Observábamos recientemente cómo una de las principales arterias de Bogotá, la avenida séptima, era bloqueada por un grupo de manifestantes. ¿Acaso demandaban la acción del Estado para solucionar una urgente necesidad de la comunidad o reclamaban el restablecimiento de un servicio público de carácter esencial? Por supuesto que no. Se trataba de estudiantes que, bajo la dirección de sus maestros, rechazaban el desmonte de objetos exhibidos en el Museo Nacional como homenaje a un guerrillero del M-19, responsable de masacres, homicidios, secuestros y otros delitos que enriquecen su prolífico prontuario.
Bajo la tiranía de la subversión instaurada por el pasado régimen la apología del delito, establecida como un delito por la ley penal, es ahora un valor que identifica a una nueva clase de enemigos de la Patria y de sus héroes, ignorantes de lo que significó la historia de nuestra independencia, y esclavos de las ajenas ideologías que nos pretenden subyugar.
La mayoría de los colombianos entendemos el ejercicio del poder como la oportunidad para servir a toda la sociedad, no para utilizar los bienes y privilegios de la autoridad en beneficio propio, o de sus cómplices, o para imponer foráneas ideologías mediante el abuso del poder.
Pero en el cuatrienio anterior vimos cómo se actuó bajo lo que Nietzche llamó la “transvaloración de los valores”, esto es, el cambio radical en el significado de de la moral. Las funestas consecuencias de esta degradación de los principios la estamos viviendo ahora: Los ciudadanos y los jóvenes que tomarán la responsabilidad de decidir la suerte del país carecen de valores. La corrupción otrora castigada con el juicio de la sociedad, ahora es mirada como algo normal; ya ni la administración de justicia se molesta en resolver con prontitud y objetividad el cúmulo de escándalos que a diario se conocen. Sin ningún respeto por la verdad se ofrecieron en la pasada administración beneficios judiciales a confesos criminales a cambio de su participación para enlodar la reputación de quienes se oponían a las ambiciones electoreras de los gobernantes de turno… ¿Es esta la nueva moral que nos quieren imponer?
Mucho se está haciendo desde el gobierno actual de los “Defensores de la Patria” para desenredar los conflictos que nos legó la gestión de la izquierda radical, devolver el orden al territorio nacional, rescatar al país de la bancarrota fiscal, reconstruir los daños ocasionados por el dantesco sismo que nos desestabilizó e impulsar la inversión económica en medio de la quiebra general. Merece un reconocimiento nacional la tarea que en tan solo dos meses y medio ha cumplido el Presidente De la Espriella y su brillante equipo.
No obstante lo anterior, debemos ser conscientes de que los fanáticos de la extrema izquierda, que no han mostrado ningún límite moral para en su tarea de degradación moral del país, continuarán utilizando todas las formas de lucha, lícitas e ilícitas, para cumplir su cometido.
Nos corresponde a nosotros los patriotas a quienes nos duele Colombia, reflexionar sobre nuestro papel en esta lucha por la defensa de nuestros principios, de los valores fundacionales de la República, amenazados ahora por una hidra de varias cabezas: wokismo, progresismo, comunismo, y toda clase de tendencias encaminadas a fraccionar la unidad nacional en favor de extrañas ideologías.
Como acertadamente escribe Jorge Valenzuela, en Mindshop, Knowledge Society,
“La causa final debe tener la intención de alcanzar la excelencia, dejar de guiarnos por acciones secundarias que persiguen deseos externos, sencillos y vacíos. Buscar el eudaimonia (1) y terminar con la idea de que nuestras condiciones materiales determinan o controlan nuestro estado de bienestar. De lo contrario, estaría reluciendo la superficialidad, la vanidad, la frágil forma de vida que hemos elegido vivir. “
(1) El florecimiento humano
Luis Alfonso García Carmona: Abogado. Escritor. Fundador de Alianza Reconstrucción Colombia.
https://lalinternaazul2.wordpress.com/2026/10/25/bajo-la-tirania-de-la-subversion-de-los-valores/