Colombia entra de lleno en la cultura de la muerte: la Corte Constitucional permite el suicidio asistido y la eutanasia

Y entra también así en la pendiente resbaladiza que lleva a aplicarlas al principio solo en casos excepcionales, pero después a las personas más vulnerables por salud, economía, dependencia, etc…

La Eutanasia violenta la tradición milenaria de la deontología médica que rechaza siempre hacer el mal.

La Corte Constitucional de Colombia, a través de un fallo histórico debido a la discusión suscitada en diferentes sectores sociales y políticos, legalizó el Suicidio Médicamente Asistido, publica Infobae.

El alto tribunal ratificó que el hecho de asistir a un paciente que desea morir no se configura como un delito y que, por el contrario, es un proceso amparado por la Constitución en unas condiciones reguladas.

En Colombia, la eutanasia es legal desde 2015 en pacientes terminales. En julio de 2021, también la Corte Constitucional la extendió a pacientes no terminales que tuvieran “intenso sufrimiento físico o mental por lesiones corporales o enfermedades graves e incurables”, publicó El País.

Así, Colombia se convierte en el primer país de Hispanoamérica en legalizar el suicidio asistido y la eutanasia. Y lo ha hecho por medio de la Corte Constitucional. Pero no en el Congreso, cuya Cámara de Representantes rechazó por tercera vez aprobar un proyecto de ley de eutanasia en noviembre de 2021, recogió Hispanidad.

En el mundo, los países que tienen ambos procedimientos -eutanasia y suicidio asistido- reglamentados son Suiza, Canadá, Luxemburgo, España, los estados de Western Australia y Victoria, en Australia y Suiza, así como también Países Bajos y Luxemburgo.

Mientras que los países donde está legalizada la eutanasia son Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Colombia, Australia y, desde el año pasado, también España.

Todos ellos han traspasado la frontera ética de que la vida es sagrada y ni uno mismo y ni mucho menos un tercero puede disponer de ella. Esa frontera ética está en la conciencia de todas las personas del mundo. Y por eso responde a la ley natural respetar la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción a la muerte natural.

En estos países está ocurriendo que se empieza permitiéndola sólo en casos excepcionales y por voluntad propia, pero se termina aplicándola sin restricciones, a cualquier persona e incluso en contra de su voluntad, y de manera especial a los más débiles y vulnerables: enfermos mentales, ancianos, discapacitados sobre todo intelectuales…, que no pueden defenderse ante la decisión de otros -el Estado, un médico, los jueces, los políticos, sus familiares- sobre sus vidas.

Se trata de un plano inclinado o pendiente deslizante muy difícil de parar que provoca que la vida no tenga ningún valor, especialmente la de los más débiles y vulnerables, y que sea a ellos a quienes se termine aplicando al eutanasia sin su consentimiento.

Hay muchos ejemplos de esa pendiente resbaladiza. También en lo que se refiere al aumento de las eutanasias.  Por ejemplo, Holanda batió el récord de eutanasias durante 2021: un total de 7.666 pacientes fueron eutanasiados a petición, un 10% más, que suponen el 4,5% de todas las muertes en el país, recogió Hispanidad.

A pesar de los intentos del gobierno canadiense en justificar la eutanasia como una cuestión de autonomía personal, lo cierto es que no ha disimulado las «ventajas económicas» de esta medida

Más ejemplos de esa pendiente resbaladiza: según publica hoy El Debate, en Canadá, una mujer de 51 años, víctima de una sensibilidad severa a los productos químicos, llevaba años pidiendo sin éxito una vivienda asequible libre de humos y limpiadores industriales. Tras su enésimo fracaso, esta persona acabó pidiendo la eutanasia, algo que el gobierno aceptó sin titubear.

También en Canadá, otra mujer de 31 años y con una patología parecida, acaba de obtener la aprobación final para recibir la eutanasia después de no encontrar una vivienda adaptada a sus necesidades. Denise, nombre ficticio, sufre una lesión en la médula espinal desde hace seis además de otras enfermedades crónicas que la obligan a usar una silla de ruedas, cuenta El Debate. Tras seis meses pidiendo una vivienda, esta residente de Toronto ha acabado por pedir la eutanasia.

Estos casos han puesto de manifiesto las facilidades que el gobierno canadiense da a las personas que quieren acabar con su vida por el solo hecho de no encontrar salida a su situación. Un informe elaborado por expertos canadienses ya advirtió que, si no se modificaba la ley que regula el suicidio asistido, los pacientes más vulnerables corrían el peligro de ver acortados sus días.

A pesar de los intentos del gobierno canadiense en justificar la eutanasia como una cuestión de autonomía personal, lo cierto es que no ha disimulado las «ventajas económicas» de esta medida. De hecho, confirmó en un informe oficial la reducción que había supuesto la ley de la eutanasia de los costes médicos de pacientes, añade este medio.

Lo dicho: pendiente resbaladiza e inhumana…

Hispanidad, 12/05/2022

Nota.- Los subrayados al texto son nuestros.

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