora la reposición ha subido a $ 8.287= por voto, si Cepeda, contra expresa prohibición legal, participa en marzo en una segunda consulta de la izquierda, puede esperar, adicionalmente, unos $20.000 millones, caso en el que Lina María lo demandaría penalmente.
El coronel Rodríguez, por su lado, hace cálculos sobre las consultas de la izquierda y de la “centro-derecha”, el próximo mes de marzo. Según su impresionante análisis, la reposición para ambos extremos puede significar una lluvia de oro, de $116.000 millones, para quienes figuren en esas maniobras electoreras.
La consulta de “centro-derecha” puede representar $28.000 millones para Paloma Valencia; $9.853 millones para Vicky Dávila; $9852 millones para Galán; $4090 millones para Oviedo: $2480 millones para Peñalosa; $1240 millones para Cárdenas, si esos “candidatos” reciben en esa consulta votos en conformidad con los porcentajes que les reconoce la última encuesta de preferencias electorales.
Con la misma “metodología”, la consulta de la izquierda le daría a Cepeda $57.000 millones; a Roy, $6.732 millones, y $5.030 al exgobernador Romero.
Las recompensas previstas por el coronel son más espeluznantes que las de la representante llanera, pero no es necesario que acierten plenamente, porque el hecho real es que la reposición de votos es un instrumento que convierte al Estado en una estructura criminal permanente, donde tirios y troyanos acaban siendo muy parecidos.
29/01/2025 | Por José Alvear Sanín