‘Cannabis Cali’, la empresa que propone alcalde Ospina

Nota de la redacción

La legalización de de las drogas acabaría con el narcotráfico, sí, pero a que precio: también acabaría con la juventud

Si cae la barrera jurídica y moral contra las drogas tendríamos que soportar una incontenible pandemia de drogadictos, mucho peor que la que hoy padecemos con el alcohol.

En la propia casa se tornaría imposible prohibirles a los hijos el consumo de marihuana, bazuco o coca. Los padres y profesores que se atrevan a violar el nuevo derecho fundamental de los muchachos terminarían presos. Imagínense a algunos del Consejo de Ministros fumando marihuana o soplando coca mientras debaten muy «seriamente» como quebrarle la columna vertebral al ‘corrupto régimen capitalista’. Imagínense a médicos, pilotos, cocineros o albañiles entregándosen a esta nueva y recreativa pausa activa….

No, no y no!!!! La propuesta de Petro para legalizar gradualmente los alucinógenos recreativos es irresponsablemente anárquica. Constituye, simple y llanamente, una instigación al suicidio colectivo.

El vicio se dispararía hasta el infinito, como sucedió con el aterrador experimento efectuado en los Países Bajos hace unos años atrás.

Pensadores de izquierda sostienen que el consumo de alucinógenos rompe el mito de la individualidad de la conciencia humana

Antonio Gramsci, Sigmund Freud, Wilhelm Reich, Herbert Marcuse, Noam Chomski y Pierre Fougeyrollas, y mas recientemente, Antonio Escohotado, entre otros, han tratado la materia.

Desde abordajes diversos, sostienen que la ‘excursión psíquica’, esa ‘experiencia fundacional de la religión’ ,la que llamamos ‘la traba’, esa ‘deliciosa’ nebulosa mental en que queda inmerso el adicto, deseca, evapora desde sus cimientos las barreras -‘individualistas’ y ‘moralistas’- que sirven de piedra angular del actual régimen cristiano-capitalista.

Bajo esta prespectiva, el consumo de alucinógenos constituye un poderoso salto dialéctico, express, y sin adoctrinamientos previos. El adicto se abre, abdica de su individualidad para entregarse plenamente al ‘extasis’ de una especie de colectivimo mental cuasi perfecto. Esclavizado por su pasión desordenada, el vicioso todo lo comparte: su comida, su cepillo de dientes, su sexualidad, su mente… El yo, se difumina, desaparece. Las drogas alucinógenas, afirman,  abren la mente hacia la realidad ‘superior’ de la conciencia colectiva, abren las puertas hacia el tribal paraíso perdido, hacia el comunismo perfecto que preconizaba Marx: «la anarquía sin caos».

Dados estos extraordinarios, y acelerados, efectos positivos, sostienen los mentores de esta diabólica quimera, resulta de trascendental importancia encontrar la forma de neutralizar los daños sobre la salud que el consumo de alucinógenos acarrea. Transitan por ese camino las salas para suministro gratuito y consumo controlado, propuestas en Colombia, entre otros, por la contradictoria y mitómana ‘Comisión de la Verdad’ y por Petro, cuando ejercía como alcalde de Bogotá.

La marihuana es la ‘inocente’ puerta de acceso al infierno de las drogas

Esta es, sin duda, la principal lección que nos dejó Maradona, el genio del futbol que hace unos meses atrás compareció ante nuestro Creador: él empezó con marihuana, casi todos los drogadictos empezaron con el ‘inocente’ consumo social de la marihuana.

Las drogas hacen parte de la siniestra guerra química desatada por el neocomunismo contra el mundo capitalista y libre.

La izquierda es quien, a nivel nacional e internacional, articula foros, marchas y hasta protestas vandálicas para exigir la no sustitución de cultivos ilícitos. Es ella quien exige que se prohíba la fumigación aérea de los narcocultivos. Es ella quien reclama su legalización.

