Con el respaldo político escabulléndose cual arena entre los dedos y sin el pueblo de su lado- como quedó evidenciado el pasado domingo 15 de junio-, el petrismo ha optado por un atajo: La consulta popular por decreto que allana el camino a una Constituyente. ¿La apuesta? Vulnerar el orden constitucional y evitar que haya elecciones libres y democráticas en 2026.
Lo que desde el Gobierno han querido vender como un acto de audacia democrática es en realidad una forma tosca de chantaje institucional. A falta de votos, se invocan multitudes pagas. A falta de legitimidad se improvisa una legalidad a la medida. Y a falta de talento se resguardan en una kakistocracia en la que reclutan los nombres más impresentables de la política colombiana para tensar el orden constitucional, sin el menor de los escrúpulos.
En el llamado “Debate jurídico del año” organizado por Caracol Radio, La W y El País, los colombianos pudimos ver la aparición estelar de uno de estos personajes de dudosa reputación que dirigen los destinos de la nación y que es el reflejo vivo de las condiciones éticas de este gobierno: el ministro de Justicia, Eduardo Montealegre.
En lo que pretendía ser un cara a cara de alto voltaje intelectual, Montealegre enfrentó al constitucionalista Mauricio Gaona y dejó al descubierto sus propias grietas jurídicas y humanas. Entre citas de Habermas, referencias al constitucionalismo europeo y remisiones a tratados sobre legitimidad deliberativa; el Ministro intentó dotar al decreto y a su argumentación de un barniz sofisticado de erudición que se desmoronó apenas sonó la campana del primer round frente a la palabra aguda, serena y formada de Gaona.
‘Knockout’ a Montealegre
El exfiscal, hábil prestidigitador jurídico, apelaba a un “control excepcional difuso”, reivindicando su uso presidencial sobre actos del Congreso. Gaona le recordó que esa figura sólo existe en cabeza de los jueces, y que en ningún modelo democrático serio -ni siquiera en el presidencialismo norteamericano- el mandatario puede desoír abiertamente al Congreso. Luego, frente a la advertencia que Montealegre lanzó al Registrador nacional de que, de no acatar el decreto incurriría en prevaricato;
Gaona aseguró que ese recurso no solo es improcedente, sino que es una muestra de cómo se desdibuja la separación de poderes cuando un ministro habla como juez y actúa como fiscal. Más tarde, cuando el exfiscal intentó maquillar la consulta como un ejercicio de deliberación ciudadana, Gaona lo desarmó resaltando que deliberar no es imponer. No hay deliberación sin Congreso, sin Cortes, sin garantías. Finalmente vino el Knockout. Cuando Montealegre intentó esconder la incapacidad del Gobierno para lograr acuerdos, en los que ellos llaman “bloqueo institucional”, Gaona señaló que eso a lo que el peyorativamente se refiere como bloqueo, es a lo que la ciencia política denomina oposición, y que la oposición es el precio que se paga por tener una democracia.
‘Knockout’ a Montealegre
Pocos golpes bastaron para dejar certificada la envergadura intelectual de Montealegre. Sin embargo, el trasfondo de este asunto es más revelador en lo humano que en lo jurídico.
Montealegre está usando la soledad desesperada de Petro para pretender alcanzar algo de brillo en el ocaso de su carrera, mientras tramita sus frustraciones personales: nunca fue aceptado en los círculos académicos y sociales que ambicionó; renunció a la Corte Constitucional para representar a Saludcoop, en uno de los episodios más bochornosos del sistema de salud; como fiscal, instrumentalizó la justicia para perseguir enemigos políticos que le estorbaban a sus jefes (lo que lo dejó reducido a ser una ficha útil pero intrascendente de Juan Manuel Santos); su afición desmedida por el dinero lo ha alejado de construir una reputación respetable; su lucha casi pasional contra Álvaro Uribe Vélez ha develado su espíritu sinuoso y cobarde, que contrasta con la valentía frentera del expresidente, y en últimas, su ego es inmenso, pero su estatura moral diminuta y su legado inexistente.
Montealegre quedó en la lona. En el debate con Gaona se constató que detrás de su barroquismo verbal hay poca sustancia y que ni siquiera sus artificios retóricos alcanzan para ocultar lo que es: un jurista menor, consumido por su propia amargura que jamás podrá figurar en los libros de Derecho junto a los grandes académicos y jueces de nuestra historia democrática.
