El Titanic se hunde y los empresarios continúan bailando

1/12/2023 | Por Eugenio Trujillo Villegas | Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción | trujillo.eugenio@gmail.com
La tragedia del Titanic pasó a la historia como uno de los ejemplos más increíbles de irresponsabilidad, imprevisión e indolencia. Tripulantes y pasajeros creían que ni Dios podría hundir un barco tan deslumbrante, pues consideraban que ese navío en sí mismo era un inmenso salvavidas.
Pero la tragedia se abatió sobre el Titanic y de un momento a otro se desataron la locura y el caos. Sin embargo, mientras se inundaban los compartimentos inferiores, los superiores seguían intactos, y allí algunos pasajeros seguían de fiesta, para lo cual alguien ordenó que la orquesta siguiera tocando para evitar el pánico.
Esta es una imagen viva de la tragedia que se repite ahora en Colombia. Todas las señales de alarma se han encendido y anuncian la gran tragedia en que se precipita el País, porque todas las determinaciones presidenciales, las leyes aprobadas y las que están en curso, están encaminadas a destruir la economía, la inversión, la salud, el ahorro y la seguridad de las regiones.
Además, los funcionarios escogidos para gobernar y dirigir el Estado son los más incompetentes e ineptos que jamás ocuparon esos cargos. No están allí por sus conocimientos y virtudes, sino porque son militantes ideologizados del marxismo y lo que pretenden es conducir a Colombia hacia la ruina.
Es por eso que la producción petrolera, del gas y del carbón comienza a decrecer. Que la industria, el comercio, la construcción, el empleo, las exportaciones y las importaciones retroceden y van en caída libre. Al mismo tiempo aumentan las invasiones de tierras, los bloqueos de las carreteras y la acción armada de los grupos narco-terroristas que ahora son amos y señores de inmensos territorios, en donde la subversión armada y los nuevos carteles de la droga reemplazaron al Estado y en donde la Fuerza Pública ha sido desterrada o es sencillamente inoperante.
Políticos y empresarios apoyan al Gobierno
Sin embargo, ante este panorama desolador, muchos políticos y empresarios siguen de fiesta. Inevitablemente, ellos son quienes ostentan el poder y toman las decisiones, sin prestar la menor atención a la tragedia que ya comenzó.
Prueba de ello son las declaraciones sucesivas de los más poderosos empresarios y de los gremios que los agrupan, que proponen al Gobierno sentarse a la mesa para discutir cómo reactivar la economía y salvar a Colombia.
¡Pobres hombres! Aún parecen dormir, o sencillamente viven en las nubes, pues no se han dado cuenta de que si hay algo que no le interesa al Gobierno es detener el proceso de destrucción de Colombia.
En realidad, lo quiere acelerar, porque la meta es imponer el socialismo marxista que llevó a muchas naciones a la miseria, pues los izquierdistas radicales y doctrinarios como Petro consideran que la sociedad debe vivir en la igualdad y en la miseria.
Para ellos la propiedad privada debe desaparecer, y también los empresarios y las empresas, para poder construir la utopía marxista que es la sociedad en donde todo lo proporciona el Estado, convirtiendo a las personas en esclavos sin libertad.
¿Por qué los empresarios no quieren entender esta realidad? ¿Acaso no habrán escuchado del propio presidente las temerarias acusaciones de que ellos son asesinos, esclavistas y explotadores de la gente pobre? Y esto se los ha dicho de frente, en reuniones en donde ellos lo han invitado para que los insulte. Parecieran no haberse enterado de que el presidente los odia y los desprecia, que no asiste a sus congresos, que los hace esperar horas para atenderlos y que además los quiere exterminar.
Pero los empresarios siguen sumisos e indolentes. Y hablan de planes irreales de reactivación de la economía que no conducen a nada. Y los dirigentes políticos de la casi inexistente oposición piden cita para tomarse un café con el presidente, pero de allí no se genera ninguna decisión que favorezca al País. Sólo que las reformas siguen avanzando en el Congreso de la República y van siendo aprobadas a rajatabla usando el mismo sistema ilegítimo con el cual Petro fue elegido presidente. Raudales de dinero sobornan conciencias y compran votos de los congresistas liberales, conservadores, de Cambio Radical y de la U, con los cuales se aprueban las leyes para desmantelar las instituciones.
Se despierta la verdadera Colombia
Mientras tanto, la otra Colombia se comienza a despertar y se pone de pie para enfrentar la tiranía. Las manifestaciones de repudio al régimen se multiplican, con el grito de millones de compatriotas que dicen por todas partes: ¡Fuera Petro!
Colombia se ha convertido en dos países diferentes. Uno es el de las élites empresariales y políticas que claudican, que no hacen nada para salvar el País, que están conformes con la situación y que prefieren esperar a que este mandato de horror se termine. Y la otra Colombia, la verdadera Colombia, es la que se enfrenta con valor al desmantelamiento progresivo del Estado de Derecho, a la imposición de esa farsa que llaman “paz total”, y a las medidas que se toman para desmantelar el desarrollo económico y empresarial del País.
¡No hay peor ciego que el que no quiere ver! Los empresarios claudicantes podrán presentar todos los planes de desarrollo que quieran para reactivar la economía, pero no lograrán nada porque ignoran lo fundamental.
Jamás habrá reactivación económica mientras el gobierno se empeñe en destruir la propiedad privada y la libre iniciativa; mientras persiga a los empresarios, a los inversionistas y multiplique los impuestos hasta niveles confiscatorios; y mientras promueva el secuestro y se convierta en el protector de los grupos terroristas.
¡Con seguridad, lo que va a acontecer es lo contrario!
Aumentarán la pobreza, el desempleo, el decrecimiento de la economía, la fuga de capitales y la ausencia de nuevas inversiones, lo cual es exactamente lo que el Gobierno quiere. Y pretenderá que el derrumbe de las actividades empresariales sea reemplazado con subsidios para los pobres, con endeudamiento externo, con más impuestos e imprimiendo billetes en forma irresponsable.
Esta es la receta socialista que ha fracasado en todo el mundo y que ha conducido a la más absoluta miseria a naciones que antes fueron ricas. Una vez más se demostrará que el socialismo es la mayor fuente de miseria y Colombia pasará a ser otro ejemplo de esta realidad.