LLEGARON LOS VETERANOS.

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CR (V) JUAN LUIS GUTIÉRREZ RESTREPO.

Esta profunda crisis de la sociedad colombiana, reafirma la fragilidad de nuestra arquitectura institucional, pero también descubre otras fisuras que no habíamos percibido.

Si bien es cierto, este gobierno heredó muchos problemas de la administración anterior, que dificultan el desarrollo de lo que se propuso en campaña el Centro Democrático para llevar a la presidencia a Iván Duque Márquez; no todo lo que esta sucediendo se le puede poner el espejo retrovisor y aquí comienzan las responsabilidades del jefe del Estado en la conducción de la nación.

Haber sido funcionario del BID y senador de la república, evidencia que no es la escuela necesaria para asumir la conducción de los destinos del país. Duque, al momento de ser ungido como presidente “no tenía el país en la cabeza” y esto ha sido un factor determinante con profunda incidencia en el proceso racional de toma de decisiones, amen de muchos otros componentes propios de su personalidad que se exteriorizan, limitando su gestión de gobierno y de manera particular el ejercicio de la autoridad. Aunado al hecho de que se ha rodeado de un sanedrín, que lo mantiene aislado y solo, a cuenta gotas, le entregan alguna información que lo lleva a uno como ciudadano a percibir que el presidente vive en una burbuja de cristal, totalmente desconectado de la cruda realidad nacional. Cuando se le escucha, parece que estuviera recitando un discurso que se ha aprendido de memoria, pero que ni conecta y menos aún, convence.

No se puede pretender que el presidente sea un experto en todos los asuntos propios de la conducción del Estado, pero sí tiene la obligación de rodearse de un grupo de asesores, que son sus ministros, para poder desarrollar su programa de gobierno y garantizar la vigencia del Estado Social de Derecho consagrado en la Constitución Nacional.

Quizás en el área donde son más evidentes los errores y la improvisación estratégica es en el sector defensa. Duque, recibió un país con los turbo motores de la economía ilegal a plena marcha: inundado de coca, con la minería ilegal disparada, el contrabando desbordado, una corrupción imparable, el trafico de armas, explosivos y municiones alimentando todos los grupos delictivos, con una FFPP dividida y fragmentada por el proceso de paz que le metieron contra su voluntad y que ya estaba en implementación y un vecino, Venezuela, con una profunda crisis humanitaria y económica, con ganas de generar un conflicto fronterizo; pero nombró a Guillermo Botero, a la persona menos indicada como ministro de defensa, que por su experiencia y formación profesional, era el ideal para la cartera de industria y comercio y después de una año de gestión desastrosa, se cayó por la presión del Congreso. Además, dejó la cúpula militar que venia de la administración Santos, seis meses y aquí de entrada se perdió un año de gestión y el país incendiándose.

Después, hicieron el enroque con Carlos Holmes Trujillo, que ya venia haciendo campaña para ambientar su aspiración presidencial del 2022, instrumentalizando políticamente a la Fuerza Pública (FFPP) con fines electorales, intentando mostrar una gestión que le permitiera soportar su candidatura. La Seguridad produce votos. Y si no hubiera fallecido, en estos días debería estar renunciando para no inhabilitarse en su anhelado sueño de ocupar el solio de Bolívar y viene el tercer ministro de defensa, Diego Molano y que con el general Zapateiro, también completa el tercer comandante del Ejército Nacional; es decir en tres escasos años de gobierno, ya van tres ministros de defensa y tres comandantes del Ejército. Y el país, ya incendiado. Entre otras razones por el fuego generado por la equivocada gerencia de la pandemia del covid-19 y la reforma tributaria, que con solo recortar la burocracia que perversamente alimenta la gobernabilidad, habríamos conseguido los recursos que pretendía recaudar.

