
En un proceso electoral caracterizado por el heroísmo y el sentido patriótico de las mayorías, se produjo el milagroso resultado de la derrota de las propuestas de la extrema izquierda, materialista, corrupta y violenta, y la salvación del país cuando se veía inminente la desaparición de la democracia y de nuestras libertades.
Coherente con el mandato popular y con sus compromisos de campaña, ha iniciado el presidente electo, Abelardo de la Espriella, un riguroso programa de empalme con el régimen actual, orientado a determinar con precisión la magnitud de los daños causaos por el torpe y sesgado manejo de la cosa pública en este horripilante cuatrienio y a definir las reformas que habrán de implementarse en la gestión gubernamental.
Simultáneamente, ha advertido el presidente de los colombianos a los grupos ilegales que deberán empezar a organizar su sometimiento a la Justicia, obligación que deberán cumplir en el plazo de un mes.
Asimismo, ha constituido un grupo especial anticorrupción que se encargará de investigar todos los fraudes y derroches cometidos por la administración petrista, con instrucción de ponerlos en conocimiento de los tribunales para que sean investigados y juzgados conforme al Estado de Derecho.
Mientras el país celebra con júbilo el comienzo de la Patria Milagro, se dedican los derrotados a crear infundios, amenazar con estrafalarias acciones fuera de la ley y buscar excusas para continuar su inveterada costumbre de demoler las instituciones, fabricar el caos, fomentar el odio y victimizarse, en un vano intento por obstaculizar los procesos penales y acciones disciplinarias que seguramente surgirán al destapar la olla de la corrupción.
El cinismo de los “malos perdedores” los ha llevado en erigirse en defensores de la democracia y la ética, después de cuatro años de infringir toda norma, toda providencia que se enfrentara a sus insensatos proyectos. Cuando abrigábamos la esperanza de descansar de esa incansable verborrea plagada de injurias, llamados a la violencia y falacias nacidas de febriles mentes alucinadas por la derrota, quieren someternos a cuatro años de tortura mental, alimentada por las redes sociales hy los medios ávidos de despertar nuevos enfrentamientos.
¿Cómo debemos reaccionar ante esta forma de violencia psicológica que afecta nuestra salud mental?
Pongamos en práctica las sabias enseñanzas del estoicismo, una sencilla filosofía nacida hace dos milenios que, después de alcanzar su apogeo en la antigüedad, resucitó en el Renacimiento y es, ahora, después del siglo XX, una de las bases de la psicología para el tratamiento de la salud mental mediante las terapias cognitivas conductuales. Se basa, fundamentalmente, en que aunque no tengamos control sobre lo que dicen o hacen los demás, sí podemos controlar nuestros sentimientos, nuestras reacciones, No podemos cambiar al cínico, pero sí podemos dejar de escucharlo o de leerlo, ignorar sus estupideces, priorizar nuestra atención en tareas o pensamientos más productivos.
Si nos informamos un poco sobre estas enseñanzas de vida, podremos afrontar con mayor facilidad las falacias de los cínicos. Recomiendo ver en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=ec6Ou_5_xOo
Convirtámonos en activistas de estas sanas costumbres entre nuestros compatriotas. Construyamos una campana de silencio a los malintencionados comentarios que buscan amplificar el odio entre los colombianos y mantener la polarización que impida trabajar en unidad por nuestro futuro.
Difundamos los logros, los avances que entre todos vayamos edificando para que hagamos realidad la Patria Milagro.
Dejemos solos a los cínicos rumiando su propia frustración y unámonos a los millones de compatriotas que ahora quieren disfrutar de un merecido descanso después de que cesó la horrible noche.
Por: Luis Alfonso García Carmona