Dicen los dos primeros incisos del artículo 42 de la Constitución Política de Colombia:

“La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Se la constituye por vínculos naturales o jurídicos, por la decisión libre de un hombre y una mujer de contraer matrimonio o por la voluntad responsable de conformarla.

“El Estado y la sociedad garantizan la protección integral de la familia. La ley podrá determinar el patrimonio familiar inalienable e inembargable”.

Es muy discutible que la Asamblea Nacional Constituyente hubiera pensado, al aprobar este texto, que también podría haber cabida dentro del régimen de la familia, como núcleo fundamental de la sociedad, digno por ende de protección integral, para extender esa protección a familias poliándricas, poligámicas o, como ahora lo pretende una Corte Constitucional prevaricadora, a familias homosexuales.

Sería muy poco probable que si al pueblo, que el artículo 3 de la Constitución Política declara que es el titular de la soberanía, se le consultara sobre la redefinición de la familia que pretende la Corte Constitucional, la misma pudiese contar con su visto bueno.

Ya hace unos años, el Congreso, que ejerce la función legislativa en nombre del pueblo, rechazó por amplia mayoría un proyecto de ley sobre el asunto.

Lo que ha dispuesto la Corte Constitucional excede todos los límites razonables de la interpretación del derecho. Pero eso no inquieta a la mayoría de los magistrados que la integran, pues ellos creen que su alta investidura les otorga total impunidad por los desafueros en que puedan incurrir. Además, parece que piensan que no están al servicio del derecho, sino de unas ideologías aupadas incluso por poderes ocultos que pretenden imponer a toda costa un Nuevo Orden Mundial radicalmente anticristiano.

Hay a no dudarlo el propósito de instaurar una nueva civilización que prescinda de todo nexo con el cristianismo y lo que este representa. El proyecto que hay en curso es dar muerte a la civilización cristiana o lo que quede de esta. Sus promotores han sido catalogados por Mgr. Charles Pope, en escrito que ya he citado en otras ocasiones y ahora vuelvo a traer a colación, como “Civilization killers”(Vid. http://blog.adw.org/2011/04/civilization-killers-on-the-decline-of-three-basic-cultural-indicators-and-what-it-means-for-america/).

La iniciativa que, so pretexto de garantizarles igualdad a los homosexuales y poner en ejecución una política de inclusividad que los integre en la vida comunitaria, no solo viola la Constitución tratando de introducirle subrepticiamente un cambio desde todo punto de vista irregular, sino que pone en marcha una nueva civilización.

Entraña, ni más ni menos, una subversión de la Constitución, que la Corte Constitucional ha dicho que solo podría imponerse mediante una Asamblea Constituyente.

En suma, estamos frente a una verdadera revolución promovida por el organismo que supuestamente tiene a su cargo la guarda de la integridad y la supremacía de la Constitución.

Como suele suceder, esta revolución se ha desarrollado de modo discreto, a partir de la acción de círculos relativamente pequeños y cerrados, pero muy activos y persistentes, que a través de distintos medios han logrado conquistar posiciones de privilegio en los diferentes escenarios sociales, especialmente en los que más influyen en la opinión pública y las instancias del poder.

Hay toda una agenda de destrucción de la familia, tema al cual me referí en este blog en otra ocasión (Vid. http://jesusvallejo.blogspot.com.co/2014/09/la-agenda-de-destruccion-de-la-familia.html).Y esta agenda toca con otro cometido, el de homosexualización de la sociedad, al que también me he referido aquí (http://www.periodismosinfronteras.org/la-homosexualizacion-de-la-sociedad.html).

Hay quienes consideran que estas afirmaciones adolecen de tremendismo y que estos cambios no solo son inocuos, sino que contribuyen a hacer más felices a personas que, como las que integran el colectivo LGTBI etc., han sufrido injustas discriminaciones por causa de sus respectivas orientaciones sexuales.

Pero otra cosa pensaba Carl C. Zimmerman, un eminente sociólogo que enseñó a lo largo de muchos años en Harvard y dejó una obra monumental titulada “Family and Civilization”, de la que desafortunadamente no hay traducción castellana y solo se consigue en inglés en ediciones abreviadas.

Zimmerman muestra la evolución de la familia a través de las distintas etapas del proceso civilizatorio y muestra el impacto de cada estructura en los diferentes ámbitos sociales y el destino de la civilización misma. (http://isibooks.org/family-and-civilization.html).