La cartera de Defensa, además de tener la responsabilidad de la conducción de la Seguridad y Defensa y para eso tiene aproximadamente 400.000 efectivos de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional, debe gerenciar 18 entidades del Grupos Social y Empresarial del Sector Defensa (GSED), cada una con la problemática propia de su objeto social. Este alto nivel de rotación, quizás en el ministerio más sensible y critico del país, como es el de Defensa; exige, además de las competencias técnicas y conocimiento de la problemática del sector, estabilidad y continuidad a fin de garantizar una gestión eficiente y con resultado medibles y observables de beneficio para toda la comunidad que impacten directamente en su razón de ser: La Seguridad y Defensa de la Nación.

El país se sostiene y se resiste a caer en el abismo no por el Presidente ni por el ministro de turno, o por los partidos políticos que se nutren de la nómina oficial para sostener sus apoyos electorales, menos aún por los organismos multilaterales, o por las delegaciones diplomáticas que viven el sueño dorado de todo burócrata, o por los gremios de la producción, o por el sector financiero, o por la confianza inversionista, o por los medios de comunicación, o por el desprestigiado Congreso de la República, o por las Altas Cortes, pese al cartel de la toga; se sostiene, gracias al sacrificio heroico de ese Policía y Soldado, que en medio la montonera enceguecida y alienada, defiende, aún al precio de su propia vida, esta frágil democracia soportada en unas instituciones tambaleantes y que en la gran mayoría de las veces la retribuye con desprecio, humillación y también por que no reiterarlo, con unos pésimos salarios y una total inseguridad jurídica para cumplir su misión Constitucional.

Cuando el Gobernante es débil en la conducción del Estado, pierde la autoridad y la masa, llena de odio y resentimiento social, aprovecha y genera el caos. A este Gobierno se le salió el país de las manos. Faltan ministros que asuman riesgos e impongan el orden y la autoridad o por la «razón o por la fuerza.» El ciudadano, se siente abandonado por el Estado y en manos de los delincuentes y comienza a asumir la propia defensa de su vida y patrimonio.

Desde el día de las elecciones del 2018, Petro le notificó al Presidente electo Duque que le incendiaria el país…y no lo creyó…y ya vamos para el tercer año de gobierno…y cada dos o tres meses le hacen la prueba acida y el Ejecutivo sigue mostrando su debilidad y su temor a tomar decisiones e imponer la autoridad. Mientras las FFPP no tenga un mando que sea superior a los cálculos políticos del ministro de turno, seguiremos viendo como la montonera atropella y agrede a los Policías y Soldados, que se sienten sin ningún respaldo.

Una cosa es la protesta social, que esta claramente garantizada por la Constitución y por la Ley y a la cual tienen la obligación las autoridades de permitir y proteger; otra muy distinta es el terrorismo puro y duro de acuerdo a lo que estable el Título XII Delitos Contra la Seguridad Publica del Código Penal y que se materializa en la destrucción del patrimonio público y privado, el bloqueo de vías para impedir la movilidad y los abastecimientos de víveres y poner en riesgo la seguridad alimentaria de millones de ciudadanos; que este gobierno teniendo todos los recursos para evitarla y neutralizarla, fue incapaz, o por ingenuidad o por negligencia. Ya el daño en el aparato productivo este hecho y ahora se vienen infinidad de demandas contra el Estado por parte de muchos ciudadanos y pequeños empresarios que quedaron en la más absoluta miseria por la omisión de las autoridades en el cumplimiento de sus obligaciones y después la consabida condena, que se termina pagando con cargo al presupuesto nacional. Bienvenido el dialogo social para lograr la concertación en la solución de los problemas, pero no se puede ceder el ejercicio de la autoridad por la intimidación y el caos generado por las vías de hecho y la anarquía. Es en esta coyuntura donde se pone a prueba y se mide el carácter del gobernante.

