Mora devela falencias de un proceso de paz que nunca tuvo norte

Han causado revuelo en algunos círculos políticos y mediáticos las recientes revelaciones del general retirado Jorge Enrique Mora, excomandante de las Fuerzas Militares, sobre la negociación del acuerdo de paz con las Farc. Se trata de una opinión más que calificada en la medida en que el alto oficial integró en su momento la mesa de negociación en La Habana y en repetidas ocasiones expresó ante el propio gobierno Santos los riesgos que advertía sobre lo que se estaba pactando.

Es más, era tal su inconformismo que en varias ocasiones pensó en renunciar al equipo de negociadores del Gobierno, pero un significativo número de oficiales activos y retirados lo persuadió, argumentando que su presencia en los diálogos con la guerrilla era el único mecanismo que tenía el estamento castrense y policial de saber lo que allá pasaba. Además, su presencia actuaba como ‘freno de mano’ ante el riesgo de más concesiones excesivas a la subversión.

En ese orden de ideas, se equivocan quienes replican ahora que las críticas de Mora son tardías. En realidad, sus últimas declaraciones no hacen más que confirmar lo que había advertido en el momento mismo de la negociación habanera. Es más, Mora fue clave en la objeción que llevó a que, a última hora, el 24 de noviembre de 2016, horas antes de la firma del ‘renegociado’ acuerdo de paz en el Teatro Colón, se tuviera que agregar al texto una fe de erratas aclarando un artículo sobre la responsabilidad del mando en la Fuerza Pública en acciones relacionadas con el conflicto armado.

Cabe resaltar que Mora fue miembro activo del Ejército Nacional hasta 2003. Se le considera uno de los comandantes más influyentes dentro de la institución. Incluso, desde el Comando de las Fuerzas Militares, cargo que asumió en 2002, inició el endurecimiento del accionar militar contra las Farc, con el Plan Colombia como principal motor.

Precisamente, en palabras del propio general Mora, llegó al equipo negociador de La Habana “con una exigencia de parte mía: que mi participación estuviera supeditada a la aceptación y el respaldo del mando militar y a la aceptación y el respaldo de la reserva activa de las Fuerzas Militares”.

Tres puntos

Las más recientes y reveladoras declaraciones respecto de lo ocurrido en Cuba las dio el general Mora el miércoles de la semana pasada (18 de noviembre) en la Universidad Militar Nueva Granada. El claustro, a través de su Instituto de Estudios Geoestratégicos y Asuntos Políticos, organizó el conversatorio “Balance de los cuatro años del Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y las Farc, aciertos y desaciertos”.

En ese marco Mora señaló tres puntos que consideró graves del proceso de negociación.

En primer lugar, que la administración Santos había dado lugar a disminuir el ímpetu de la acción militar contra las Farc. “El Gobierno no definió una estrategia militar adecuada a la estrategia de negociaciones. Hay una negociación y un divorcio tremendo entre la estrategia militar y la estrategia de negociaciones. Sin embargo, lógicamente el presidente les exigió a las Fuerzas Militares un respaldo al proceso y el respaldo de los militares al proceso se materializó en la disminución del ímpetu de operaciones en el campo de combate”, sostuvo. Agregó que “estoy convencido que las Fuerzas Militares y la Policía Nacional en el campo de combate, en el enfrentamiento con las Farc, lograron la victoria militar”.

Mora también expuso que se instaló una mesa paralela. “El equipo negociador del Gobierno a la hora de la verdad no fue el equipo negociador. Yo considero que la presencia, la organización del equipo se hizo más para mostrar que había un grupo de personas que a nombre del Gobierno estaban sentados en La Habana con las Farc haciendo un proceso de negociaciones, pero la realidad es que el presidente utilizó a sus negociadores especiales y privilegiados, como el doctor Iván Cepeda, como el doctor Álvaro Leyva, que iban y regresaban de Bogotá a La Habana, llevando mensajes y llevando propuestas a las Farc, no al equipo del Gobierno”.

