Este 28 de abril: un día infortunado, que pudo haberse evitado

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En otros contenidos de esta misma edición y en esta columna se pueden ver fotografías de la violencia desatada en este día infortunado, especialmente en las grandes ciudades de Colombia y coicidencialmente, en las que están bajo el gobierno de alcaldes izquierdistas que por culpa compartida por la Registraduría Nacional del Estado Civil junto con el Consejo Nacional Electoral y del Ministerio de Salud, no ha sido posible iniciar la recolección de firmas para revocarles el mandato.

Es que no puede negarse que los alcaldes de Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena y muchas otras ciudades, en vez de gobernar como juraron hacerlo el primero de enero del año pasado, se han dedicado a malgastar el presupuesto,a pelear con los empresarios, los académicos y la ciudadanía en general y como saben que sus gobernados no los aguantan más, han hecho lo posible y lo imposible por evitar que los procesos de revocatoria de sus mandatos hayan avanzado y que la convocatoria a elecciones para sacarlos del cargo a donde no debieron llegar sea fijada por una Registraduría que los alcahuetea so pretexto del Covid-19.

Pero lo peor de este día y de los que lo antecedieron en este y en el pasado año, es que han sido los alcaldes izquierdistas, vale decir, los agentes de Petro y su maldita ambición desenfrenada, los que han tenido a su cargo la protección de los ciudadanos y la defensa de las ciudades contra los ataques combinados de los sindicatos mamertos, Fecode, los vagos de las ciudades, los viciosos, los vándalos muy bien entrenados, las turbas pagadas por los enemigos progres del país, los guerrilleros y exguerrilleros que reciben una apreciable cantidad de dinero mensual del Estado no se sabe a título de qué y otros sujetos innominados, a los que hacen feliz la violencia y el caos. A esa clase de sujetos es a los que deben contener los señores alcaldes izquierdosos, a los cuales el señor presidente Duque en mala hora les delegó el deber que la Constitución Nacional le confiere en el Artículo189, numerales 3 y 4.

Y mientras se crean situaciones verdaderamente calamitosas en las que se incendian vehículos, edificios y paraderos, se quiebran puertas y ventanas de oficinas y casas, se asaltan a los pacíficos caminantes a los que cogió la hora tenebrosa en la calle, se roban bancos, almacenes y tiendas, se impide la circulación y el tránsito de vehículos y personas y se revive a nivel local el “bogotazo” del 9 de abril de 1948, los alcaldes izquierdosos, que en lo íntimo de sus seres están contentos con esos actos vandálicos que interpretan tan bien sus podridas ideologías, representan la comedia de que tratan de contener la revuelta, pero lo cierto es que no lo hacen sino cuando ya el daño está hecho.

La tragedia de este día supuestamente se originó en la tozudez del señor Presidente Duque con su inaceptable reforma tributaria. El mismo Uribe, cuyos trinos se negó a escuchar este “primer empleado de la Nación” a pesar de que le debe el cargo al experimentado expresidente, ya que es un profundo conocedor de los colombianos, con todos sus defectos y una que otra cualidad, sabía que un “tal” paro en este país siempre se convierte en una revuelta muy peligrosa. Pero eso no parece importarle a nuestro mandatario, tal vez porque no conoce muy bien a este pueblo que está gobernando por haber sido “el que dijo Uribe” y haber tenido la fortuna de llegar a Colombia después de más de 10 años de ausencia, casi que sin conocer nada de nuestro salvajismo todavía no domeñado, siendo de inmediato elegido senador por dos veces y luego presidente después de unos cuantos discursos y conversatorios.

De manera que la situación que se volvió peliaguda y que, según se dice se repetirá hoy, necesita que Duque se amarre los pantalones, recobre la totalidad de su potestad presidencial, saque a la calle al ejército, aunque los mamertos pongan el grito en el cielo, disuelva con fuertes chorros de agua las marchas y los grupos de marchantes, detenga siquiera 150 revoltosos y hasta más y le haga sentir a los alcaldes y alcaldesas que en Colombia tenemos presidente de la República y que, como lo dice la Sagrada Escritura, todavía “hay centinela en la heredad y luz en la poterna”.

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