La protesta social ¿el final de la democracia?

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Luis Alberto Ordóñez*

El fundamento de la democracia es que se haga el querer de las mayorías y bajo esa premisa se elige a los gobernantes, pero no solamente a la persona, sino su plan de gobierno; la promesa que entusiasma y motiva a dar el voto por ese candidato. Ese lider o lideresa, que gracias a su carisma, conocimiento y entendimiento de las necesidades de la sociedad, logra conectarse y prometer lo que la población desea para el futuro de la Nación, entonces su plan de gobierno se convierte en un compromiso.

La Constitución de 1991 dio herramientas muy importantes para la participación ciudadana: el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato. Pero además empoderó a la comunidad al darle acceso a la información mediante el derecho de petición y garantias para exigir sus derechos fundamentales mediante la tutela, así como poder clamar por el cumplimiento de las leyes utilizando acciones de cumplimiento. El fin de todas estas es que se escuché al ciudadano, se le responda, se atiendan sus inquietudes y se le soluciones los reclamos. Pronto la ley se movió a las empresas y entidades privadas, y estas también debieron atender derechos de petición y tutelas.

Lo que hoy en día vive Colombia, y que raya en la anarquía, es que bajo la bandera de la protesta social el Estado de derecho, al parecer, se acabó. Las herramientas que dio la Constitución del 91 y las leyes actuales, ya no satisfacen a un grupo de la población que prefiere las vías de hecho. Lo que no logró la narcoguerrilla en cincuenta años lo están logrando grupos extremistas, y posiblemente capitalizado por políticos sin escrúpulos, si no es que lo están liderando y patrocinando; desabastecimiento, reducción del aparato productivo, terror en la gente, desprestigio de la institucionalidad y lo peor, el irrespeto a la figura presidencial y todo lo que ella representa. Sin embargo, lo que puede quedar de esta dura etapa es la enseñanza de que las cosas se piden por las malas, con berrinche y llegado el caso generando caos y afectación de la vida normal.

No hace mucho un ex ministro de defensa se atrevió a decir que la protesta social se debía reglamentar y se le vino el mundo encima; le llovieron críticas, regaños y hasta irrespetos. Sin embargo, el tiempo le está dando la razón; esa herramienta constitucional, para hacerse sentir después de haber fallado los mecanismos anteriormente enunciados, se está convirtiendo en el escenario propicio para el actuar de los violentos aprovechándose de quienes tienen exigencias válidas, y está remplazando la democracia pues grupos minoritarios, con capacidad de acorralar al gobierno, empiezan a colegislar; paran proyectos de ley, imponen condiciones, pretenden modificar el presupuesto de la Nación y hasta exigen acabar con el Esmad y modificar la Fuerza Pública. En un acuerdo del gobierno con manifestantes del Valle del Cauca se acordó que estos pueden revisar la carga que transita hacia el puerto de Buenaventura; ¿haberse visto tamaño despropósito? Entonces hay que preguntarse: ¿para qué tenemos Congreso de la República? ¿para qué hacemos elecciones? Con estas imposiciones de las minorías, ¿para qué democracia? El mensaje es claro y pareciera propiciado por los poderes del Estado: el que no pida las cosas por las malas no se le conceden y tampoco se le pone atención. Es como en la casa cuando los padres solo atienden al hijo que usa la pataleta para obtener lo que quiere, aún pasando por encima de los otros hermanos que lo hacen con respeto y moderación. ¿Por qué no se acude a los mecanismos de participación ciudadana, como debe ser?

El fin de la democracia es cuando el Estado no hace respetar las normas y solo atiende a los que son capaces de generarle afectación: grave error, porque quiere decir que todo se pide por las malas y entonces, entre mayor sea la capacidad de afectación, mayor será la atención que se le preste a un grupo u otro, y de las mayorías nada, pues los pacíficos y respetuosos de la normas jamás serán tenidos en cuenta, o si no, preguntémosle a la gente trabajadora de Cali, actualmente sometida a la pérdida de sus derechos fundamentales.

*Vicealmirante (Ra). PhD.Periódico Debate, 29/05/2021

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