Como tercer punto, el general retirado aseguró que al comparar el Acuerdo del Teatro Colón con el suscrito (26 de septiembre de 2016) en Cartagena, que fue negado en el plebiscito (2 de octubre de ese mismo año), el ‘renegociado’ tras el triunfo del No en las urnas les concedió aún más beneficios a las Farc.

En mes y medio, explicó Mora, “se fue un equipo del Gobierno para La Habana, hicieron cambios en el Acuerdo firmado inicialmente y se les favoreció aún más a las Farc. Ese es mi punto de vista”.

“El plebiscito se perdió y la fórmula a aplicar como alternativa fue todo lo contrario a lo que se le había dicho al país. El presidente antes del plebiscito les dijo a los colombianos: si el plebiscito se pierde, a mí me toca llevar los guerrilleros de las Farc de La Habana al monte, porque el conflicto sigue. Lo mismo le dijo al país el doctor Humberto de la Calle. Pero así se engañó a los colombianos, porque hubo una forma alternativa de aprobar los acuerdos, como no se le había dicho al país anteriormente”, advirtió el general Mora.

Fe de Erratas

El 24 de noviembre de 2016, minutos antes de suscribir el Acuerdo Final en el Teatro Colón de Bogotá, Gobierno y guerrilla publicaron una extensa Fe de Erratas con la que eliminó, entre otras cosas, de la página 164 del texto la referencia al artículo 28 del Estatuto de Roma, sobre la responsabilidad de mando en caso de agentes de la Fuerza Pública.

Efectivamente, el punto 7 de la Fe de Erratas señaló: “En la página 164 del Acuerdo Final, en el subpunto 5.1.2 en el numeral 59, se elimina la frase ‘tal y como indica el artículo 28 del Estatuto de Roma’ y se reemplaza por ‘tal y como se establece en el derecho internacional’, quedando así: Se entiende por control efectivo de la respectiva conducta, la posibilidad real que el superior tenía de haber ejercido un control apropiado sobre sus subalternos, en relación con la ejecución de la conducta delictiva, tal y como se establece en el derecho internacional, tal y como indica el artículo 28 del Estatuto de Roma”.

La decisión estuvo precedida por un pronunciamiento de la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares (Acore) que cuestionó la redacción.

Desde que se negoció el punto de justicia, a los militares se les había prometido que en el nuevo acuerdo no existiría la figura de responsabilidad de mando. Es decir, que no puede asignarse responsabilidad a los jefes por las conductas de sus subordinados.

Mientras los uniformados rechazaban lo inicialmente negociado, desde Estados Unidos, José Miguel Vivanco, director para América de la ONG Human Rights Watch, lo aplaudía, considerando que con eso el acuerdo “había quedado mejor que el original”. También hubo pronunciamientos de Fatou Bensouda, fiscal de la Corte Penal Internacional, que daban la bienvenida a la nueva redacción.

En la alerta de Acore jugó papel fundamental el general Mora que, como se dijo, era considerado por militares activos y retirados como su hombre en el equipo negociador del Gobierno. Tras la Fe de Erratas, la JEP debe procesar los delitos cometidos por los uniformados pero no puede imputar a priori y subsidiariamente a los comandantes de esos efectivos.

Responsabilidades

En el conversatorio de la semana pasada, el general Mora admitió que “no puedo eludir la responsabilidad de haber sido parte del equipo. En muchos de los desacuerdos y en muchas de las contradicciones lo manifesté verbalmente y dejé constancia por escrito de las inconveniencias que se habían incluido en el proceso de La Habana”.

Y sobre la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Mora manifestó que “estoy convencido que el sistema de justicia transicional es el sistema, tal vez el único sistema que hoy en día en el mundo actual permite llegar al fin del conflicto”. Sin embargo, indicó que “el problema no es el sistema de justicia transicional, el problema de La Habana fue cómo se implementó, cómo se conformó el sistema. Ahí está lo grave, ahí está lo complicado, ahí está lo lesivo”.

https://www.elnuevosiglo.com.co/, Bogotá, 23 de noviembre de 2020.

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