De la perplejidad centrista a la voluntad reformadora

Aunque pretendamos cerrar la vista ante la realidad, no podemos dejar de reconocer la agresiva estrategia de la izquierda en su afán de convertir a Colombia en otro “paraíso” comunista en América Latina, como Venezuela, Cuba o Nicaragua.

Apelaron sus líderes al terrorismo, financiado inicialmente por las potencias comunistas y, más tarde, con los negocios ilícitos más productivos de la tierra: el narcotráfico, el secuestro, la extorsión y la minería ilegal. No lograron en 5 décadas obtener ni siquiera un mínimo apoyo popular que legitimara su cadena interminable de crímenes de lesa humanidad.

Fue indudablemente el programa de Seguridad Democrática, liderado por Álvaro Uribe Vélez, un cortafuego eficaz contra la toma del poder por la narco-guerrilla de las FARC.

Accedió al poder, con la promesa de dar continuidad a esa salvadora fórmula Juan Manuel Santos pero, a renglón seguido, optó por revivir los restos del derrotado movimiento subversivo con un simulacro de acuerdo de paz, que contó con el entusiasta apoyo de la extrema izquierda, la perplejidad de los partidos demo-liberales denominados de “centro” y la ingenuidad de muchos colombianos hechizados con la engañosa publicidad oficial que supo manipular el espejismo de la paz.

No obstante, se impuso en el plebiscito de octubre del 2016 la voluntad de un pueblo ajeno a las veleidades marxistas, que no entendió cómo se iba a premiar a los más crueles delincuentes de nuestra historia con impunidad por sus crímenes, subsidios para hacer política, curules en el Congreso, co-gestión en la administración del Estado y un tribunal diseñado a su medida para juzgarlos.

Fue un momento crucial en nuestro devenir histórico, pues la voluntad del pueblo fue desconocida por una corrupta coalición instaurada en el poder, con el beneplácito de una prevaricadora Corte Constitucional que avaló el zarpazo contra la Democracia.

Afloraron allí todas las falencias que acarrea una política de ”centro”, preparada para ganar elecciones mas no para sustentar erguidas posiciones que aglutinen al pueblo en la defensa de principios como la Democracia y el Estado de Derecho. Con razón se ha dicho que el “centrismo” es la consagración del oportunismo político pero impide escoger entre auténticas alternativas. Estas no eran otras que apoyar la aniquilación de la Democracia (que era lo que pretendía la extrema izquierda con la mediación de Santos y su corte de bolsillo) u oponerse con vigor a la firma de un acuerdo que adolecía de inexistencia por haber sido rechazado en las urnas y solicitar la renuncia del Presidente que lo había propuesto (que debió ser la alternativa de quienes se oponían a la guerrilla comunista).

Triunfó la indecisión. Se firmó el infame pacto y se divulgó a los cuatro vientos con bombos y platillos. La izquierda arreció sus ataques contra los que se atreviesen a contradecir el ominoso acuerdo, mientras el “centrismo” adoptó una política reactiva, sin una respuesta contundente desde la óptica ideológica o histórica. En medio de tan desigual confrontación se eligió como Presidente a Iván Duque, candidato de la coalición liderada por el Centro Democrático.

Continuó el marxismo-leninismo con su estrategia, siguiendo los lineamientos de Gramsci, desde la posesión misma de Duque hasta la aparición del bichito del coronavirus. Protestas callejeras acompañadas de intimidación y violencia contra la población. Expansión desmesurada de la siembra de cocaína para seguir financiando la insurrección. Oposición al Gobierno con la alianza de otros políticos de “centro”, dominados por su animadversión contra el ex presidente Uribe. Desprestigio del gobierno alimentado por unos medios y unas redes sociales que manipula a sus anchas el “marxismo cultural”. Sistemática estigmatización de los contradictores del fatal acuerdo, con el dañado y punible ayuntamiento de la administración de Justicia.

Lógico es que en semejante coyuntura se alcen las voces de colombianos con ideas y programas concretos para proponer al país, diferentes a los del trasnochado populismo “mamerto”. Tenemos una doctrina basada en la libertad individual y el Estado de Derecho; en el imperio de la Ley y el respeto por la autoridad; en la restitución de la Democracia y la separación de poderes; en el reconocimiento de la propiedad privada y la libre empresa; en la cultura de la vida y la protección de la familia tradicional; en la tolerancia cero con el terrorismo, el narcotráfico y la impunidad; en la defensa de los más débiles, entre los que se encuentran los nonatos, las madres solteras, los desplazados, las víctimas de las FARC, los jóvenes sin empleo.

El país requiere una profunda reconstrucción nacional para que el poder sea un instrumento al servicio de Colombia, no de los terroristas, los narcos, los vándalos y los populistas de extrema izquierda que los apoyan. Por eso tenemos que adoptar posiciones definidas, no continuar en la búsqueda de pequeñas ventajas electorales sin contenido doctrinario. Hagamos nuestro el mandato bíblico:” Pero porque eres tibio, y no frío ni caliente, te voy a vomitar de mi boca” (Apocalipsis, 3,16).

Por Luis Alfonso García Carmona – Director ARCO – 2/03/2020
[email protected]

WhatsApp
Facebook
Twitter
Telegram
Email

Artículos Relacionados

“En sus corazones y en sus mentes jamás ha estado la verdadera intención de reparar”: víctima a exjefes de las Farc

“En sus corazones y en sus mentes jamás ha estado la verdadera intención de reparar a las víctimas (…) Ustedes no pueden pasar de agache, ustedes deben, tienen la obligación con el país y con el mundo entero de reparar a las víctimas porque sus crímenes no son menores de los que sucedieron en el holocausto nazi”, expresó.

Leer más »

Aplicar un antídoto

Estaba cantado que el otrora glorioso Partido Liberal se entregaría. César Gaviria, cual casquivana bloqueando competencia, corrió a adelantarse, pues con sus senadores y los Verdes, indígenas y farianos…

Leer más »

Colombia: A despertar tocan

Los resultados de la elección presidencial del 19 de junio, fueron una sorpresa para los colombianos. Los mismos petristas deseaban un triunfo

Leer más »

Ante la victoria petro-comunista en Colombia, ¿cesar la lucha o resistir?

Cesar la lucha, no podemos. Es por imperativo de nuestra conciencia patriótica y cristiana que no podemos. Nuestra conciencia nos impone que difundamos y defendamos los principios judeo-cristianos que inspiran nuestra idiosincrasia y nuestra historia, y que combatamos -por las vías legales y pacíficas, claro está- ese colectivismo marxista, violento o no, tantas veces condenado por las encíclicas pontificias.

Leer más »

Deja una respuesta