Por muchos años Colombia ha hablado del potencial del agro. Ya lo reconocimos, lo repetimos en foros y planes de gobierno. El reto ahora es convertirlo en una estrategia de crecimiento nacional, con metas concretas y sostenidas en el tiempo.
Pocas actividades generan al mismo tiempo desarrollo económico, empleo, exportaciones, seguridad alimentaria y sostenibilidad. El agro lo hace: en 2025, las exportaciones agropecuarias colombianas llegaron a un récord histórico de US$15.317 millones, 33,5% más que el año anterior, según UPRA. Pero ese mismo dinamismo puede ser frágil: en 2026 el sector enfrenta una contracción proyectada de 2,6%, según Corficolombiana, por la caída del café y un fuerte fenómeno de El Niño. Esa volatilidad muestra que hace falta cambiar la conversación.
Hemos mirado al campo desde sus problemas: infraestructura insuficiente, dificultades de financiamiento, fragmentación productiva, brecha tecnológica. Son desafíos reales. ¿Pero sabemos lo que el agro puede llegar a ser? Uno de los motores más poderosos de competitividad para el país.
La pregunta es cómo producir más valor, no solo más tierra. Hoy existen tecnologías y soluciones basadas en ciencia que permiten a los productores tomar mejores decisiones, adaptarse al clima y usar los recursos con más eficiencia. El reto es acelerar el acceso a estas capacidades para miles de agricultores, muchos de ellos pequeños productores, que sostienen buena parte de la producción nacional.
Al mismo tiempo, hay un debate que debemos convertir en acción: productividad contra sostenibilidad. La agricultura del futuro tendrá que ser ambas cosas a la vez, usando mejor el agua, cuidando los suelos y haciendo más resistentes los sistemas productivos frente al clima. La evidencia muestra que los modelos agrícolas más sostenibles generan beneficios económicos y fortalecen la competitividad de las cadenas agroalimentarias.
La conversación sobre el agro no puede quedarse en la próxima cosecha; tiene que mirar a la próxima generación. Necesitamos un campo donde los jóvenes vean oportunidades de emprendimiento, donde la tecnología llegue a territorios rezagados y donde público, privado y comunidades escalen soluciones que ya funcionan.
Esta transformación no depende solo de los agricultores. Requiere inversión, ciencia, infraestructura y una visión compartida de largo plazo. Fortalecer al campo es una apuesta por la competitividad del país.
Las naciones que lideren la economía alimentaria del siglo XXI probablemente no serán las que tengan más tierra, sino las que integren mejor conocimiento, tecnología, sostenibilidad y talento humano. Colombia tiene las condiciones para estar entre ellas.
El foco ya no es qué puede hacer el agro por el país, ya lo sabemos. Preguntémonos qué país queremos construir a partir de su agro. El mundo va a necesitar producir más alimentos con menos recursos, y ahí el campo colombiano tiene una oportunidad que va mucho más allá de lo productivo: tiene una oportunidad de país.
Catalina Gómez
Regional Business Manager de Bayer Crop Science para Colombia y Ecuador.
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