Para estos efectos, clasifica las familias en tres grandes categorías; la familia-empresa (“trustee”, en su lenguaje), de vasta extensión, propia de las sociedades agrarias, de la que es modelo la gens romana; la familia doméstica, de tipo nuclear, con fuertes lazos entre sus miembros, que se da en las civilizaciones emergentes; y la familia atomística, también de tipo nuclear, pero con débiles nexos entre sus integrantes, que es propia de las avanzadas en las que reina el individualismo hedonístico. (Vid. http://theroadtoemmaus.org/RdLb/21PbAr/CltWr/TraditFmly.htm).

Según las conclusiones a que llega Zimmerman, la relajación de los nexos familiares trae consigo de modo inexorable la decadencia y la ruina de la civilización, tal como sucedió en las antiguas Grecia y Roma, y está aconteciendo ahora mismo en Occidente.

Su libro, publicado por primera vez en 1947, advirtió sobre las peligrosas tendencias que se pusieron de manifiesto en los años subsiguientes, tales como mayores índices de violencia juvenil y depresión, aborto y homosexualidad, colapso de la natalidad y desplazamiento de poblaciones. (Vid. http://www.abovetopsecret.com/forum/thread350089/ pg1)

Zimmerman señaló ocho signos de deterioro de la civilización debidos al deterioro de la institución familiar, a saber:

  • La desacralización del matrimonio, de la que es muestra la facilitación y la frecuencia del divorcio.
  • La pérdida de sentido de la ceremonia matrimonial.
  • La eclosión del movimiento feminista.
  • La creciente aceleración de la delincuencia juvenil, la promiscuidad y el espíritu de rebeldía.
  • La reticencia de los casados respecto de sus deberes familiares.
  • La expansión del deseo y la aceptación del adulterio.
  • La multiplicación de las perversiones y los crímenes sexuales.

Es interesante traer a colación estas apreciaciones de Gibbon: la decadencia de Roma no solo se debió a factores externos, sino al debilitamiento de las virtudes tradicionales que alentaban el trabajo, el servicio militar en las legiones, las familias fuertes y la honestidad. El auge de la homosexualidad en la aristocracia romana contribuyó a la reducción de la natalidad y, en general, la relajación de costumbres trajo consigo la apatía, la dependencia del reclutamiento de bárbaros para integrar el ejército, la homosexualidad rampante y el vicio. A medida que las virtudes tradicionales romanas fueron reemplazadas por el egoísmo hedonista, el Imperio se fue viniendo abajo.

Stephen Baskerville ha alertado en un sesudo ensayo acerca de las consecuencias que entraña la crisis de la familia para el futuro de la civilización. (Vid. http://www.nhinet.org/baskerville22-1.pdf).

Su análisis muestra cómo la difusión del divorcio por mutuo acuerdo e incluso sin que se invoque otra causal justificativa del mismo que la de la suspensión de la convivencia de los cónyuges por un corto tiempo, ha resultado destructiva para la institución familiar y el bienestar de la sociedad.

No hay que olvidar ciertas nociones elementales, como que el matrimonio existe ante todo en función de la reproducción y el cuidado de la prole, no solo desde el punto de vista biológico, sino ante todo desde la perspectiva de su formación moral y su integración a la vida comunitaria.

Zimmerman, que no era creyente, encontró sin embargo que la obra maestra que hizo posible el auge de la civilización occidental fue la familia doméstica con fuertes lazos de integración que impuso la Iglesia Católica y se ha venido deteriorando progresivamente por obra de la Reforma, la Revolución Francesa y las deletéreas tendencias que han hecho carrera en los últimos tiempos, tales como la Revolución Sexual y la Ideología de Género.

Si hoy se habla con alarmante ligereza de la legitimidad del matrimonio homosexual es porque, como lo señaló Zimmerman, ya no se considera que el matrimonio es asunto rodeado de sacralidad, sino algo meramente convencional y de interés solo para los cónyuges, y también porque han hecho carrera ideas altamente discutibles sobre la sexualidad, que solo la conciben desde la perspectiva del placer que les reporta a los individuos, con prescindencia de sus efectos en la formación de la personalidad y en las necesidades colectivas.

Da la impresión de que nuestra Corte Constitucional no se ha detenido a considerar qué significa que la Constitución Política hubiera declarado que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad, ni cuál es el sentido de la protección que debe brindársele. Lo que ha decidido pone de manifiesto que para sus magistrados el texto constitucional es meramente declamatorio y tan carente de seriedad que puede interpretárselo con la ligereza y la fatuidad de que han hecho gala sus integrantes.

 Jesús Vallejo Mejía, La Linterna azul, 22/09/2020

Compartir:

WhatsApp
Facebook
Twitter
Telegram
Email

Descarga aquí los artes para impresión de pendones