Las gracias casi siempre llegan tarde o muchas veces ni llegan. Las damos cuando la obra se inaugura, cuando alguien nos presta un servicio o cuando hay un resultado que celebrar. Nadie agradece al comienzo, cuando todavía no hay nada terminado y queda todo por hacer. Hoy quiero hacer lo contrario.

Gracias, presidente Abelardo De La Espriella. Gracias, vicepresidente José Manuel Restrepo. Gracias a sus esposas por su trabajo incansable y a sus familias, que se los prestan al País en un momento que no da tregua. Y gracias a un equipo de gobierno que le tocó arrancar corriendo, con el país temblando.

Gracias por no usar el terremoto como excusa. Días que debían ser de empalme y protocolo se volvieron duelo, escombro y noches sin dormir. Se declaró el desastre nacional, y aun así, el país se siente gobernado. Quería no decirlo porque hace poco me propuse a mí mismo dejar el pasado en el pasado, pero me resisto imaginar esta situación en manos de la izquierda inepta y mal intencionada.

Gracias presidente por mirar hacia donde nunca se mira. El epicentro fue San José del Palmar, en un Chocó abandonado durante décadas al centralismo de Bogotá. Usted fue a Quibdó ese mismo lunes a ponerse al frente para saldar esa deuda histórica. Duele que haya hecho falta un terremoto para que el Estado llegara. Gracias por llegar: esa gente sí que lo necesita. El examen real será seguir allá cuando sane el dolor y se apaguen las cámaras.

Gracias por la nueva cúpula militar, por volver a perseguir a las estructuras criminales con firmeza y por demostrar con hechos, en tan pocos días, que sí es posible combatirlos y reducir su poder.

Gracias por levantar el teléfono con Trump, para buscar un alivio arancelario y un acuerdo de comercio recíproco justo cuando más falta nos hacen.

Gracias por empezar a recomponer relaciones con organismos internacionales y aliados que nunca debimos perder.

Gracias por devolver la confianza a los grupos económicos, sentar en la misma mesa a sus principales líderes y buscar soluciones junto a ellos.

Gracias por una decisión pequeña en apariencia y enorme en el fondo: integrar todas las oficinas de Procolombia a nuestras embajadas, con Samuel Bluman al frente (aplausos por este nombramiento). Menos duplicidad, menos arriendos y embajadores que harán equipo con Bluman para venderle al mundo nuestra Patria Milagro.

Gracias, en una sola frase, por gobernar como si el tiempo no alcanzara.

Algunos dirán que es muy pronto para agradecer, puede ser. Criticar con argumento es sano; yo lo he hecho y lo volveré a hacer el día que toque. Pero criticar por deporte y con mala intensión, sin una idea propia sobre la mesa, no es control político: es odio. Y el odio no levanta un solo escombro.

Ahora bien, el GRACIAS más grande es por algo que no aparece en ningún decreto.

Hace tres meses escribí que mi peor miedo era hacer maletas con mi familia, no por aventura sino por urgencia. Escribí que le temía a los abrazos vueltos recuerdo y a las navidades convertidas en trámite. Hoy releo esa columna y ya no la reconozco. Algo cambió, y no cambió afuera: cambió adentro de nosotros.

Gracias por devolvernos la fe en el futuro. Las ganas de volver a hacer planes en este país, en lugar de hacer maletas.

Por eso lo digo hoy, cuando nada ha terminado, todo está por hacerse y el país por reconstruirse: gracias. Porque las gracias que se dan al final premian, pero las que se dan al comienzo acompañan.

Vamos para adelante Colombia 🇨🇴.

Por Juan Esteban Cock Vélez | 23Ago26

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