La nueva normalidad y los derechos de los ciudadanos

Para manejar los toros de lidia los mezclan con bueyes, y así los llevan tranquilamente al matadero.

Los impuestos los pagan los pobres y los recaudan los ricos para que se los gasten y malgasten los políticos.

Los impuestos afectan más a quienes ganan menos.

Contrario a lo que afirman los populistas, la gran realidad es: más impuestos, más burocracia y más pobreza.

El funcionamiento de los impuestos ya fue demostrado en artículos anteriores.

Un taxista me dijo: “Le tengo miedo al covid, pero más miedo le tengo a una recesión económica, porque genera mucha hambre”. Hay que pensar en la economía, sin descuidar el covid. Las recesiones generan violencia y esta puede dejar muchos más muertos que el covid.

A medida que avanza el covid, se oyen muchas teorías conspirativas que dicen que poco a poco los gobiernos están esclavizando los ciudadanos, lo cual suena muy descabellado, pero al analizar lo que está sucediendo y la definición de esclavitud, uno no puede menos que preocuparse.

Esclavo es quien trabaja de manera obligada la mayor parte de su tiempo para otra persona o entidad, sin recibir remuneración de ninguna clase, o también, quien le tiene que dar, obligatoriamente, la mayor parte de su ingreso a un tercero, sin recibir ninguna contraprestación.

Con la endemia ha habido un incremento sustancial del comercio y de las operaciones bancarias digitales, lo que traerá cambios sustanciales en nuestra forma de vida, empezando porque los canales digitales permiten una gran reducción de los costos operativos para los bancos y el comercio. Esto tiene implicaciones muy grandes: más utilidades para estos sectores, drásticas reducciones en el empleo y mucha mayor capacidad del gobierno para monitorear los ciudadanos. El nivel de monitoreo de la DIAN es tan alto, que ya manda declaraciones de renta sugeridas.

Preocupante y muy grave que la tasa de intermediación de Banrepública no esté todavía por debajo de 1%, y mucho, mucho, más preocupante, que los bancos no hayan trasladado esta reducción de tasas a los créditos de consumo y que el gobierno no los haya presionado para hacerlo. Hoy, los intereses en tarjetas de crédito siguen estando por encima del 20%, algunas casi 25% por encima de la tasa de Banrepública. ¡Por Dios, estamos en recesión! Por lo tanto, deberían haber caído al 10% o menos. Tampoco ha habido rebajas importantes en los intereses de los créditos hipotecarios. Es decir, la rebaja de las tasas de Banrepública está beneficiando a los bancos y no al ciudadano común.

Mientras, la endemia continúa y las esperanzas están en que las vacunas funcionen, o sea que falta bastante tiempo para salir de este tema, el gobierno colombiano, a nivel nacional y local, ignora de manera preocupante la realidad, tomando medidas que son pañitos de agua tibia o que contribuirán a agravar la situación; por ejemplo, ya se habla de una nueva reforma tributaria para aumentar impuestos, cuando es imperativo reducirlos.

El gobierno debería haber hecho ya un plan de choque, re-estructurar el gasto público y reducir los costos operacionales para hacerle frente a la reducción de ingresos, darle espacio a los nuevos gastos y aumentar de manera importante la inversión en infraestructura para generar empleo. Pero hace lo contrario, aumenta la burocracia. Es así como hace no mucho, el municipio y la gobernación anunciaron con bombos y platillos, sin que nadie protestara, que harán reestructuraciones aumentando la burocracia. ¡Y ni qué decir del aumento salarial a los congresistas!

La gente se está comportando como los toros bravos rodeados de bueyes.

Más grave aún: Hace poco se anunció que ya en Colombia se están haciendo, pruebas para eliminar el dinero físico. Este hecho, más el aumento del comercio electrónico, tiene como consecuencia que el estado, en el corto-mediano plazo, tendrá un poder fiscalizador muy alto y, por lo tanto, la evasión de impuestos deberá caer de manera sustancial, lo que debería llevar a una reducción importante de los impuestos y de la corrupción.

El estado se gasta lo que va a recibir antes de haberlo recibido y aumenta la burocracia inútil, justificándola con frases rimbombantes como “Hemos creado tal puesto para ayudar a tal minoría”, y para completar de justificar el aumento de burocracia, crean nuevas leyes. Estamos llenos de leyes que encarecen los costos, y en aras de disminuir la corrupción y el despilfarro los aumentan.

Mientras más burocracia, menos efectivo, y más lento un estado al momento de tomar decisiones importantes. Este hecho lo ha dejado al desnudo la pandemia. Funcionarios que se contradicen, cifras que muestran resultados contrarios a los esperados, y decisiones que deberían ser tomadas casi que inmediatamente, se toman meses después.

La obvia consecuencia es que los impuestos continuarán aumentando, y en un periodo no muy lejano de tiempo, la mayor parte de lo que se ganan los colombianos terminará en manos del estado, es decir, el ciudadano de a pie se está convirtiendo, paso a paso, en un esclavo del gobierno. A esto hay que sumarle el riesgo de que llegue a la presidencia un socio-chavista que acelere este proceso. Los ejemplos de Cuba, Venezuela y Argentina tienen que prender las alarmas.

Como si el nivel de monitoreo del estado sobre el ciudadano, a través del comercio electrónico, no fuera ya suficiente, con la justificación de que el bien común prima sobre el bien individual, se coartaron muchas libertades personales, y para rematar, se implementaron aplicaciones como coronapp, que monitorean, a través de su celular, dónde ha estado una persona. Estas aplicaciones en manos de un régimen totalitario y populista como el cubano o el venezolano, son peligrosísimas.

Ñapa

Qué estaría pensando el gobierno cuando pasó la ley 2068 de diciembre 31 de 2020, que reglamenta el turismo, desconociendo que hay muchísima gente que vive del turismo informal desde hace décadas. Esta norma es otro ejemplo más de que el gobierno está más interesado en aumentar la burocracia que en solucionar los problemas económicos causados por el Covid-19

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