Las gentes de bien, con escasas excepciones, comentan aterradas el imperdonable permiso concedido al “presunto”, para escapar del país que arruinó, degradó, saqueó y estuvo a punto de entregar totalmente al narcotráfico y la revolución.

Esa autorización, determinada conjuntamente por el liberalismo, el conservatismo, el Centro Democrático y la Unión Patriótica, indica hasta dónde esos partidos menosprecian la moral, la Constitución y la Ley, tolerando primero, y aceptando luego, la corrupción que corroe nuestro tejido social.

Si la corrupción estuvo presente en algunos gobiernos recientes, como mínimo se decuplicó bajo Petro y constituyó la estrategia fundamental de su administración con el fin de precipitar al país a la revolución comunista.

La autorización que se le dio a ese sujeto para salir es inmoral y escandalosa, pero el “Honorable Senado”, ese mismo día, ha enviado al país un sigiloso mensaje todavía peor, con la elección de un tal señor Laverde como Contralor General de la República.

Nunca antes fue más urgente tener un gran Contralor. Ese cargo exige independencia, probidad, experiencia gerencial y los amplísimos conocimientos jurídicos, económicos y contables de los que carece Laverde.

Para salir del pozo séptico en que dejó Petro convertido el Estado, se necesitaba un estadista capaz de descubrir, contabilizar y evaluar los incontables delitos contra la hacienda pública y la economía nacional que hemos presenciado en el cuatrienio atroz del “presunto”, galardonado además con su inclusión en la lista Clinton.

En cambio el Senado, por unanimidad de los partidos, eligió a Laverde, un personaje gris, tan impreparado como insignificante, cuya experiencia ha sido la de largos y monótonos años como secretario de alguna Comisión de esa Cámara, otro burócrata tan anodino y plegable como el tal Eljach, actual y celestino Procurador General de la Nación.

Como si lo anterior fuera poco, Laverde se ha comprometido a nombrar como Vicecontralor General a un activista del Pacto Histórico, lo que indica: 1. Que todos los hallazgos en relación con Petro serán cubiertos por el manto del olvido, y 2. Que todas las iniciativas del gobierno de Abelardo de la Espriella serán aviesamente escrutadas, obstaculizadas y rechazadas…

Estos nombramientos traen a la memoria aquel popular refrán campesino de que “Los gallinazos, de día, se pelean la carroña, pero de noche duermen en la misma rama…”.