La factura del 23%

Cada 2 de febrero, Estados Unidos celebra el Día de la Marmota: si el animal sale de su madriguera y ve su sombra, el invierno durará seis semanas más.
Esta costumbre inspiró Atrapado en el tiempo (1993), un clásico protagonizado por Bill Murray, quien revive el mismo día una y otra vez hasta aprender de sus errores y romper el ciclo.
Nuestro Día de la Marmota llega cada fin de año con la negociación del salario mínimo. Los empresarios defienden un ajuste cercano a la inflación y la productividad, mientras los sindicatos piden más.
Los mismos protagonistas, los mismos argumentos y casi el mismo libreto. El resultado suele quedar a mitad de camino, dependiendo incluso de factores ajenos, como la popularidad de la marmota.
Pero el pasado 29 de diciembre, el Gobierno se salió del guion: decretó un aumento del 23%, superior incluso al solicitado por los sindicatos.
Difícil de justificar técnicamente, pero más fácil de entender políticamente. Un año después, la factura ha llegado.
Este incremento, superior al 17% en términos reales, explicó más de la mitad del aumento del costo de vida. Sin los aumentos desproporcionados recientes, posiblemente tendríamos una inflación por debajo del 4%.
Un golpe al bolsillo de todos los colombianos, trabajadores y no trabajadores, pero sobre todo, y vale la pena repetirlo cuantas veces sean necesario, al de los más vulnerables.
Los efectos no terminan ahí. Las expectativas de inflación se desanclaron y el Banco de la República elevó su tasa de interés en 300 puntos básicos durante 2026, hasta 12,25%.
Comprar vivienda, financiar un negocio o invertir resulta más costoso, precisamente cuando la inversión permanece en mínimos históricos (16% del PIB). Todos perdemos.
También los propios trabajadores salieron perjudicados. Aunque el empleo agregado aumenta, entre los informales, cerca del 55% de los ocupados, aumentaron en 434 mil quienes reciben menos de un salario mínimo, mientras disminuyeron en 361 mil quienes ganan entre uno y 1,5 salarios mínimos.
Además, el incremento habría elevado el déficit fiscal en al menos $5 billones en 2026, cuando las finanzas públicas atraviesan el peor momento de su historia reciente.
Un costo que asumiremos los contribuyentes.
Y, sin embargo, parece que no aprendemos. Un exdirigente de la CUT ya propuso aumentar el mínimo 38,5%.
¿Por qué no 50% o 100%? Si el desempleo se acabara por decreto, sería sencillo.
En Corfi proyectamos una inflación de 6,8% y una productividad de 1,2%, que sugieren un ajuste técnico del 8%.
Necesitamos aprender para romper el ciclo, acordando lo técnicamente deseable. Incluso explorar alternativas, como salarios por horas o diferenciados por regiones.
La prosperidad no se decreta: se construye con crecimiento y productividad. De lo contrario, repetiremos la historia y seguiremos pagando la factura una y otra vez.
CÉSAR PABÓN
Director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana

https://www.portafolio.co/opinion/analisis/la-factura-del-504891

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