Colombia, 8 de agosto de 2022.

 

 

Desde la madrugada todos los canales de televisión y emisoras radiales, enlazados por disposición del nuevo gobierno, difunden los nombres de quienes acompañarán a Gustavo Petro en los altos cargos. En lugar de las cuñas comerciales, sólo se escuchan proclamas de Colombia Humana y del Pacto Histórico sobre la revolución social-comunista en Colombia.

Las hordas de partidarios de esta revolución recorren fanatizadas y embriagadas las calles de las principales ciudades dejando caos y desolación a su paso. El transporte público ha sido casi totalmente interrumpido debido a los enormes daños a los vehículos de servicio urbano e intermunicipal.

Una amalgama de jóvenes drogados, sicarios importados de Cuba, Chile y Venezuela, activistas de la extrema izquierda, vándalos de la Primera Línea, milicianos de las guerrillas urbanas y maleantes de todo tipo, se dedican al saqueo y a la destrucción del inmobiliario urbano.

Barricadas se levantan con los despojos de la infraestructura urbana para impedir el paso de vehículos y peatones.

Algunos negocios que abrieron sus puertas al público tuvieron que cerrarlas para protegerse del saqueo y la destrucción.

Quienes pretendían llegar a sus puestos de trabajo no han podido lograrlo y tuvieron que regresar a sus hogares. Largas filas a las puertas de los supermercados esperan que se abran sus puertas para aprovisionarse de lo más elemental para la supervivencia.

Quienes protestaban durante las últimas semanas contra el monumental fraude que cambió en forma aberrante el resultado electoral, han preferido callar ante el peligro que sobre sus vidas y sus libertades se cierne.

Supera la capacidad de las líneas aéreas la demanda de miles de colombianos que esperan cupos para salir del país. Los bancos alcanzan su límite de iliquidez por el incremento de trasferencias y retiro de fondos de sus cuentahabientes.

Como ocurrió primero en Cuba, luego en Venezuela y en otros países de la órbita del neo-comunismo latinoamericano, los medios no cesan de informar sobre las bondades del nuevo régimen y los ríos de leche y miel que correrán por Colombia en los próximos 20 años.

Animados por la propaganda oficial, intrusos penetran propiedades urbanas y rurales para apoderarse de ellas, puesto que “el gobierno les prometió que para ellos serían los bienes de la burguesía”. Quienes se han atrevido a defender sus propiedades son linchados por la turba o encarcelados por guerrilleros que ahora fungen como agentes del nuevo régimen.

Un ambiente de angustia, impotencia y opresión se palpa por doquier. Este pueblo, antes alegre y descomplicado, ahora muestra en su semblante la derrota, el arrepentimiento y la desesperanza.

Colombia, este país al que llamaban “la joya de la corona”, es ahora otro “paraíso socialista”, con toda la miseria, hambre y esclavitud que se está extendiendo por toda Iberoamérica. Requiescat in pace.

Por: Luis Alfonso García Carmona, Presidente de Alianza Reconstrucción Colombia

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