La época moderna nos ha traído grandes avances que, sin lugar a dudas, han simplificado nuestras vidas y facilitado actividades como la del comercio. Es el caso de las redes sociales.

No obstante, cabe advertir que el uso exagerado que ahora se hace de esta herramienta causa tremendos daños en quienes convierten las redes en elemento esencial y casi insustituible de su diario vivir. Al respecto, el Centro para las Adicciones, de Estados Unidos, dictaminó:

El uso adictivo de las redes sociales muestra muchas semejanzas con cualquier otro trastorno de abuso de sustancia”. Menciona, entre otras, la obsesión emocional y conductual en torno a ellas, el incremento del uso a lo largo del tiempo, la aparición de síntomas físicos de abstinencia y de conflicto cuando el usuario no puede acceder a ellas y el regreso a su uso intensivo después de un período de interrupción

Todos somos testigos de las reuniones sociales o las citas de una pareja en un sitio público supuestamente para interactuar, en las que cada uno se pasa el tiempo chateando en su celular sin mirar siquiera a su contertulio. Más lamentable aún es el poder que las redes han llegado a ejercer sobre nuestros jóvenes. Desde una temprana edad se enganchan a las redes, las cuales influyen en sus mentes todavía en formación más que sus padres. Ya no interactúan ni con su familia ni con amigos de su edad como era habitual en nuestra infancia. No les interesa pasear por la ciudad o por el campo, salir a ver las colegialas, jugar fútbol hasta que oscurezca, y mucho menos, practicar un deporte, una actividad artística o social que le robe tiempo a sus horas de encadenamiento a las redes. Y en el hogar se acabaron los almuerzos y cenas con los padres y hermanos. Cada uno llega de estudiar a encerrarse con su celular o PC en su cuarto, especie de santuario donde no puede ser interrumpido.

Es, ni más ni menos, que una silenciosa dictadura que nos roba nuestros más valiosos tesoros, a saber:

  1. Tu tiempo. No te permite cumplir a cabalidad con tus responsabilidades. Estás cautivado por lo que acaba de salir en las redes. Tampoco hay espacio para el tiempo libre que se necesita para cambiar de aire, descansar o dedicarte a lo que verdaderamente te puede hacer feliz;
  2. Tu capacidad de decidir. El continuo bombardeo de información va mutando tus propios intereses y maneras de pensar para entronizar los que habitualmente recibes a través de las redes, las cuales se van apoderando de tu voluntad, tus gustos, tus tendencias y acabas decidiendo lo que a diario te piden que decidas. Te conviertes, sin querer ni enterarte, en un esclavo de las redes.
  3. Tu identidad. Dejas de ser lo que eres pues las redes te imponen unos modelos de personas exitosas. Empiezas a imitarlas, a lucir como ellas, a modificar tus hábitos, a no creer en nada que no sea apropiado según el parámetro de las redes. Sientes que aún no eres feliz, pero sigues buscando con ansiedad en las redes sin detenerte a pensar que la felicidad no está en lo que adquieras o te ofrezcan sino en tu interior.

Socialmente también se evidencia el daño que causa el abuso de las redes sociales por parte de algunos de sus operadores:

  1. El sucio negocio de la prostitución se vale de la atracción del dinero y de los placeres para supuestamente calmar las ansiedades de incautos internautas ofreciéndoles material pornográfico o difundiendo imaginarios negocios para convertirlos en víctimas del tráfico de personas.
  2. La sustitución de valores espirituales y de la vigilancia familiar por la adicción a las redes lleva a miles de niñas aún en su etapa de adolescencia a ofrecer sus cuerpos virtualmente en una especie de repulsiva prostitución a distancia
  3. En Colombia, país signado por una polémica lucha de clases que pretende la toma del poder por parte de la izquierda radical mediante la utilización combinada de todas las formas de lucha, las redes sociales han jugado un papel preponderante difundiendo falsedades para estigmatizar a sus oponentes ideológicos y justificando los crímenes y desafueros cometidos por los representantes de la izquierda en el poder.

Ha llegado la maldad de algunos a utilizar las redes para motivar a los adolescentes en las zonas rurales a vincularse a las guerrillas para convertirlos en carne de cañón y escudos humanos contra la acción de las fuerzas del orden. Sabemos que más de 18.000 menores han sido reclutados forzosamente, la mayor parte de los cuales han sido torturados y violentados sexualmente, según los testimonios de las víctimas sobrevivientes.

Como señala con claridad William Mulligan en su obra “Ser un estoico”:

Si no asentamos nuestros cimientos sobre una filosofía moral, sea la que sea, acabamos viviendo a través de la cultura popular de las redes sociales”

Concluyo con un llamado a los amables lectores para que iniciemos una tarea de responsabilidad frente a los hijos para evitar los daños que el abuso de las redes sociales puedan causar en su conducta y en su personalidad. Limitemos el tiempo y las aplicaciones que pueden utilizar. Vigilemos su uso del tiempo, procurando que lo dediquen a actividades formativas, no degenerativas. Demos ejemplo nosotros mismos, limitando el uso del celular aquello relacionado con nuestra profesión o que nos ayude a ser mejores cada día. Estoy seguro que reaccionaríamos drásticamente contra alguno que pretendiera causar daño a nuestra mascota. ¿Por qué permitimos que desconocidos amparados en las redes sociales roben a nuestros hijos sus tesoros más preciados: su tiempo, su voluntad, su identidad, su felicidad?


Luis Alfonso García Carmona: Abogado. Escritor. Fundador de Alianza Reconstrucción Colombia.