Debe ser por los varios años evadiendo las desvariadas alocuciones del desubicado charlatán que fungía como presidente, el caso es que el pasado domingo, con algo de jartera, mantuvimos sintonizado el discurso de Abelardo De la Espriella, sin mayores expectativas. ¡Tremenda joya! Un informe sobre su primer mes de gestión expuesto en nueve concretos puntos a los que dio clara explicación sobre su lente al respecto: La ley y el orden no tienen alternativa diferente a ser impuestos.

Comenzó con la crisis fiscal, que ya todos conocíamos: estamos en la olla. Empero, no fue sólo las alarmantes cifras, sino que atribuyó a Petro la directa responsabilidad del desastre en el que se encuentra el país, y aseguró que haría recaer el peso de la ley sobre todos los culpables, no sólo a Petro, sino a todos y cada uno de quienes lo asesoraron en las premeditadas omisiones que condujeron a la terrible situación actual. Metían las patas convencidos que no habría consecuencias, o que importaban poco los resultados de su irresponsabilidad. “Se les acabó la guachafita” de soltar decisiones lesivas sin responder por ellas ante la ley. Abelardo anunció que los identificará uno por uno, y que uno por uno los acusará formalmente, porque el déficit lo tendrán que pagar todos los ciudadanos, mientras que los autores del mismo seguirán frescos, después de convertir al erario en un botín al que saquearon sin asco. No. Tendrán que responder.

Otro punto que causaba indignación es el de la tal autonomía universitaria, que han convertido a las universidades en territorio vedado para las autoridades, vándalos encapuchados bloqueaban los alrededores y agredían a la fuerza pública, en teoría impedida para ingresar. No. No existe ningún territorio donde la ley no pueda aplicarse, así que también se acabó la guachafita para los malandros que actuaban impunemente al interior de la universidades, creyéndose intocables.

Y así, todos quedaron notificados. Hasta algunos jueces, seguro petristas, que invadieron esferas del ejecutivo, casi que hasta intentando sustituirlo. Los puntos sobre las íes para todos. Es la aplicación estricta de la ley y el orden, y la respuesta a la ciudadanía de bien que aterrada asistía a la destrucción de la instituciones.

Después del falsete Santos y del pálido Duque, a quienes nunca les importó el país, y del desviado Petro, a quien tampoco le ha importado nada distinto a él mismo, tener en la presidencia a un patriota como Abelardo, nos hace sentir orgullosos ¡Por fin!!. ¡Tenemos presidente!!

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