Cuba y Rusia pactan para llevar la manipulación comunista a los cines

Está prevista la proyección en los cines de Cuba de El campeón del mundo, de Alexey Sidorov, una de las películas más politizadas centrada en rivalidad entre dos de los más polémicos ajedrecistas de todos los tiempos: el disidente ruso Víctor Korchnoi y su eterno rival, el campeón del mundo Anatoli Kárpov, icono soviético durante la Guerra Fría y miembro del Partido Comunista.

Estas películas resaltan la “superioridad tecnológica” de Rusia desde los inicios de su “carrera espacial” durante la época de la Unión Soviética. (PanAm Post)

Un preocupante número de películas con fuerte contenido ideológico y propagandístico a favor de Rusia despliega el gobierno de Valdimir Putin en La Habana. Un nuevo pacto de cooperación estratégica con el régimen de Cuba permitirá proyectar las últimas creaciones de Moscú para impulsar la manipulación comunista.

La alianza entre la Embajada rusa en la isla y la administración de Miguel Díaz-Canel ha facilitado la llegada de producciones audiovisuales de la empresa estatal Roskino a las salas de cine de Cuba. Estas producciones incluyen melodramas, comedias familiares, cuentos de hadas y dramas históricos-militares.

Con el objetivo de promover estas películas, se ofrecen entradas gratuitas y se espera presentar varios títulos hasta el próximo 7 de abril. Estas películas resaltan la “superioridad tecnológica” de Rusia desde los inicios de su “carrera espacial” durante la época de la Unión Soviética.

También está prevista la proyección en los cines de Cuba de El campeón del mundo, de Alexey Sidorov, una de las películas más politizadas centrada en rivalidad entre dos de los más polémicos ajedrecistas de todos los tiempos: el disidente ruso Víctor Korchnoi y su eterno rival, el campeón del mundo Anatoli Kárpov, icono soviético durante la Guerra Fría y miembro del Partido Comunista.

Precariedad detrás de la pantalla

Rusia busca promover sus películas comunistas en Cuba, pero se enfrenta a dificultades debido al estado precario de las salas de cine en la isla.

En su apogeo, La Habana contaba con 138 salas cinematográficas, lo que la convertía en la segunda capital del continente americano con más cines en 1955, solo después de Buenos Aires. También ocupaba el cuarto lugar en términos de cantidad de habitantes por sala, después de Ciudad de México, Buenos Aires y Washington. Sin embargo, en la actualidad, solo tres salas operan de manera escasa: Acapulco 22, 23 y el Yara. Ocasionalmente, abren La Rampa y Charles Chaplin.

La periodista Yania Suárez lamentó en su columna del Diario de Cuba que “los cines de La Habana son hoy dinosaurios que nadie admira”. La precaria situación de las salas de cine en la isla dificulta los esfuerzos de Rusia para encontrar audiencia para sus películas comunistas.

En sólo recuerdos quedó el cine Moderno. Ni su nombre le hace justicia. De su edificación ubicada en la Calzada de Diez de Octubre y Luyanó, y a pocos metros de la Esquina de Toyo, sólo hay ruinas. Nada queda  de este cine de estilo art déco inaugurado en la década del 30 con una de las salas oscuras más llamativas de La Habana con capacidad para 1.180 personas.  En las mismas condiciones están el cine Fénix, el Luyanó, el Atlas, el Norma, Apolo y el reconocido San Francisco, de cuyas 1700 butacas no queda nada.

Maratón con control

Los asistentes al maratón ruso en los cines de Cuba lo viven. “A pesar de la propaganda y los efectos especiales de El campeón del mundo o El desafío, la precariedad de las instalaciones del Yara –supuestamente reparadas hace poco– traen al espectador cubano de vuelta a la vida real. Lo saben bien quienes, huyendo de las escenas de la operación a pecho abierto de un cosmonauta, intentaron ir al baño del cine”, tal como reseña 14yMedio.

“Lo desconectaron todo porque el agua se botaba”, explicó un custodio apostado cerca de los lavabos al medio independiente. “Frustrados, los espectadores salían del Yara convencidos de que –con Rusia o sin ella– el verdadero desafío es vivir en Cuba”.

Rusia mide el impacto de sus películas en Cuba. Cada espectador recibe un formulario con un “cuestionario de satisfacción sobre el cine ruso” donde se consulta: “¿Le gustó el evento? ¿Cómo valora la organización? ¿Qué película vio? ¿Cómo se enteró? ¿Qué tan probable es que asista de nuevo el año que viene?”.

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