
Si “Casa Milagro” logra convertir esa esperanza en realidad, no habrá hecho únicamente una política de vivienda; habrá demostrado que los milagros, incluso en economía, empiezan cuando la voluntad política, la disciplina fiscal y el sector constructor caminan en la misma dirección.
El presidente electo Abelardo De la Espriella convirtió “Casa Milagro” en una de las principales banderas de su campaña, prometiendo créditos hipotecarios al 2% a 30 años. Ahora viene lo más difícil. Los números que hereda el nuevo gobierno confirman que el nombre del programa no es una metáfora: es casi una descripción técnica del desafío.
Para que ocurra, debemos reconocer primero cómo están las cosas, siempre pasa así: antes del milagro, hay que mirar de frente la realidad. En apenas seis años, la proporción de hogares colombianos que vive en arriendo o subarriendo pasó del 35,7% al 40,8%. Hoy, más de cuatro de cada diez familias habitan una vivienda que no es suya. La vivienda propia se ubica en apenas un 38,1%, lo que significa que en Colombia hay más arrendatarios que propietarios.
A lo anterior, sumemos que el incremento de las tasas de interés elevó el costo del crédito hipotecario y redujo la capacidad de compra de los hogares de ingresos medios y bajos. La parálisis de Mi Casa Ya lo confirman las cifras de Camacol: con corte a mayo de 2026, las ventas acumuladas de vivienda a 12 meses muestran una contracción del 33,6% frente al mismo periodo de 2022, y las iniciaciones de obra acumulan una reducción del 42,9%. El número de ventas cayó de 261.485 a 173.612 unidades, cerca de 88.000 familias que habrían podido ser propietarias.
“Casa Milagro” combinará subsidios del Estado con créditos de entidades financieras, alivios del Fondo Nacional del Ahorro y las cajas de compensación. La arquitectura es coherente, pero el reto está en la ingeniería financiera que la sostiene: financiar tasas al 2% cuando la tasa del Banco de la República se ubica en el 12% exigirá recursos fiscales cuantiosos para cubrir la diferencia. La situación se complica aún más si se considera que el nuevo gobierno hereda una deuda pública neta que el Gobierno proyecta en 58,9% del PIB para 2026, pero que el Comité Autónomo de la Regla Fiscal estima llegará al 62,9% en 2028, con riesgos de escalar aún más en un escenario adverso.
El Banco de la República concluyó que el deterioro fiscal produce incrementos estadísticamente significativos en las tasas de interés de largo plazo, y que las expectativas negativas sobre el déficit también presionan al alza esos rendimientos. Aunque el panorama luce oscuro, hay señales de que la reactivación sí es posible: el sector constructor está listo para poner su cuota en el milagro.
Si “Casa Milagro” logra convertir esa esperanza en realidad, no habrá hecho únicamente una política de vivienda; habrá demostrado que los milagros, incluso en economía, empiezan cuando la voluntad política, la disciplina fiscal y el sector constructor caminan en la misma dirección.
PD: Yo creo en los milagros.
*Abogado| Desarrollo urbano, empresa y sociedad.
Sergio Arenas
https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/2026/07/18/casa-milagro/