Glosas a una insípida declaración

Cuando la institución más querida por el pueblo colombiano, sus fuerzas militares, es vilipendiada impunemente no sólo por sus enemigos naturales, los de la extrema izquierda, sino también por quienes deberían salir en su defensa si conociesen el significado de la palabra lealtad, no nos queda sino el sagrado derecho a opinar sobre un documento que quisiéramos no hubiera salido jamás del presente gobierno.

Declara oficialmente el Ministro de la Defensa, doctor Holmes Trujillo, que desde su posesión ofreció a cada soldado, a cada policía su apoyo. ”A la oficialidad, mi respaldo”. No entendemos, cómo se puede entender como respaldo el despido de unos oficiales como consecuencia de los infundios de un semanario abiertamente enemigo de las fuerzas armadas, cercano a tan oscuros personajes como Soros y Juan Manuel Santos.

¿Es acaso una muestra de lealtad con sus subalternos, destituirlos violando su presunción de inocencia, negándoles el derecho a la defensa, colocándolos en la picota pública manipulada por todas las organizaciones de izquierda nacionales e internacionales, para después anunciar que se iniciarán las investigaciones para identificar a los responsables de las supuestas irregularidades?

¿Es una muestra de apoyo a la oficialidad separarlos de sus cargos como a perros sarnosos para luego estigmatizarlos con la lapidaria frase del Presidente Duque de que su Gobierno “no tolerará a quienes deshonren el uniforme o realicen prácticas contrarias a la ley”?

Recalca en su rimbombante estilo el señor Ministro que su objetivo prioritario será el de mantener unas fuerzas militares cohesionadas, pero del dicho al hecho parece que el trecho es largo. Tanto como ministro de Relaciones Exteriores como en su actual cargo, no ha dudado en tomar partido por el General Mejía, sí, el mismo que servía de comodín a Juan Manuel Santos para sus fechorías, al que premiaron con una embajada (siendo Trujillo ministro de Relaciones Exteriores) a pesar de ser objeto de graves acusaciones de corrupción por la Contraloría General. No se ha aplicado la misma vara al honesto general Nicasio Martínez, cuyo nombramiento para la OTAN se frustró gracias a las malas artes de sus oscuros contradictores, que contaron con la acogida inmediata del alto gobierno.

Con el mayor desparpajo afirma:” …la legitimidad de nuestras Fuerzas se basa en la transparencia, no de cometer injusticias, ni de buscar chivos expiatorios”. Comencemos por aclarar que la legitimidad de las Fuerzas Militares les fue otorgada por la Constitución nacional, no por la transparencia que les quiera adjudicar quien temporalmente ocupe el cargo de ministro.

Pero si de cometer injusticias se trata, no hay una peor que la de violar el debido proceso o desconocer un principio tan universal como la presunción de inocencia, que es exactamente lo que se ha cometido con los oficiales entregados a la hoguera pública porque una revista los acusó de realizar “perfiles” de diferentes personajes, delito que hasta la fecha no se ha tipificado en nuestra ley penal. Los verdaderos “chivos expiatorios” son estos oficiales, víctimas de una arbitrariedad ministerial, con el inexplicable (e inexplicado hasta ahora) respaldo presidencial.

A falta de argumentos que justifiquen el atropello al honor militar cometido con hombres que han entregado parte de sus vidas a la defensa de la Patria y a la tranquilidad de los colombianos, invoca el Ministro al sentido de Nación, el sentido de Patria, el sentido de Nación, el sentido de unidad. Palabras…. tan solo palabras.

Valdría la pena que actuara el Señor Ministro poniéndole coto a los servicios secretos cubanos que, bajo el manto de la diplomacia, mantiene varios centenares de espías campeando a sus anchas por el territorio nacional. O que, en lugar de premiar a quienes desmantelaron al Ejército y cambiaron su misión constitucional primordial para dedicarlo a cumplir otras tareas no prioritarias para nuestra seguridad, pasara de la prosopopeya a la acción, persiguiendo de veras a los narco-guerrilleros de FARC, ahora llamados displicentemente “disidencias de las Farc” o “grupos residuales”, o a sus homólogos del ELN, protegidos por los gobiernos comunistas de Cuba y Venezuela.

Nos recuerda el ministro Trujillo que “las instituciones con sentido histórico han prevalecido sobre las mezquindades o intereses de los individuos”. Aclárenos, por favor, a quiénes se refiere Usted. ¿Es a los miembros de inteligencia que participaron con Juan Manuel Santos y Eduardo Montealegre para inventar el cuento del “hacker” y así torpedear, con la ayuda de los millones recibidos de Odebrecht, la elección presidencial de Oscar Iván Zuluaga?

O, ¿es que, acaso comparte la tesis de los amigos de Soros y de la izquierda de que no está permitido vigilar a personas que hacen cosas con las que el Estado no está de acuerdo (narcoterroristas, criminales, subversivos, etc), y por eso está desmantelando la inteligencia militar, y, además, destituyó sin razón válida al Director de la Justicia Penal Militar ?

En lugar de tan desabrida declaración esperábamos sinceramente una muy diferente de parte de un gobierno que elegimos con la esperanza de que se cumpliera ese anhelo del pueblo colombiano sintetizado en el grito que resonó en todas las plazas y calles de Colombia: “NO MÁS SANTOS, NO MÁS FARC.

Por Luis Alfonso García Carmona – Director ARCO – La linterna azul – 13/05/2020
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