Nicolás Márquez pone la lupa en varios icónicos referentes del progresismo moderno como Frida Kahlo, Michel Foucault o Eva Perón y contrasta la verdad histórica documentada con las lecturas edulcoradas actuales.
Muchas veces, el progresismo actual defiende en el debate político a figuras del pasado desde una perspectiva edulcorada y a medida de los tiempos modernos, la cual no refleja la verdad histórica. Incluso, a pesar de que estos individuos defendidos por la izquierda hayan firmado de puño y letra muchas posiciones que hoy escandalizarían a sus partidarios, no son pocos los ingenuos que compran los mitos distorsionados y los llevan en remeras o los cuelgan en afiches.
Sin embargo, nada de esto es «neutro» con respecto a las discusiones político-electorales de los países. No es casual que la izquierda lleve como estandartes a estos personajes, que ya han fallecido hace años o décadas, para utilizarlos con el propósito de fomentar sus agendas tan engañosas como la lectura que se hace de estos referentes.
En su último libro, que ya se vende en toda América Latina, el escritor Nicolás Márquez se dedica —con argumentos y documentos detallados— a contrastar la realidad de ocho figuras enaltecidas por el socialismo con los mitos difundidos por la izquierda. La obra Ídolos con pies de barro (editado por Harper Enfoque) es una excelente oportunidad para conocer las sombras de estos protagonistas a quienes solamente se les exacerban las luces, que muchas veces son absolutamente falsas.
Frida Kahlo, Ernesto ‘Che’ Guevara, Diego Armando Maradona, el papa Francisco, Hugo Chávez, Michel Foucault, Salvador Allende y Eva Perón son los escogidos por Márquez para analizar en su complejidad. De esta manera, quien quiera venerar a esta suerte de «celebridades» del progresismo puede hacerlo, pero también debe hacerse cargo de lo que ellos dijeron, hicieron y escribieron durante sus vidas.
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«Regresaron a México a fines de octubre de 1932 y los compromisos revolucionarios de la pareja comunista no cesaban. Rivera firmó otro contrato en dólares para el Centro Rockefeller de Nueva York y de allí surgió otro emprendimiento para la Exposición Universal de Chicago (1933). Para ser un matrimonio fervientemente marxista, resulta harto evidente que el dúo no mostraba ningún inconveniente a la hora de recibir cheques tanto de los Ford como de los Rockefeller, dato que nos cuenta que el pintoresco matrimonio anticapitalista era flexible en sus convicciones stalinistas», escribe Márquez sobre la verdadera historia de Kahlo y su marido, Diego de Rivera.
«Teñiré en sangre mi arma y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga en mis manos. Ya siento mis narices dilatadas saboreando el acre olor de pólvora y de sangre». ¿A quién pertenecen estas palabras? Al mismo Che Guevara que las firmaba en sus escritos, donde, entre tantas cosas, calificaba a los indios como «una masa informe de seres adormecidos, embrutecida con la coca y el alcohol». Datos históricos que quedan fuera de las reivindicaciones de las banderas rojas de las manifestaciones de la izquierda hoy en día.
Ídolos con pies de barro recoge una cuantiosa cantidad de documentos históricos y recuerda situaciones que se vieron hace poco tiempo reflejadas por los portales de noticias contemporáneos, como las declaraciones del papa Francisco cuando dijo que «confesaba», como si fuera un pecado, su «relación humana» con el asesino y dictador Raúl Castro.
Con fechas precisas, Márquez incomoda a la izquierda, mostrando los artículos publicados por el mismo Foucault al momento de la nefasta revolución islámica en Irán: «Entre el 16 y el 24 de septiembre, y el 9 y el 15 de noviembre de 1978, respectivamente», el intelectual de la izquierda escribió «insólitos elogios a Jomeini».
En medios como Le Matin y Le monde, Foucault anticipaba que el régimen incipiente «valora el trabajo y nadie puede ser privado del fruto de su trabajo». Ahora, en relación con las libertades individuales que el régimen aniquiló, el ídolo con pie de barro ya anticipaba que «se respetarán siempre que su ejercicio no perjudique a otros».
Estas son algunas de las historias que el autor repasa junto al público. No se trata de juzgar ni criticar desde la subjetividad, sino de cotejar trayectorias con los hechos y discursos o declaraciones, muchas de ellas documentadas y firmadas de puño y letra por sus protagonistas. Un debate necesario para aportar honestidad intelectual a la discusión política.