La actual guerra contra las drogas es tan necesaria cuanto inútil

‘Inútil’, decimos, mientras no sea acompañada de un profundo, y categórico, repudio de todos los alucinógenos. Un repúdio en todos los ámbitos: científico, social, económico, religioso, moral, cultural, ético…

Es que la semilla, el error doctrinal que justifica la legalización total de las drogas (libertad total, hedonismo, ideología de género, marxismo cultural, etc.) continuará vivo en el corazón de los pobres adictos en tanto no renazca en ellos el control profundo de las tendencias desordenadas que anidan en el interior de todos los hombres.

Esas pasiones desenfrenadas solo podrán ser cauterizadas bajo el fuego abrazador de las pasiones contrarias: el amor a la verdad, al bien, y a lo bello. En otras palabras, hasta que no se produzca la metanoia del hombre, esto es, la profunda conversión de cada persona, de este hijo pródigo que somos todos.

“Expulsad lo natural, y volverá al galope” decía un sabio pensador francés. Abrigo la certeza de que, ante la magnitud de la perversión reinante, en algún momento sobrevendrá una extraordinaria e inimaginable reacción pendular. Entonces, esta humanidad extraviada volverá a la casa paterna. Es por demás, la dulce promesa que nos dejó la Santísima Vírgen de Fátima en 1917: “Pero, por fin, mi inmaculado corazón triunfará. El mundo tendrá un tiempo de paz”

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La iniciativa tendría funciones similares a licoreras en Colombia, con aportes a la salud.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, propuso llegar a la legalización del cannabis con fines medicinales.

«Hablemos: ¿qué pasa si se legaliza el cannabis en Colombia sin licencias? Como sembrar maíz, como sembrar papa», dijo el mandatario durante el Encuentro de alcaldes y Alcaldesas del Suroccidente de país.

La propuesta abrió el debate entre quienes consideran que es un riesgo multiplicar esos cultivos frente a los planteamientos de activar ese negocio al mundo.

La gobernadora del Valle, Clara Luz Roldán, y el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, acogieron la idea presidencial.

«Si vamos a legalizar el cannabis, ¿vamos a mantener toda esa gente presa en las cárceles hacinada o llegó el momento de soltar mucha gente?«, preguntó Petro y destacó que «se les criminalizó por algo que en buena parte de los Estados Unidos es legal».

Desde 2016 en Colombia se legalizó el cannabis medicinal y varias compañías extranjeras han recibido licencias para producir y exportar marihuana. El comercio con fines recreativos sigue penalizado.

El alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, sacó su carta al plantear una empresa del Estado dedicada a la producción y venta de marihuana para uso medicinal o recreativo del país.

«He tomado la decisión de presentar al Concejo de nuestra ciudad el Acuerdo que crea la Empresa Industrial y Comercial del Estado Empresa Distrital Cannabis Cali
Orientada al cultivo , producción y comercialización de Cannabis para uso medicinal , industrial y recreativo
«, escribió en redes.

El gobernante anunció que le solicitará al Concejo que sea avalada la Empresa Industrial y Comercial del Estado, Empresa Distrital Cannabis Cali.

Explicó que tal como el Estado controlaba la venta de licor, y fueron surgiendo las  industrias licoreras de cada departamento, sería la hora que en busca de legalizar la marihuana en Colombia, exista una base estatal para poder gestionar los recursos de la producción del cannabis en la región.

La idea es que la renta que ingresaría a Cannabis Cali se destinaría a dos procesos. Uno es de robustecer con recursos el sistema de salud público de la ciudad con una tasa de aporte por cada venta.

Eso sería similar a como las licoreras departamentales aportan recursos en la salud. También pasarían a programas de apoyo social a personas adictas y farmacodependientes de drogas psicoactivas o psicotrópicas.

La gobernadora del Valle del Cauca, Clara Luz Roldán expresó su apoyo a la idea del primer mandatario de los colombianos.

La mandataria señaló que «18 Estados de EEUU ya legalizaron la marihuana recreativa y mueven 18.000 millones de dólares. El mercado global es de más de 200 millones de consumidores».

El Tiempo | 14-08-2022

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