Es en este escenario donde las Agremiaciones de Veteranos tienen que hacer sentir su voz de respaldo a la FFPP, pero también exigirle al gobierno que ejerza su autoridad y para eso tiene además de la FFPP muchos recursos, verbi gracia hacer uso del artículo 213 de la Constitución y decretar el Estado de Conmoción Interior, para conjurar la crisis y no dejar que el país se incendie. Este gobierno le pavimentó el camino a la presidencia a Gustavo Petro, por su debilidad e incapacidad de ejercer la autoridad. El ciudadano reclama autoridad y no vacilación.

Llegaron los veteranos de la FFPP. Ya estamos en campaña para las elecciones del 2022 donde nominaremos a los integrantes del Congreso de la República y Presidencia. Los partidos y movimientos políticos comienzan a sentir el desespero para conseguir apoyo y los votos necesarios que les permitan continuar usufructuando lo Público en beneficio de sus maquinarias. “Votos por puestos y puestos por votos” … Casi todos, tocan las puertas de los “veteranos”, con los mismos halagos y promesas, que cada cuatro año se repiten y cada cuatro años se incumplen. Y el país, en vez de avanzar por la senda del progreso y desarrollo, para generar una mejor calidad de vida para todos los colombianos; retrocede, cayendo en una profunda crisis de gobernabilidad y acerándonos peligrosamente a la categoría de “Estado Fallido” que ya vivimos en épocas de Andrés Pastrana, otro delfín “que no tenía ni le cabía el país en la cabeza”.

Somos aproximadamente 250.000 “veteranos” de la FFPP, “con el país en la cabeza”, un amplio conocimiento de su problemática, con una sólida formación académica y experiencia administrativa, que nos permite asumir con responsabilidad y desempeñarnos con eficiencia los cargos públicos de elección popular. Ya en las pasadas elecciones de “mitaca”, unos 150 miembros de la reserva fueron electos para alcaldías, concejos municipales y asambleas departamentales y han desarrollado una excelente gestión administrativa en beneficio de sus comunidades.

Con total autonomía postulemos, en las próximas elecciones para el Congreso de la República nuestros propios candidatos, sin tenerle que pedir el aval a ningún partido y no hipotecar nuestra independencia y poder ejercer los cargos, siempre buscando la defensa de los intereses superiores de la Patria, que hoy están seriamente amenazados.

El camino no es fácil. Debemos comenzar por superar nuestras diferencias personales, despojarnos de toda vanidad, egoísmo o protagonismo, para lograr, entre todos, construir una propuesta viable, aceptable y conducente, que nos permite llegar al Congreso de la República con unas amplias mayorías y ser un factor decisivo en la elección presidencial. Más del 50% del electorado colombiano tradicionalmente no vota y quizás la razón de fondo es por que no encuentra un programa, que no solo le genere confianza, sino que también le permita vislumbrar un horizonte promisorio para continuar desarrollando su proyecto de vida y de sociedad en la Colombia que todos soñamos y que todos nos merecemos. Ese voto abstencionista es donde podemos encontrar el apoyo y el camino para llegar al Congreso y por qué no, a la Presidencia de la República.

Las agremiaciones de Veteranos deben entender el momento y dar el salto cualitativo, de la política gremial a la política partidista y electoral, sin pisotear sus estatutos; y convertirse en lo catalizadores que permitan optimizar nuestras organizaciones y convertirlas en movimientos políticos con miras a las elecciones del 2022.

Los tiempos son cortos, porque por tarde en enero del 2022, ya debemos tener definido nuestro camino y haber cumplido todos los requisitos legales para participar en el debate electoral. Dentro del respeto por las personas, hay espacio para todos. Nos une la defensa de los Valores Superiores de la Patria, por encima de las mezquindades de la política partidista que nos tiene sumidos en el subdesarrollo y la polarización.

Llegaron los Veteranos, para restablecer el orden y la autoridad y garantizar la democracia.

Acompáñanos a derrotar la izquierda castro-chavista, rescatar el plebiscito que nos fue robado,
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