Divergencias en las filas del extremismo post fariano

El falso senador Israel Zúñiga Iriarte, alias Benkos Biohó, o Biojó, protestó por  haber sido “excluido” de la dirección del partido comunista Comunes.

Biojó acusa a su jefe Timochenko de convertir esa organización en una estructura “nepótica, demagógica y excluyente”. El  ex terrorista afirma, sin dar más detalles, que el reciente “IX Pleno del Dirección Nacional” de las FARC decidió lanzar una “purga de pensamiento” y que él es víctima de eso y hasta de “racismo”. Biojó deberá dejar de ocupar, el año entrante, una curul en el Congreso de la República, obtenida sin votos, en vista de las divergencias que él expresó sobre la orientación de esa nueva formación política. Dice que alias Victoria Sandino, perderá también su curul.

Según el portal web Kienyke, Biojó alega que Comunes nunca lo consideró “como un sujeto importante” de esa “colectividad”. Afirma que en el congreso que le cambió el nombre a las FARC, él fue “nominado para senador en la lista de los 10 que integrarían las curules del Congreso de la República” y que después el Consejo Político Nacional fariano, designó a alias Victoria Sandino, como senadora, “en cumplimiento de la normativa vigente en relación con la inclusión de género”. Biojó dice que no entiende por qué “de los 8 congresistas hombres que representarían al partido, excluyeron al único hombre negro que estaba nominado”.

Otro que se siente vetado es el senador Juan Luis Castro. En un agrio mensaje, el hijo de la exsenadora Piedad Córdoba criticó a quienes lo habrían excluido hace unos años y ahora están en una aparente línea unitaria para armar  un frente electoral. El teme que los petristas sigan la consigna de evitarlo en razón de la mala imagen que dejó de Piedad Córdoba. “Quiero recordarle a Petro, Claudia López, Roy, Benedetti, Velasco, Cristo, a todos, que hablar de paz en el proceso que impulsó Santos fue relativamente fácil, pero les pregunto, ¿quién fue la única que habló de paz, la única que habló duro, en los dos gobiernos de Uribe?”.

El médico antioqueño no entiende por qué las figuras de extrema izquierda temen salir en la misma foto con él. El senador insinúa que la gente de “Colombia Humana” son unos sórdidos sectarios  que excluyen a ciertos “sectores progresistas” creyendo que eso les permitirá ganar algunos votos.  Finalmente,  les recuerda que su campaña de 2018 fue muy difícil “por cuenta de las exclusiones”  contra él.

El fondo del asunto es que Juan Luis Castro, si bien milita en la Alianza Verde, es como su madre, un simpatizante irrestricto del partido de Timochenko. Según Kienyke, el hijo de Piedad Córdoba habría señalado: “Me llama muchísimo la atención que la Colombia Humana no se pronunció sobre la aceptación del partido FARC en su pacto histórico”.  Su mensaje es claro: los grupos que quieren entrar en el llamado Pacto Histórico no llegarán a nada sin  la presencia activa del partido Comunes. Pero las marrullas, a veces violentas, bien probadas y aceitadas durante años por el PCC-Farc para mangonear y dirigir las coaliciones electorales que suelen hacer  con otras formaciones  inspira desconfianza en las huestes del senador Gustavo Petro.

Las rivalidades intestinas afectan también a otras familias de la extrema izquierda castro-comunista. Por ejemplo, Gustavo Bolívar, senador y escudero de Gustavo Petro, jefe de la “coalición Decentes”, está en plena guerra contra la representante a la Cámara María José Pizarro, de la misma corriente. La hija del fallecido jefe del M-19 Carlos Pizarro, es criticada por haber dicho que, en 21 días, su “viaje de campaña” para la elección presidencial de 2022, ya había recorrido 4 mil kilómetros por Colombia.  Pizarro estima que en su correría ella está “tejiendo el cambio que le dará un nuevo momento a nuestro país”. Ella pretende que recorre el país para hacer un “pacto histórico en las regiones y con nuestra gente”.

Que va, le respondió el celoso Gustavo Bolívar quien sacó del bolsillo viejos resquemores y le lanzó este bello poema: (la ortografía, puntuación y estilo es del senador Bolívar): “Ma José, cuando dije que era un robo cobrar 3 meses de sueldo (100 millones) sin ir al Congreso, varios congresistas entre ellas Sandra Ortíz del Verde y ud protestaron porq ‘nunca descansan’. ‘hacer campaña con sueldo y carros del estado no es un trabajo. ¡Es ventajoso! Mal”.

El alegato del caudillo del partido “decente”, que guarda en Florida los millones que le deparan sus horribles narco-novelas, no cayó bien entre lo amigos de María José Pizarro. Tres activistas de izquierda, de menos recursos, le cayeron encima al senador: Inti Asprilla, de Alianza Verde, definió la actitud de Bolívar como un acto de “canibalismo político de izquierda 2021”. “A este paso María José Pizarro y todos nosotros vamos a tener que pedirle perdón a Gustavo Bolívar por no ser como él”, concluyó.

Heidy Sánchez, concejal de la Unión Patriótica, estimó por su parte que Gustavo Bolívar es un privilegiado ricachón con planteamientos “vacíos y simples” que debería proponer que el Congreso “sesione después de la 5 de la tarde, o solo los fines de semana” para que personas como ella y María Pizarro puedan “tener un trabajo remunerado aparte”. 

El representante verde León Fredy Muñoz  insistió en la diferencia que hay entre ellos y el mamerto que critica al “imperio yanqui” pero dispone en Miami de un caserón, un yate y un grueso portafolio de acciones. Muñoz explicó que la política ellos la hacen en la calle y “con altos riesgos de seguridad” y que en los recorridos por el país  asumen “los gastos personales y del equipo”.

