
El concepto del «voto útil» empieza a tomar fuerza en la recta final de la campaña presidencial colombiana. La realidad política está mostrando que quien tiene la mayor posibilidad de pasar a la segunda vuelta es Abelardo De La Espriella. Esto no implica que se pretenda desconocer la legitimidad ni el derecho que le asiste a Paloma Valencia de continuar hasta el final.
Naturalmente, ninguna campaña sale a admitir públicamente que está perdida, o que su rival inmediato tiene mayores posibilidades. Eso sería suicida. Ningún candidato puede transmitir desánimo a sus seguidores ni dejar la sensación de que la batalla ya está definida, porque eso produciría un desmoronamiento interno y un trasvase de votos incontenible. No puede soslayarse la dimensión psicológica de la política. El elector que siente afinidad con una candidatura que empiece a mostrar signos de derrota, bajará el ánimo y buscará una mejor alternativa, porque hay un hecho cierto: a la gente le gusta sentirse parte de una opción ganadora, razón por la que, las más de las veces, busca eficacia en su voto, particularmente cuando, como ocurre en el caso de Abelardo y Paloma, las diferencias ideológicas entre las campañas no son radicalmente opuestas.
Entonces, empieza a ganar terreno la idea del voto útil, sobre todo en una realidad como la colombiana, donde la acechanza comunista es feroz. El elector, además de los afectos y los gustos, se ve forzado a ponderar las posibles consecuencias de una mala decisión, porque en la campaña de hoy no se está disputando el poder; se está enfrentando a la amenaza marxista. En consecuencia, empieza a aparecer la discusión del voto útil. Es natural que algunos electores de Paloma Valencia empiecen a enfrentarse a una pregunta ineludible: si todo indica que quien realmente tiene la capacidad de enfrentar y derrotar a Iván Cepeda es De La Espriella, ¿no resulta más razonable fortalecer desde la primera vuelta esa candidatura?
Eso no significa renunciar a unas convicciones ni abandonar unas ideas. Entre Paloma Valencia y De La Espriella existen diferencias de forma, de entorno político y de estrategia electoral, pero en lo esencial ambos representan una visión completamente distinta al proyecto marxista de Cepeda. Y precisamente por eso empieza a consolidarse la percepción de que el voto útil no es una traición política, sino una decisión pragmática frente a un riesgo oceánico.
Además, hay un elemento adicional que no puede ignorarse. Un triunfo muy amplio de De La Espriella en primera vuelta, incluso si no alcanza para ganar de manera definitiva, tendría un efecto político demoledor. Construiría un hecho incontestable, un resultado tan sólido y claro que dificultaría enormemente cualquier intento de maniobra de última hora por parte del gobierno de Petro, claramente interesado en que sea Cepeda el que gane las elecciones.
Mientras algunos sectores que integran la coalición «Frankenstein» de Valencia insisten en posiciones emocionales o en discursos casi puristas, una parte importante de sus propios electores parece estar haciendo un cálculo distinto, mucho más frío y práctico, porque tienen claro que estas elecciones no se parecen a ninguna otra. Aquí no se está discutiendo simplemente quién administra el Estado durante el próximo cuatrienio. Lo que muchos entienden es que Colombia está definiendo si continúa profundizando el camino del deterioro institucional o si todavía existe una posibilidad real de corregir el rumbo antes de que sea demasiado tarde.
Finalmente. Cuando las sociedades sienten que están ante una elección de supervivencia, el voto útil deja de ser una teoría electoral para convertirse en una necesidad política.
Hacia el voto útil
https://los.irreverentes.com/2026/05/hacia-el-voto-util/