. https://www.elnuevosiglo.com.co/columnistas/knockout-montealegre
Con el respaldo político escabulléndose cual arena entre los dedos y sin el pueblo de su lado- como quedó evidenciado el pasado domingo 15 de junio-, el petrismo ha optado por un atajo: La consulta popular por decreto que allana el camino a una Constituyente. ¿La apuesta? Vulnerar el orden constitucional y evitar que haya elecciones libres y democráticas en 2026.
Lo que desde el Gobierno han querido vender como un acto de audacia democrática es en realidad una forma tosca de chantaje institucional. A falta de votos, se invocan multitudes pagas. A falta de legitimidad se improvisa una legalidad a la medida. Y a falta de talento se resguardan en una kakistocracia en la que reclutan los nombres más impresentables de la política colombiana para tensar el orden constitucional, sin el menor de los escrúpulos.
En el llamado “Debate jurídico del año” organizado por Caracol Radio, La W y El País, los colombianos pudimos ver la aparición estelar de uno de estos personajes de dudosa reputación que dirigen los destinos de la nación y que es el reflejo vivo de las condiciones éticas de este gobierno: el ministro de Justicia, Eduardo Montealegre.
En lo que pretendía ser un cara a cara de alto voltaje intelectual, Montealegre enfrentó al constitucionalista Mauricio Gaona y dejó al descubierto sus propias grietas jurídicas y humanas. Entre citas de Habermas, referencias al constitucionalismo europeo y remisiones a tratados sobre legitimidad deliberativa; el Ministro intentó dotar al decreto y a su argumentación de un barniz sofisticado de erudición que se desmoronó apenas sonó la campana del primer round frente a la palabra aguda, serena y formada de Gaona.
‘Knockout’ a Montealegre
El exfiscal, hábil prestidigitador jurídico, apelaba a un “control excepcional difuso”, reivindicando su uso presidencial sobre actos del Congreso. Gaona le recordó que esa figura sólo existe en cabeza de los jueces, y que en ningún modelo democrático serio -ni siquiera en el presidencialismo norteamericano- el mandatario puede desoír abiertamente al Congreso. Luego, frente a la advertencia que Montealegre lanzó al Registrador nacional de que, de no acatar el decreto incurriría en prevaricato;
Gaona aseguró que ese recurso no solo es improcedente, sino que es una muestra de cómo se desdibuja la separación de poderes cuando un ministro habla como juez y actúa como fiscal. Más tarde, cuando el exfiscal intentó maquillar la consulta como un ejercicio de deliberación ciudadana, Gaona lo desarmó resaltando que deliberar no es imponer. No hay deliberación sin Congreso, sin Cortes, sin garantías. Finalmente vino el Knockout. Cuando Montealegre intentó esconder la incapacidad del Gobierno para lograr acuerdos, en los que ellos llaman “bloqueo institucional”, Gaona señaló que eso a lo que el peyorativamente se refiere como bloqueo, es a lo que la ciencia política denomina oposición, y que la oposición es el precio que se paga por tener una democracia.
‘Knockout’ a Montealegre
Pocos golpes bastaron para dejar certificada la envergadura intelectual de Montealegre. Sin embargo, el trasfondo de este asunto es más revelador en lo humano que en lo jurídico.
Montealegre está usando la soledad desesperada de Petro para pretender alcanzar algo de brillo en el ocaso de su carrera, mientras tramita sus frustraciones personales: nunca fue aceptado en los círculos académicos y sociales que ambicionó; renunció a la Corte Constitucional para representar a Saludcoop, en uno de los episodios más bochornosos del sistema de salud; como fiscal, instrumentalizó la justicia para perseguir enemigos políticos que le estorbaban a sus jefes (lo que lo dejó reducido a ser una ficha útil pero intrascendente de Juan Manuel Santos); su afición desmedida por el dinero lo ha alejado de construir una reputación respetable; su lucha casi pasional contra Álvaro Uribe Vélez ha develado su espíritu sinuoso y cobarde, que contrasta con la valentía frentera del expresidente, y en últimas, su ego es inmenso, pero su estatura moral diminuta y su legado inexistente.
Montealegre quedó en la lona. En el debate con Gaona se constató que detrás de su barroquismo verbal hay poca sustancia y que ni siquiera sus artificios retóricos alcanzan para ocultar lo que es: un jurista menor, consumido por su propia amargura que jamás podrá figurar en los libros de Derecho junto a los grandes académicos y jueces de nuestra historia democrática.
. https://www.elnuevosiglo.com.co/columnistas/knockout-montealegre
