En 1720, el ‘Detente’ del Sagrado Corazón de Jesús, terminó con una peste que arrasó al 39% de la población de Marsella

Origen

La devoción al Escudo del Sagrado Corazón de Jesús, popularmente reconocido como ‘El Deténte’, provino del Cielo. Nació del pedido directo hecho por el Sagrado Corazón de Jesús, en junio de 1.675, a una humilde y privilegiadísima religiosa vicentina, Santa Margarita María de Alacoque mientras rezaba al Santísimo Sacramento en el convento de la Visitación de Santa María, ubicado en la comuna francesa Paray-le-Monial, región de Borgoña, Francia.

Se trata de un sencillo emblema con la imagen del Sagrado Corazón y la divisa: “¡Deténte! El Corazón de Jesús está conmigo. ¡Venga a nosotros el tu reino!”  

Por inspiración Divina, surgió como un pequeño pero poderoso escudo que la Divina Providencia colocó a nuestra disposición a fin de protegernos contra los más diversos peligros que enfrentamos en nuestra vida cotidiana. Para ello, basta llevarlo consigo, tras el vivo compromiso de llevar una vida honesta y cristiana. No es necesario que esté bendito, pues el bienaventurado Papa Pío IX extendió su bendición a todos los Deténtes.

Marsella desolada por la terrible ‘peste bubónica’

Cuarenta y cinco años después, mayo de 1720, atracó en Marsella, Francia, el barco Gran San Antonio proveniente del cercano Oriente, con un cargamento de finas telas que traían consigo el bacilo de Yersi. Enseguida se desató el crecimiento explosivo de la gran peste bubónica que dejó en aquella ciudad 35.000 personas muertas (39% de la población total) y 120.000 en Provenza. (30% del total).  

Entre paréntesis, al compararla con la actual pandemia china no podemos dejar de sorprendernos. Su tasa de muertes resulta ridículamente insignificante: alrededor del 3% de los contaminados, ojo, NO de la población total.

Continuamos. Este maravilloso escudo, el Detente, fue recibido por los marselleses con gran devoción. Se difundió a la velocidad del rayo. La gran mayoría se confesó y volvió a Dios. En ceremonia pública, 28-05-1772, tras la solemne consagración de la ciudad al Sagrado Corazón de Jesus, en el Monasterio de la Visitación, el obispo Belsunce ofrendó y quemó a los pies de Jesús, un gran velón de cera blanca, simbolizando la quema de los pecados de aquella gente.

Repentinamente, después de 51 meses, la epidemia cesó como por milagro. Así quedó registrado en los custodiados anales de la historia local, los cuales han tratado de robar los enemigos de Cristo y de su Santa Iglesia.

Esta bella ceremonia, la consagración a Jesús y la quema del gran velón, perdura hasta hoy. Se celebra en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en Marsella, bajo auspicios de la Cámara de Comercio e Industria de Marsella-Provenza.

Dos siglos después, esta devoción al Detente fue poderosamente propulsada por el bienaventurado Papa Pío IX (1846-1878) con estas bellas palabras:

“La Iglesia y la sociedad no tienen otra esperanza sino en el Sagrado Corazón de Jesús; es Él que curará todos nuestros males. Predicad y difundid por todas partes la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ella será la salvación para el mundo” (Padre Jules Chevalier  M.S.C., Le Sacré-Cœur de Jésus, Retaux-Bray, París, 1886, p. 382)

Por Juan Carlos Ariza Gómez


Materias relacionadas

  • ¿Desea conocer la muy bella y completa historia de ‘El Deténte’? Por favor de clic AQUÍ.
  • ¿Desea conocer con más detalle la historia de la ‘Peste de Marsella’? De clic AQUÍ.
  • ¿Si entiende el francés y desea leer la historia completa de la ‘Peste de Marsella’? De clic AQUÍ
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on telegram
Telegram
Share on email
Email

Artículos Relacionados

El hastío del electorado

Es claro que los colombianos castigarán el oportunismo político. Quienes están aprovechando la compleja situación generada por la pandemia y el paro

Leer más »

Deja una respuesta