La Tercera Gran Revolución Comunista

Ahora la nueva revolución totalitaria expropiará a la humanidad entera para mayor beneficio de la élite globalista que vivirán como dioses en sus búnkeres o sus islas paradisíacas.

Estamos viviendo los prolegómenos de la tercera gran revolución comunista tras la soviética y la china, y esta vez es de alcance mundial. Como las dos primeras, la tercera irá acompañada – si no se aborta- de una devastadora hambruna, una hambruna como probablemente no la haya conocido jamás la humanidad. Si con la primera revolución comunista se produjo una confiscación descomunal de la riqueza en beneficio de unos cuantos banqueros con sede en la City de Londres y en Wall Street; con la tercera el expolio será mucho mayor. Será planetario. El gran reinicio prevé la eliminación del dinero en metálico y la centralización extrema de la banca, así como la confiscación directa o indirecta de todos los bienes a cambio de la condonación de las deudas. Deudas en las que incurrirá sin duda de forma creciente la mayor parte de la población a causa de los confinamientos tiránicos.

Todos viviremos o sobreviviremos, los que lo hagan, de las migajas del supra estado mundial satánico. Janet Yellen, la ex presidenta de la Reserva Federal propuesta por el incierto presidente de los Estados Unidos elegido a dedo por el estado profundo Joe Biden como jefa suprema de la secretaría del tesoro de Estados Unidos, se dispone a imprimir 1,9 billones de dólares para superar “en teoría” la crisis provocada por los confinamientos decretados por los grandes banqueros. El verdadero objetivo del paquete de estímulo como lo llaman no es otro, por supuesto, que engordar aún más las cuentas bancarias de los billonarios afines a los globalistas, objetivo que se disimulará entregando por unos meses a los ciudadanos norte americanos un pequeño subsidio “temporal” para alimentar su pasividad y su conformismo ante el golpe de estado sanitario. La bolsa seguirá subiendo por un tiempo desde luego, porque la mayor parte de la ayuda acabará en las arcas de las grandes corporaciones que cotizan en la misma. Que la bolsa se derrumbara sería una bendición para la economía real puesto que supondría la debacle de las corporaciones comunistas o totalitarias alimentadas por el estado, siempre claro está que se nacionalizara la banca y se pusiera al servicio de los ciudadanos. La mayoría de la gente no vive de la bolsa, la bolsa nos roba en realidad tanto la bolsa como la vida.

Los confinamientos están arruinando a las economías occidentales que es lo que los banqueros masones quieren, confinamientos que no se practican en China o se hacen de forma selectiva o simbólica para engañar a la población mundial, de forma que el desarrollo de la misma prosigue imparable y eclipsará completamente dentro de poco al resto de los países. No digo que China ha exportado el virus porque el virus no existe, lo que ha exportado ha sido la alarma y el pánico, y eso porque así lo han querido los banqueros luciferinos. China no es más que su pantalla. Su biombo coloreado por así decirlo. Lo cual resulta muy conveniente pues la gente culpará a los chinos de sus males cuando los responsables son los grades banqueros como los Rothschild.

Algunos han dado la voz de alarma ya en los Estados Unidos acerca de la inminente ruptura en la cadena de suministros que vaciará las estanterías de los supermercados cuando se produzca. Por supuesto el cierre arbitrario de bares y restaurantes está arruinando a numerosas granjas y proveedores, muchos de los cuales serán incapaces de recuperarse.

Está muy claro que los banqueros van a alimentar a quienes ellos deseen, en especial a sus perros guardianes. Bill Gates, el célebre genocida y el asesino del masas que utiliza vacunas como arma en vez de bombas, es el mayor propietario de terrenos de cultivo en Estados Unidos, terrenos que seguramente dejará en barbecho. Dispone de 98.000 hectáreas para siembra. Primero nos envenena y ahora quiere matarnos de hambre sin la menor duda. Los globalistas pretenden con toda seguridad librarse de los pocos campesinos que quedan y hacinarnos a todos en cubículos en ciudades distópicas en las que sólo se podrá salir a la calle cuando esta gentuza quiera. Las ciudades resultan más fácil de controlar que las zonas rurales en donde uno siempre puede echarse al monte y dedicarse a cazar conejos. Quieren el campo libre para extender sus grandes corporaciones de alimentos transgénicos como Monsanto.

