
Casi todos los columnistas repetimos el listado de horrores que deja el gobierno saliente. Nunca una nueva Presidencia ha asumido un desastre comparable; y a medida que pasen los días se descubrirán más desórdenes, chanchullos, desfalcos, peculados, despilfarro, sobornos y demás delitos asociados a la inocultable corrupción de esos cuatro años.
Colombia fue descuadernada. Cerca de 400.000 Km2 fueron entregados a guerrillas, combos, mingas y narcos. Por doquier campea el crimen. Ejército desmantelado. Policía neutralizada. Espacio aéreo en poder de los drones de la subversión…
No debo seguir con ese interminable inventario, porque considero que ha llegado el momento de dejar de escribir sobre el horror que todos de sobra conocemos, para hacer tres reconocimientos:
- Que Petro fue un revolucionario muy exitoso. Se propuso demoler el país y lo logró. Se va frustrado porque el pan se le quemó en la boca electoral del horno.
- Que la tarea descomunal de Abelardo exige un esfuerzo sobrehumano, hasta para un equipo excepcional como el que lo rodea.
- Que recuperar a Colombia para que la Constitución y la Ley retornen a todo el territorio y a las administraciones ejecutiva y judicial, es una tarea que exige el concurso generoso y patriótico de todos los que aborrecemos el gobierno como ejercicio criminal al servicio de la revolución.
Como nunca ha sido más imperativo rodear al heroico y legítimo gobierno venidero, es inconcebible que pasado el susto del 21 de junio y antes del 7 de agosto, ya políticos profesionales —de la componenda, la marrulla y los “consensos”—empiecen a sabotearlo.
Quiero creer que esos tales son unos pocos, destituidos del poder por un electorado que ya los repudió, y que las mayorías del nuevo Congreso actuarán con patriotismo y honestidad…
Del éxito del nuevo gobierno depende el futuro venturoso de Colombia. Su fracaso, en cambio, nos obligaría a repetir, dentro de cuatro años, el caos preparatorio de la revolución comunista.
El 20 de enero de 1961, en su discurso inaugural, el presidente Kennedy dijo: “No pregunten por lo que el país puede hacer por ustedes; pregunten qué pueden hacer ustedes por el país”.
Ha llegado finalmente el momento en el que los políticos colombianos deben dejar de preguntar a Abelardo por los ministerios, embajadas y contratos de siempre, y en cambio ofrecerle toda la necesaria y desinteresada colaboración que requiere para salvar la patria,
Para siempre hay que dejar atrás los juegos clientelistas de los manzanillos profesionales, porque nada hay mas inmoral en este momento que poner palos en la rueda a un gobierno que representa la última oportunidad para Colombia.
18/07/2026 | Por José Alvear Sanín
https://lalinternaazul2.wordpress.com/2026/07/18/clientelismo-y-manzanilla-antes-de-agosto-7/