Alerta: Vienen tras nuestros niños

La publicación del último escrito de Ricardo Puentes Melo en “La Linterna Azul” es estremecedora (vid. Homosexualismo, una agenda globalista. Su mafia en Colombia – La Linterna Azul). Lo que afirma Puentes ahí coincide en buena medida con lo que en este blog he denunciado en otras oportunidades acerca de la agenda de homosexualización de la sociedad. Vid. Pianoforte: La Homosexualización de la Sociedad (jesusvallejo.blogspot.com).

Lo que ha empezado como algo apenas razonable, tendiente a garantizar los derechos de minorías discriminadas sin motivo legítimo, ha dado lugar a lo que no pocos consideran como un totalitarismo LGTBIQ+ que pretende imponer su estilo de vida en todos los ámbitos de la sociedad.

Tras esta tendencia se mueve el ímpetu antinatalista que aspira no sólo a limitar, sino a reducir, incluso sustancialmente, la población humana, a la que se acusa de la crisis ecológica que se pone de manifiesto en el cambio climático. Como lo proponen los promotores del Nuevo Orden Mundial, hay que desligar la sexualidad de la procreación, y uno de los modos más efectivos de lograrlo es la imposición de la homosexualidad.

Hay algo de más hondo aliento en estas tendencias, consistente en la destrucción de la familia tradicional y la erradicación de las creencias cristianas.

Como esta revolución cultural no es de buen recibo en las generaciones adultas, se busca imponerla a los niños a través de la educación.

Es un proceso que viene en marcha desde hace varios años en distintos países, incluso el nuestro. Ya en los Estados Unidos se dice que la educación pública es el mejor vehículo de perversión de las nuevas generaciones. Y lo mismo se advierte en las políticas educativas en el Reino Unido, Alemania, Francia, España, Holanda, Bélgica y otros integrantes de la Comunidad Europea, contra los que se alzan voces aisladas, como las de Polonia y Hungría.

Por supuesto que educar a los niños en el respeto a la diversidad es digno de encomio. Pero los promotores de estas políticas educativas no se quedan ahí. Su propósito es la destrucción de su identidad sexual; la iniciación temprana en lo que consideran que es un derecho de la infancia, el goce carnal; la enseñanza de las distintas técnicas de satisfacción incluidas las homosexuales; la presión para que los niños actúen como niñas y éstas como aquéllos, incluyendo su transformación sexual; etc.

Todo esto viene acompañado de medidas contra los padres que se opongan a este modelo de educación sexual. Por ejemplo, según leí en la prensa hace algún tiempo, en Alemania se los priva de la potestad sobre sus hijos e incluso se los somete a penas privativas de la libertad. En Inglaterra se ha sancionado disciplinariamente a educadores que se niegan, por ejemplo, a leerles a los chicos “Las Aventuras de los Pingüinos Gays”. En la España de Zapatero se los obligaba a leer “Alí Baba y sus Cuarenta Maricones”. En Suecia y en Escocia se procesó a predicadores que recordaban la severa censura de San Pablo a los afeminados o la prohibición veterotestamentaria sobre la sodomía. Hace poco en Finlandia se abrió un proceso contra una dama que mencionó en las redes sociales estas recriminaciones. Hay ahora un debate acerca del Supermán gay que está difundiendo Disney.

Como lo han puesto de presente muchos comentaristas, todo esto apunta hacia la imposición coactiva del modo de vida homosexual. Ya no se trata de proteger a los homosexuales. A los que ahora es menester que se proteja son los heterosexuales.

¿Qué será de nuestros niños frente a esta andanada de perversión que se mueve so pretexto de la igualdad y los proyectos de una sociedad inclusiva?

Contemplo a mis nietos Joaquín y Amalia, que acaban de cumplir tres años y son respectivamente hombre y mujer desde el momento mismo de su concepción, y no por presión cultural como piensan los seguidores de Simone de Beauvoir, y me estremezco pensando en la perversidad que pulula hoy en día, impuesta por el pensamiento dizque de lo políticamente correcto. Le ruego a Dios que los proteja de tanta maldad.

Por Jesús Vallejo Mejía, La Linterna Azul, 3/11/2021

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