¡A las cosas, a las cosas!
¡A las cosas, a las cosas!
24/07/2026 | Por: Luis Alfonso García Carmona
Es bien conocida esta frase del filósofo español José Ortega y Gassett, que pronunció en la ciudad de La Plata (Argentina), en 1939 y publicó en su obra Meditación del pueblo joven.
Quiso significar con ella que no vale la pena perder el tiempo en vacías especulaciones, diferencias personales o discusiones abstractas. Por el contrario, considera más útil concentrarse en obtener resultados prácticos, ocuparse de los problemas reales y trabajar por el desarrollo del país de manera eficiente y concreta.
Al repasar esta prudente admonición a la luz de los monumentales problemas que agobian al país, no nos queda otra alternativa que otorgarle toda la razón al filósofo.
Venimos de presenciar la más brillante y eficaz campaña política de toda nuestra historia republicana, en la que Abelardo de la Espriella, por fuera de los partidos políticos, sin contar con la maquinaria del establecimiento ni con los grandes poderes económicos y de la comunicación, logró convocar a las mayorías en el movimiento identificado como “Defensores de la Patria” y ganar en franca lid la Presidencia de la República. Su ventaja sobre su rival, el candidato del gobierno petrista y de la guerrilla no fue tan sólo de 250.000 votos, pues hay que considerar los casi 4.000 votos conseguidos por su oponente mediante constreñimiento armado a los electores en las regiones dominadas por la narcoguerrilla, como recientemente se ha denunciado ante la Fiscalía General de la Nación por la Fundación Misión Colombia Transparente.
Demostró con creces que se puede construir un movimiento ganador, alcanzar el objetivo y, de paso, dar un magistral ejemplo de que todo se puedo lograr cambiando radicalmente las obsoletas prácticas de la vieja política.
Ha continuado actuando coherente con sus postulados al escoger sus inmediatos colaboradores, al rechazar la manipulación que quiso imponerle el régimen con un ficticio empalme y al proceder al diálogo directo con las regiones y con sus líderes para realizar con ellos el verdadero empalme, prescindiendo de inútiles intermediarios.
No desperdiciaron sus enemigos de la izquierda y sus aliados la oportunidad de dar rienda suelta a su revanchismo cuando pretendió el presidente electo contar con un presidente del senado que facilitara el trámite de los proyectos del gobierno, eligiendo a otro candidato. Creemos sinceramente que no era éste un tema de fondo que mereciera brindar al enemigo la ocasión para ejercer su retaliación. En su pragmatismo debe considerar “el tigre” que ni aquellos que le han prometido su apoyo como parte de la coalición de gobierno son confiables a la hora en que los intereses de la Patria riñan con sus mezquinas aspiraciones.
Debe el presidente electo, y lo digo con el mayor respeto y consideración, escoger bien las batallas que en adelante librará en el Congreso, que sean éstas únicamente las necesarias para desarrollar su completo plan para la reconstrucción del país y para la materialización del sueño de la Patria Milagro. Temas como el del cambio de sede para la posesión, la reforma constitucional para crear una capital alterna, no dejan de ser importantes, pero no son indispensables para los fines superiores, como lo expresa con sabiduría el filósofo. Y, cuando se tenga que defender los asuntos de mayor calado, como los que tienen que ver con la seguridad, la salud, el narcotráfico, la corrupción, la reforma a la Justicia, la recuperación económica, la educación o el problema energético, hay que llegar a la palestra parlamentaria suficientemente seguro de obtener la victoria, como lo enseña el pragmatismo en el cual “el tigre” es un maestro.
Luis Alfonso García Carmona: Abogado. Escritor. Fundador de Alianza Reconstrucción Colombia.
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