
Destino similar al de esos desdichados padecemos los colombianos, aunque optamos por ignorar nuestra desgracia o por esperar que otros nos libren de ella.
Cuando se suscribió el humillante pacto de La Habana con los más crueles criminales de nuestra historia, comenzamos a advertir sobre el ominoso peligro que se cernÃa sobre nuestra Patria y chocamos con una apatÃa generalizada. Algunos argumentaban que el fatÃdico acuerdo era necesario para que no siguiéramos matándonos. No recuerdo haber matado a nadie, pero mi mente sà ha registrado las masacres y atentados que durante seis décadas han perpetrado los bandoleros de la guerrilla.
La cobardÃa, la tolerancia con el delito y la impunidad repartida a manos llenas entre los terroristas, narcotraficantes y vándalos durante los gobiernos de transición (Santos y Duque) insuflaron nuevas fuerzas a una guerrilla que, al terminar el mandato de la Seguridad Democrática estaba derrotada, exilada en paÃses limÃtrofes u oculta en lo más profundo de la selva. Apoyada en esa irregular fuerza y en la apatÃa de nuestra clase dirigente fue construyendo la extrema izquierda su camino hacia el poder que, finalmente conquistó, con el empuje de los dineros sucios y de un monumental fraude electoral, en el 2022.
Aunque el panorama es cada vez más oscuro y las perspectivas más tenebrosas, inexplicablemente persiste la complicidad de la clase polÃtica con este desastre ético y polÃtico. Ninguno de los caciques electorales se ha preocupado por el avance del terrorismo y de la izquierda totalitaria con todas las herramientas del poder a su libre disposición. Más grave aún: Cuando el pueblo colombiano, haciendo uso de un derecho constitucional, inició el juicio polÃtico contra Petro por haber violado los topes económicos de su campaña, la misma dirigencia se ha encargado de entorpecer el proceso y de negarle su apoyo a los demandantes.
Dos años y medio de constantes violaciones a la Ley y a la Constitución, de sucesivos escándalos de corrupción protagonizados por la camarilla gobernante, de entrega del territorio nacional a los grupos irregulares, de saqueo de los dineros públicos a través del crecimiento exagerado del Estado y del derroche sin lÃmites, de destrucción del sistema de salud, de obstaculizar las funciones de las fuerzas armadas y de cometer toda clase de torpezas en el manejo de todos los asuntos públicos, no han bastado para despertar la conciencia nacional.
Nos emascularon de pie y ni siquiera reaccionamos. Miremos por última vez el cielo y el mar de esta Colombia bella, antes de que nos envuelva la aterradora noche como a los pobres transeúntes del Puente de los Suspiros.
27/04/2025 | Por: Luis Alfonso GarcÃa Carmona
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