El alcalde, atortolado, ha resuelto consultar ahora sí la demanda con la nueva junta.

El heroísmo que mi gran amigo Germán Vargas Lleras le adjudica al episodio del alcalde de Medellín con EPM no es tan cierto, ni tan inofensivo.

Según su versión, Daniel Quintero tomó la decisión de saltarse a la junta directiva para demandar a los constructores de Hidroituango, “sin consultar tanto, pues sabía que tratarían de impedírselo”. Luego de que la junta le renunció, le ha costado mucho recomponerla por su improvisación; varios o no aceptaron, o declinaron. El alcalde, atortolado, ha resuelto consultar ahora sí la demanda con la nueva junta, pero jamás debió saltarse las instancias del gobierno corporativo de EPM.

A Vargas le molestan los posibles cruces entre los intereses del Grupo Empresarial Antioqueño, constituido con capital privado, principalmente de los afiliados a los fondos de pensiones; y EPM, que tiene 100 por ciento de capital público. Pero los cruces no son tan evidentes como lo señala en su columna del domingo pasado. El GEA no tiene contratos con EPM. Pero las compañías de ingeniería demandadas, Conconcreto, Integral, Coninsa y Camargo Correa, no pertenecen al GEA, y Sura ni siquiera es el asegurador principal del proyecto Hidroituango. Lo es Mapfre, que ya había comenzado a pagar algunos reclamos. Es posible que a raíz de la demanda contra los constructores, ahora se demore más, pues la aseguradora querrá ver primero si fue la naturaleza, o si hubo negligencia.

Que el alcalde Quintero llegaba cargado de tigre contra EPM se evidenció cuando le llevó al entonces gerente Jorge Londoño de la Cuesta (recordándonos el estilacho del excongresista Carlos Moreno de Caro, que soltaba ratas en el Congreso) un gigantesco queso para que se lo diera de comer a las ratas de EPM.

Con su poder como presidente de la junta, Quintero nombró gerente a Álvaro Guillermo Rendón, que, según dicen, no tiene el perfil. No fue ni escogido por un ‘head hunter’, como lo había prometido el alcalde. Rendón empezó a cambiar gente en todos los niveles, irrespetando la carrera administrativa. Y el alcalde se reservó el nombramiento de ciertos funcionarios, como si estuviera manejando una secretaría más de su alcaldía. Ha cancelado contratos que tenían el visto bueno de la junta. Y se dio un paso más complicado: ampliar el objeto social de EPM, cuando en este preciso momento sus esfuerzos deben estar ante todo invertidos en salvar Hidroituango y en ver cómo se va a cumplir con la compra de la mitad de Electricaribe, que está en cuidados intensivos, entubada, como si tuviera covid, en una región donde no existe la cultura del pago.

La demanda a los constructores (la gota que rebosó la copa, y que hizo que renunciara la junta de EPM) estuvo muy mal manejada. No porque no la tuviera que presentar, y el plazo era apremiante, sino porque requería el análisis de la matriz de riesgos para anticipar qué podía salir de eso. Por ejemplo, que ahora se recupere muy poquito de las pérdidas o se demoren 15 años más en ello. Y que Hidroituango se tome más tiempo, y le genere a EPM un fuerte lucro cesante, sumado al atraso energético del país.

¿Pero por qué hace eso el alcalde Quintero? ¿Quería patear el tablero del notablato paisa para crear un nuevo estilo? No sabemos muy bien si en ello está influenciado por Gustavo Petro, por César Gaviria, o miti miti. Pero es evidente que para defenderse, Quintero ha sacado a relucir la lucha de clases. Cierto que el alcalde tiene una hoja de vida de admirable superación, pero esto no se reduce a que los empresarios paisas están bravos con el niño vendedor de dulces de antaño.

La preocupación es real. EPM le entrega 1,4 billones de pesos anuales en transferencias a Medellín. Si no manejan bien las cosas, eso podría reducirse a la mitad, con graves afectaciones a la inversión social. Las calificadoras de riesgo le han bajado la nota a EPM, no por problemas financieros sino por el mal gobierno corporativo que el alcalde ha impuesto. Los tenedores de bonos han perdido plata, y hay problemas con créditos que no le quieren desembolsar, a cambio de la fiesta de puestos y contratación que armaron.

¿Cómo puede Quintero corregir este mal rumbo? Para comenzar, dos pasos. Cambiar al gerente de EPM por una persona competente y moralmente intachable. Y que el alcalde solo participe como miembro de junta, pero no tome él solo las decisiones dentro de la empresa. Así lo estipula el acuerdo marco de gobierno corporativo, que se debe volver vinculante, para que EPM no quede a merced de la politiquería.

Entre tanto… ¿“Corte de cuentas”, dice Vargas, para “poner en orden la casa”? No puede ser. Está patas arriba.

María Isabel Rueda, El Tiempo, 16/08/2020

Nota de la Redacción. Si Ud quiere colaborar en la revocatoria del mandato del alcalde, puede ingresar a http://alianzareconstruccioncolombia.org/

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