Finalmente le costará caro al alcalde Quintero la demanda que EPM presentó en contra de los constructores de Hidroituango sin haberla sometido a una matriz de riesgos.

Me atrevo a decir que esta decisión temeraria podría marcar el fin de su carrera política. Hasta quienes lo apoyaron desde Bogotá, los alfileres de la política tradicional como Germán Vargas Lleras y César Gaviria, tienen que estar preguntándose si han apuntado al caballo correcto para infiltrar a Medellín con sus intereses políticos y económicos. De hecho, el caso de EPM es solo la punta de un iceberg, y el síntoma de una manera de hacer política, que hoy está saliendo a flote. Cada día se desenmarañan más las prácticas politiqueras de Quintero y de su cohorte. Por ejemplo, quienes conocen los detalles del cómo y del porqué fueron despedidos el director de Ruta N, Juan Andrés Vásquez, y la secretaria de desarrollo, Paola Vargas González, saben que pagaron el precio por rechazar las presiones que llegaron directamente del alcalde, y de su fiel secretario de gobierno, para contratar a amigos de amigos. “Usted es bueno técnicamente pero no políticamente”, le dijo al director de Ruta N el secretario de gobierno, cuando lo intimidó para presentar su renuncia frente a la junta directiva. Daniel Quintero no liga con independencia y transparencia, como lo vamos a descubrir cada vez más en los próximos días, liga con intereses particulares y nepotismo.

Pero el destino político de Daniel Quintero y del comité de negocios que lo apoya poco importa. Lo realmente preocupante es que los juegos mediocres de la politiquería están poniendo en peligro la sobrevivencia de la misma EPM, y de empresas antioqueñas de excelente reputación. Además en peligro están el juego democrático y el destino de Medellín. Por eso lo único que puede salvar lo que durante décadas se ha logrado construir con enormes sacrificios y esfuerzos es la cooperación de todas las fuerzas sanas de la ciudad. Le ha llegado a Medellín la hora de elegir la unidad, de tener la valentía de poner al lado hasta las diferencias ideológicas y lo que nos ha polarizado, para encontrarnos alrededor de un propósito superior; salvar a Medellín y generar su próxima evolución.

Durante los últimos días he hablado con decenas de empresarios, líderes sociales, intelectuales que me han expresado la rabia y el dolor por las actuaciones del alcalde. Muchos, incluso quienes votaron por Quintero con convicción, me han confesado su decepción profunda. Ahora bien, jurar en contra de la oscuridad es necesario, pero no es suficiente. También hay que encender muchas luces y dar una respuesta de futuro a la crisis del momento. De hecho, este no es el momento de enroscarse sino de abrirse aún más a las necesidades y a los problemas de la ciudad. Hay que volverse ciudadanos-protagonistas y esto significa rechazar el sometimiento a lógicas perversas de poder, hacer un ejercicio de ciudadanía, y aportar a un protagonismo democrático más integral. Esta crisis es una invitación a un mayor compromiso. ¡Levántate Medellín!.

Aldo Cívico, El Colombiano, 22/08/2020

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