La ministra mentirosa

El de la ministra de ciencia petrista Yesenia Olaya, seriamente cuestionada por la inclusión de información falsa en su hoja de vida, no es el primero ni será el último caso de esa naturaleza. Abundan los funcionarios fantoches que se desviven decorando sus currículos con estudios y experiencias profesionales imaginarias.

El asunto, además de delatar el bajo nivel de quienes lo hacen, es de gran importancia. Ninguna confianza puede despertar en la comunidad una ministra que asegura haber sido profesora en Harvard, universidad que oficialmente la ha contradicho.

Quien miente con tanta soltura y desenfado no tendrá mayores dificultades en, para utilizar la expresión petrista, “mover la línea ética” para permitir o participar en delitos contra la administración.

El comportamiento de la ministra, además de indignante, es estúpido. En los tiempos que corren, es supremamente sencillo confirmar la veracidad o no de la información contenida en una hoja de vida. No hay que esperar meses para recibir respuesta desde otros países.

Es posible que la experiencia académica de la señora Olaya sea cierta y que los títulos que ostenta sean reflejo de su esfuerzo personal. Pero todo aquello ha quedado legítimamente en duda por cuenta de la patraña como supuesta docente del ‘Instituto de Investigaciones Afro y Latinoamericanos’ de Harvard.

El director de dicho centro aseguró que la participación de la ministra petrista en ningún caso puede ser considerada como docencia.

¿Era necesario que Olaya falsificara su CV para lograr el cargo que hoy ocupa en el Ejecutivo colombiano? Serán las autoridades competentes, empezando por la Procuraduría General, y continuando por la Fiscalía —es posible que la funcionaria haya cometido el delito de falsedad en documento privado— las que den respuesta a ese interrogante.

En términos políticos, por elemental decoro, Yesenia Olaya debió dimitir en el mismo instante en el que su selenosis fue desvelada, para mayor desgracia suya, por congresistas ideológicamente afines al régimen colombiano.

No hace muchos años, el país conoció los pormenores de otra gran impostura. Natalia Lizarazo García, quien utilizaba el rimbombante nombre comercial de Natalia Springer Von Schwarzenberg, además de inventar su nombre para mimetizar su origen humilde, elaboró una hoja de vida colmada de falsedades.

Se presentaba como “abogada” sin serlo. Gracias a ese fraude alcanzó a ser nombrada como decana de la facultad de derecho de la universidad Jorge Tadeo Lozano.

Para hacerse a miles de millones de pesos del erario, a través de jugosos contratos de consultoría, inventó una trayectoria académica que cualquier profesor de una de las grandes universidades del planeta envidiaría. Pero todo era absolutamente postizo.

Capacitaciones de tres semanas, fueron presentadas por ella como títulos de maestría. Seminarios de pocas horas como especializaciones.

Increíblemente, la justicia colombiana no quiso procesar a esa tramposa que defraudó al tesoro público elaborando teorías que en su momento fueron duramente cuestionadas y descalificadas por verdaderos expertos.

Alias ‘Springer’ fue tan desvergonzada que logró que el ICBF le diera un contrato para elaborar un estudio en el que se leía que el “fenómeno de la niña” aumentaba el riesgo del reclutamiento forzado de menores por parte de grupos armados ilegales (¡!).

Regresando al caso de la ministra de ciencia colombiana, ella lamentablemente se aferrará al cargo. Preferirá ser señalada, cuestionada y fustigada, pero desde su puesto en el alto gobierno. Y lo hará porque ella es de la clase de personas que cree en lo más profundo de su ser que renunciar es morir un poco.

7/04/2024 | Los Irreverentes

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