Furioso, el legislador “no dio su brazo a torcer”, según Kienyke, y en un trino juró que “no [le] interesaría perder hasta el último amigo y quedar [se] solo en la vida pero [que] la política sin ética no [le] interesa”.

Lo de que él aborrece la “política sin ética” hizo reír a mucha gente. Gustavo Bolívar perdió la mitad de sus admiradores cuando defendió el hecho de que Gustavo Petro recibiera clandestinamente gordos paquetes de dinero de origen desconocido hasta hoy. Gustavo Bolívar nunca criticó lo que muestra el video que alguien le hizo al senador castro-chavista. Por el contrario, él justificó ese lavado de dinero: dijo que era “normal contratar comisionistas para conseguir plata para las campañas” electorales.

Esas divergencias y querellas en el mundillo de la actual extrema izquierda colombiana son el resultado de un fenómeno político más amplio: la crisis de los pactos Santos/FARC y del partido Comunes que sale de las negociaciones de La Habana.  

La ruptura más fuerte es sin duda la que experimentan las FARC. Una parte de éstas, dirigida por alias Gentil Duarte, no acepta el pacto Santos/Farc y sigue en armas. El otro sector, dirigido por Rodrigo Londoño, alias Timochenko, se desmoviliza. Esta formación sufre a su vez los rigores de la adicional división de las FARC de agosto de 2019, impulsada por Iván Márquez y Jesús Santrich. Ese campo queda, pues, integrado por el partido FARC, por un lado, y por el otro por la banda de Iván Márquez, Nueva Marquetalia, o Narcotalia, como la llama la prensa.  Y por un tercer componente: las FARC de Gentil Duarte (alias de Miguel Botache Santillana), llamadas por algunos “disidencias”, que han eliminado a tiros decenas de cuadros del sector desmovilizado.

A su vez, el partido de Timochenko fue roto de nuevo y toma ahora la forma de dos fracciones públicas. La primera, incluye a Timochenko y a gente como Carlos Antonio Lozada, Sandra Ramírez (alias de Griselda Lobo Ramírez), Pastor Alape, Pablo Catatumbo, entre otros. La otra es la de Biojó donde militan Victoria Sandino (alias de Judith Simancas Herrera),  Fabián Ramírez, Andrés París, Pablo Atrato (hermano de Biohó), Benedicto González, expulsados por “divisionistas” en junio de 2020. Esta segunda fracción –dicen fuentes de la revista Semana–, estaría bajo la influencia de Iván Márquez quien está interesado en desbaratar el partido Comunes.  La dirección central de Narcotalia se refugia en Venezuela y ha amenazado de muerte al presidente de Colombia, Iván Duque. El Estado colombiano acaba de crear un comando especial de 7000 hombres para suprimir esa amenaza y la que representa la red de Duarte.  

Es una ruptura violenta, donde la disputa ya no es únicamente por la conformación de listas de congresistas para 2022, sino donde hay delaciones potencialmente explosivas. Unos lanzan acusaciones de “traición al proceso revolucionario” y otros responden con alusiones a una supuesta  colaboración del adversario con el Ejército colombiano y la CIA en la eliminación en septiembre de 2010 de Jorge Suarez Briceño, alias Mono Jojoy, el jefe militar de las FARC.  

Para hacer más intrincada la cosa, otro miembro del grupo de Timochenko, Albeiro Córdoba, alias de Élmer Caviedes, es acusado por el grupo de Biojó de ser un agente de Iván Márquez. Caviedes desapareció unos meses pero la JEP dijo que no cree que esa persona esté  con los de Narcotalia. En consecuencia, “Caviedes fue nombrado en el ejecutivo del partido, pero el sector expulsado insiste en que hay un manto de duda sobre sus actuaciones”, resume Semana.

Es de anotar que en esas rupturas sucesivas aparentemente nadie es expulsado por sus acciones criminales del pasado, sino por haber cometido faltas “disciplinarias”, es decir por criticar la línea del jefe Timochenko, lo que es típico de las organizaciones estalinistas, y por roces internos menos visibles y que ellos presentan como “violaciones a los estatutos del partido” .

En todo caso, ese caos no es originado por la impreparación política de tales actores, ni por ser “primíparos en democracia”, como escribe un analista de Semana. Esos protagonistas son ex guerrilleros curtidos y hábiles maniobreros políticos que conocen bien su oficio. Expuestos al masivo rechazo de la población, a la crítica de los partidos y grupos de centro-derecha colombiana, pero también a las contrarias presiones  y motivaciones  de futuro incierto, en el plano nacional e internacional (léase coerciones de las dictaduras cubana y venezolana e incitaciones de grupos radicalizados de Estados Unidos y Europa occidental) esos actores buscan reacomodos  empíricos a corto plazo.

El factor último, pero no el menos importante, es la dispersión ideológica que sufren esos sectores. Si bien ellos difieren en cuanto a los medios utilizables para alcanzar su objetivo máximo, la toma del poder y la revolución socialo-comunista, esos grupos siguen todos bajo la férula ideológica del marxismo leninismo. Y ésta les exige reconstruir la unidad para poder destruir el sistema democrático. ¿Quién ganará? ¿La fuerza centrífuga actual que los dispersa, o la fuerza centrípeta que exige La Habana? Del resultado de esa puja dependerá a corto plazo la paz y la prosperidad en Colombia o la continuidad de las atrocidades indescriptibles.

Por Eduardo Mackenzie, Colombian News, 11 de marzo de 2021

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