Los reyes de taifas pueblerinos españoles, o sea los presidentes de las comunidades autónomas que de autónomas no tienen nada, dependen de la City de Londres, una ciudad que muchos de dichos presidentes no habrán visto en su vida, se encuentran muy a gusto con el poder absoluto que les han concedido por delegación los banqueros como Yellen que se dispone a convertir definitivamente el tesoro de Estados Unidos, en israelí. Están encantados con el nuevo rol de sátrapas del imperio sabateo; ellos nacieron para sátrapas por la gracia de Dios o del diablo (de quién provenga la gracia les da lo mismo, ellos sólo quieren llevarse a casa la silla del parlamento autonómico). Los monarcas y aristócratas hace mucho que se hicieron gnósticos o masones por necesidad, conveniencia o instinto de supervivencia. Ellos sólo quieren su corona y les importa un rábano quien se la ponga en la cabeza siempre que no sea de espinas y que luzca algún diamante que otro que son para siempre o eso es lo que ellos sueñan. Les pasa lo mismo que a Marilyn Monroe sólo que ella era más guapa. Los reyes de taifas serán muy pronto comisarios del nuevo estado totalitario y global comunista, y se quedarán tan panchos; hasta que se produzca alguna purga que se los lleve por delante que se producirá sin duda si la revolución prospera. Siempre fueron partidarios de la tiranía (la mamaron, la llevan en la sangre) sea del color que sea y ahora es roja.

El comunismo era una cosa que los españoles tan sólo conocían de oídas; ahora están empezando a conocer el verdadero significado de la palabra. En cuanto al fascismo no era en realidad más que la salida de emergencia (y la trampa en que cayeron) que le brindaron los banqueros, mayormente judíos aunque había de todo, a los clases medias y altas tradicionales exasperadas por la emergencia del comunismo luciferino financiado por ellos mismos. El fascismo no era más que el ala derecha y nacionalista de la masonería, y el comunismo el ala izquierda, en medio de ambas o por encima de ellas reinaban y reinan los grandes banqueros masones o sabateos que hacen y deshacen guerras y países. Uno no puede sino compadecer a los activistas que todavía piensan que el comunismo o el marxismo tienen algo que ver con la justicia social cuando lo que les interesa a sus promotores verdaderamente es la ingeniería social.

El fascismo en España no tenía los rasgos ocultistas que presentaba en otras partes de ahí que muchos no lo considerasen propiamente tal; quizás porque la masonería no se había infiltrado tanto en los partidos de derecha. Se declaraba cristiano o católico, pero era un catolicismo anquilosado, vacío, formal, de letra muerta y no es de extrañar. La gnosis ya había cuajado en todas partes. Había impuesto su aberrante y miope visión del mundo.  Su maniqueísmo de buenos y malos absolutos cuando sólo hay, en todo caso, malos absolutos y buenos relativos. El ocultismo está detrás tanto del comunismo como del fascismo, sólo hace falta escarbar un poco. El ocultismo es ahora la ciencia de las ciencias en todas partes y hay más brujas y hechiceras que en el Imperio Romano. El actual es comunista y sionista, de ahí la emergencia de la cábala y que los parlamentos parezcan conventículos de brujas.

Si la revolución comunista rusa expropió a todos los rusos en beneficio de los banqueros judíos como Jacob Schiff, y la revolución maoísta a los chinos. Ahora la nueva revolución totalitaria expropiará a la humanidad entera para mayor beneficio de la élite globalista que vivirán como dioses en sus búnkeres o sus islas paradisíacas como la isla pedófila de Epstein, entretenida con los banquetes caníbales de Marina Abramóvic, mientras la población planetaria convertidos en esclavos o conejillos de Indias se dedicarán a engrasar la maquinaria totalitaria con su sudor y con su sangre. La nueva revolución fracasará sin duda a corto o largo plazo. La revolución siempre devora a sus propios hijos y esta vez está más hambrienta que nunca; se quiere comer el mundo entero. Pero cuanto antes fracase, menos hambre pasará el resto de los mortales.

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