El 20 de julio al estilo de la izquierda.

¿Por qué será que todo lo que la izquierda toca lo corrompe o lo destruye? Todavía recuerdo cuando de niño la celebración del Día de la Independencia nos llenaba de ilusión, izando el pabellón tricolor en nuestro hogar o asistiendo con nuestros padres a los vistosos y marciales desfiles de nuestros soldados.

Este año, en cambio, gracias a la toma de las ciudades por una chusma violenta y asesina que se hace llamar “comité del paro “ o “la primera línea”, esa patriótica  fecha se ha convertido en una amenaza para la paz pública, una oportunidad para seguir destruyendo nuestras ciudades, un nuevo motivo de zozobra para las gentes buenas de este país.

¿Hasta cuándo, Señor Presidente, va a permitir que estas hordas de salvajes continúen propagando con sus aglomeraciones la letal pandemia del Covid?

¿Por qué quienes no protestamos ni practicamos la violencia no somos escuchados por un gobierno que elegimos con nuestros votos?

¿Cuándo vamos a iniciar un verdadero proceso de reforma a fondo de la Justicia para poner punto final a la “dictadura de los Jueces” que siempre están a favor de los sediciosos y los violentos? ¿No premiaron a la asesina de un policía que fue secuestrado, torturado  antes de ser asesinado, con la casa por cárcel?

¿Por qué se permite que los vándalos cometan toda clase de delitos a plena luz del día y en presencia de una policía inerme, en lugar de ejercer rigurosamente la autoridad para defender la vida, el patrimonio y los derechos de la ciudadanía?

No entendemos cómo es posible que unos cuantos grupitos de  desadaptados, situados en lugares estratégicos, paralicen toda una urbe como Bogotá, lo cual podría evitarse simple y llanamente previniendo los bloqueos a través de la autoridad.

Tampoco se entiende que mediante decreto presidencial se prohíba la utilización de armas a los agentes de policía encargados de enfrentar a bandas de facinerosos armados con bombas incendiarias.

Ni se nos ocurre por qué la alcaldesa de Bogotá presta un lote del Distrito para que allí se entrene en la utilización de machetes a los criminales de la “primera línea”.

O que todas las autoridades, nacionales y locales, se sienten a gobernar con estos terroristas urbanos.

Ya perdimos los colombianos la esperanza de que este gobierno garantice nuestra seguridad y nuestros derechos.

Se olvidó el Primer Mandatario de hacer respetar la soberanía nacional, maltratada por los organismos proclives al marxismo de la ONU y la OEA o por la dictadura comunista de Cuba.

Se nos arrebataron tanto la Democracia como el Estado de Derecho, mediante el monumental robo del plebiscito y ya ni los pre-candidatos en trance de Presidencia lo reclaman.

Por ello, ya no hay mucho que celebrar el 20 de julio. Es una jornada para avergonzarse, no para cantar de júbilo.

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