El Gran Terror

La extrema izquierda entiende el ejercicio del poder como un procedimiento para ajustar cuentas, para purgar a la sociedad, para extinguir a quienes se desmarquen del modelo intervencionista y conculcador de las libertades humanas.

En el siglo XIX, uno de los anarquistas más cercanos a Marx, Mijaíl Bakunin publicó el ‘catecismo revolucionario’, texto que describe de pies a cabeza la personalidad y el talante de los socialistas.

El documento, que tiene más de 150 años, parece una radiografía de Gustavo Petro. En palabras de Bakunin, “el revolucionario es un hombre condenado, sin intereses ni sentimientos personales… Solo tiene una idea: la revolución; ha roto con todas las leyes y códigos morales del mundo civilizado. Si vive en ese mundo y pretende formar parte de él, solo lo hace con el propósito de destruirlo más fácilmente; debe odiar por igual todo lo que lo constituya. Debe ser frío: tiene que estar dispuesto a morir, tiene que aprender a soportar la tortura y tiene que ser capaz de ahogar todos sus sentimientos, incluso el del honor, en cuanto interfieran con su objetivo…”.

Y respecto de la suerte de quienes se atraviesen en los planes de los revolucionarios, el ‘catecismo’ indica: “En cuanto a la sociedad establecida, el revolucionario debe clasificar los miembros de esta en función no de su infamia personal, sino del daño que puedan hacer a la causa revolucionaria. Los más peligrosos deben ser inmediatamente eliminados; existen, sin embargo, otras personas que, si se les deja en libertad durante un tiempo, beneficiarán los intereses de la revolución perpetrando actos brutales que indignarán al pueblo; o que pueden ser utilizadas en bien de la causa por medio del chantaje y de la intimidación…”.

Algunas voces ingenuas alegan que se exagera cuando se señala que Gustavo Petro es un extremista irrespetuoso de la democracia. Hay quienes indican que un gobierno suyo se limitará a luchar por cerrar un poco la brecha social que existe en Colombia a la vez que implementará políticas medioambientales vanguardistas.

Ojalá así fuera, y que los temores de millones de colombianos sean cosa infundada. Desafortunadamente, la fuerza de las evidencias deja sin piso el sentir de aquellos que se resisten a reconocer la amenaza que se cierne sobre Colombia.

No es aislado que el cuestionado abogado del petrismo, el oscuro Miguel Ángel del Río -ese mismo que confesó haber infiltrado ilegalmente a la campaña de ‘Fico’ Gutiérrez- haya notificado al país con que una vez “se recupere en las urnas el poder que nos pertenece y se asuma el control democrático de las instituciones, vamos a ir detrás de las fieras que tanto horror siembran para llevarlos ante la justicia. Se esconderán en las cuevas o en el exilio”.

No es un chiste, ni un mensaje que admita interpretaciones. Se le abona al sañudo del Río la sinceridad, sobre todo cuando emana de un individuo que en sus juergas ha anunciado que Petro le ha prometido su inclusión en la terna de la que saldrá el próximo fiscal general de la nación.

El monumental ‘Libro Negro del Comunismo’ -obra imprescindible- narra que en los días previos a que el régimen soviético desatara el gran terror, el periódico ‘Pravda’ publicó una nota cuyo sentido es escalofriantemente parecido a la sentencia del abogado petrista: “Trabajadores, ha llegado la hora de aniquilar a la burguesía, de lo contrario seréis aniquilado por ella. Las ciudades deben ser implacablemente limpiadas de toda putrefacción burguesa. Todos estos señores serán fichados y aquellos que representen un peligro para la causa revolucionaria exterminados”.

‘Pravda’ hablaba de burgueses y de aniquilamientos; del Río se refiere a ‘fieras’ y a ‘exilios’. Pero el propósito es el mismo: perseguir y acabar con los que no estén alineados con el régimen.

La sociedad colombiana está preavisada. El gobierno de Petro implementará un gran terror contra los opositores, quienes se verán enfrentados a 3 únicos caminos: el que conduce a la cárcel, el que lleva al cementerio o, en el mejor de los casos, el que apunta hacia el destierro.

El Socialismo ha sido, es y seguirá siendo sinónimo de persecución. En la era de Stalin, se estableció una categorización para definir a los enemigos del régimen. Fueron etiquetados como sujetos “socialmente extraños a la nueva sociedad socialista”. Quienes fueron incluidos en ese grupo resultaron sacados de la sociedad. En ‘El Libro Negro del Comunismo’ se narra con detalles la tragedia que padecieron millones de ciudadanos que “fueron, por distintas razones, situados al margen de la sociedad, privados de sus derechos cívicos, expulsados de su trabajo y de su vivienda, preteridos en la escala social o deportados”.

Ninguna persona u oficio estará a salvo de la rabia socialista. Los periodistas también están advertidos. Un entusiasta abogado militante de la llamada ‘Colombia Humana’ viene advirtiendo que “el 29 de mayo ganaremos con Gustavo Petro y Francia Márquez, y derrotaremos al Uribismo, después vamos por los periodistas basura y silenciar los micrófonos de estos hptas, Julito, Néstor Morales, Vicky Dávila, Andrea Nieto, Luis Carlos Vélez, Salud Hernández, Paola Ochoa”.

La amenaza, que está siendo investigada por la fiscalía, es inequívoca y no es la primera vez que desde los cuarteles social comunistas se fustiga a la prensa colombiana. En múltiples ocasiones el hombre fuerte del petrismo, el tosco Gustavo Bolívar ha maltratado comunicadores, cosa que también se ha visto en el propio Gustavo Petro que llegó al extremo de calificar a RCN de ser un medio ‘neonazi’.

Lo dijo acertadamente el líder religioso Billy Graham: “El comunismo ha decidido en contra de Dios, contra Cristo, contra la Biblia, y en contra de cualquier religión”. El socialismo es una corriente amoral. Petro y los suyos lo son. Se trata de seres impiadosos, crueles, irracionales y capaces de cualquier cosa con tal de alcanzar su objetivo como bien se expone en el extracto citado del ‘catecismo revolucionario’.

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