Hacia un nuevo flanco en la “batalla cultural” en Colombia

Tras un gobierno muy flexible en muchos temas identitarios y sociológicos ahora el país se enruta a un escenario más ortodoxo, institucional y convencional en educación, cultura y el concepto de familia
El concepto de familia será uno de los temas centrales de la “batalla cultural” dadas las grandes diferencias que existen entre las visiones de los gobiernos Petro y De La Espriella al respecto

El concepto de “batalla cultural” ha ganado terreno en el debate público colombiano a raíz de la transición presidencial y los recientes nombramientos en el Gabinete Ejecutivo. Para un sector de la opinión y de la dirigencia política, el país asiste a un cambio de paradigma destinado a revisar la orientación ideológica de los últimos años; para otros, se trata de una redefinición de prioridades programáticas habitual en los regímenes democráticos. El fenómeno, en todo caso, plantea interrogantes sobre el rumbo de la educación, el patrimonio cultural y el concepto de identidad nacional en el nuevo periodo gubernamental.

La génesis del debate: hegemonía y sentido común

En el trasfondo teórico de esta discusión subyace la premisa de la hegemonía cultural planteada en el siglo XX por el pensador italiano Antonio Gramsci, según la cual el dominio político no se consolida únicamente desde la estructura económica, sino mediante el moldeo del “sentido común” y los valores de una sociedad. Desde sectores conservadores se argumenta que la izquierda global asimiló tempranamente este enfoque, concentrando sus esfuerzos en influir en la educación, las artes y los medios de comunicación, mientras que los sectores de derecha priorizaron tradicionalmente la gestión macroeconómica y la seguridad pública.

De acuerdo con esta lectura, la pugna cultural busca cuestionar o modificar las creencias tradicionales que estructuran la convivencia, tales como la democracia liberal, el sistema de libre empresa, las convicciones religiosas o la familia como unidad básica de la sociedad. En esa línea, voces críticas de la administración saliente de Gustavo Petro sostienen que durante dicho cuatrienio se promovió una agenda orientada a desacreditar valores preexistentes para dar paso a un nuevo sistema de creencias.

El debate no es ajeno al contexto internacional. En diálogo con EL NUEVO SIGLO, diversos analistas han señalado que figuras políticas de diversas latitudes han asumido disputas similares sobre el significado de la libertad, la patria y la historia frente a proyectos progresistas. Asimismo, se mencionan precedentes como los recortes al financiamiento de agencias de cooperación exterior por parte del gobierno estadounidense en 2025, un hecho que, a su juicio, puso en evidencia la magnitud de la red de gasto público orientada a promover contenidos ideológicos específicos en distintas partes del globo.

Identitarismo y la discusión sobre la ciudadanía

Uno de los ejes centrales del debate actual radica en el impacto de las denominadas políticas “woke” o del activismo identitario. Quienes respaldan la orientación del gobierno entrante señalan que estas corrientes tienden a fragmentar a la sociedad al clasificar a los individuos por sus rasgos extrínsecos —como el origen étnico, la orientación sexual o la adscripción religiosa— en lugar de promover los elementos intrínsecos comunes a todos los ciudadanos. Desde esta perspectiva, la multiplicación de categorías identitarias debilita el tejido social y genera comunidades atomizadas sin un relato compartido.

En el caso colombiano, sectores cercanos al nuevo oficialismo afirman que la gestión anterior impulsó enfoques en materia de género, ambientalismo y diversidad que resultaron divisivos. En el plano simbólico, actos como la modificación de protocolos o la alteración de espacios ceremoniales en la sede de gobierno fueron interpretados por sectores tradicionales como un esfuerzo deliberado por retirar la solemnidad a las instituciones del Estado.

En contraste, el discurso gubernamental entrante plantea una visión que busca trascender la segmentación por intereses particulares para retornar al principio de la ciudadanía unívoca, en el cual todos los habitantes quedan cobijados bajo la premisa de la igualdad ante la ley, independientemente de sus características individuales. 

El giro en el gabinete y los marcos de acción pública

La designación de nuevos titulares en carteras clave constituye la manifestación más visible de este cambio de rumbo. En el Ministerio de Educación, el nombramiento de Viviane Morales marca una clara diferencia frente a la gestión de Daniel Rojas, caracterizada por el énfasis en la educación para la paz y los enfoques diferenciales. Morales, conocida por su defensa de valores tradicionales respecto a la familia y la sociedad, asume el reto de orientar la política formativa con énfasis en el pensamiento crítico y el respeto institucional.

Un giro similar se observa en el Ministerio de Cultura, donde la llegada de Paola Holguín reemplaza el enfoque de la administración Petro —centrado en procesos comunitarios e inclusión diferencial— por una visión orientada a la protección del patrimonio, la dignificación de los artistas y la cohesión nacional sin distinción de sesgos políticos. A estos nombramientos se suman los de figuras como Enrique Serrano en la asesoría presidencial y Omar Bula en la Cancillería, decisiones que apuntan a proyectar la herencia cultural e histórica de Colombia en el escenario internacional.

Los límites constitucionales y la lectura sociológica

A pesar del énfasis del nuevo gobierno en promover un giro normativo y cultural, analistas académicos invitan a examinar el fenómeno con prudencia institucional. Sociólogos consultados por este medio enfatizan que, más que una “guerra cultural” en sentido estricto, Colombia atraviesa una transición ordinaria entre dos proyectos políticos con prioridades disímiles.

El sociólogo Octavio Mesa Yaguara explica que el gobierno saliente fundamentó sus programas en la reconciliación, la paz y la perspectiva ambiental, mientras que la nueva administración reorientará los esfuerzos estatales hacia la seguridad y el fortalecimiento institucional. Mesa precisa, además, la importancia de no confundir conceptos en el debate público: mientras que la expresión “ideología de género” se emplea en el ámbito de la confrontación política, la “perspectiva de género” es una herramienta técnica de análisis utilizada para reconocer la diversidad sin incurrir en discriminaciones.

Por su parte, la investigadora Andrea Carolina Redondo cuestiona la extrapolación del concepto de “guerra cultural” al ámbito colombiano, considerándolo una categoría importada que puede distorsionar el análisis. Para Redondo, lo observable es un fenómeno de “reacción política”, en el cual una nueva administración busca establecer una ruptura simbólica con el mandato previo, aun cuando las políticas educativas del gobierno saliente contaban con el respaldo de pronunciamientos de la Corte Constitucional y compromisos internacionales en derechos humanos.

En la misma línea, Carlos Charry, director del Doctorado en Estudios Sociales de la Universidad del Rosario, recuerda que la capacidad de los ministros para transformar la orientación del Estado tiene límites definidos por la Constitución y la ley. Charry subraya que el ordenamiento colombiano consagra la pluralidad y prohíbe la imposición de credos específicos en la educación pública, por lo que eventuales modificaciones de fondo requerirían mayorías en el Congreso o reformas constitucionales de alto costo político.

El panorama actual sugiere que Colombia no se encamina hacia una ruptura del orden institucional, sino hacia un reajuste en las prioridades de la política pública. Mientras el nuevo gobierno busca afianzar una visión centrada en la unidad nacional y los valores tradicionales, el contrapeso de las instituciones públicas y la diversidad de la sociedad colombiana fijarán los márgenes del debate. El desafío para la administración entrante consistirá, a juicio de los analistas, en implementar sus líneas programáticas salvaguardando los principios democráticos y la pluralidad consagrados en la Constitución de 1991.

. https://www.elnuevosiglo.com.co/politica/hacia-un-nuevo-flanco-en-la-batalla-cultural-en-colombia

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