Palabras talismán, como estrategia de la izquierda para la captación ideológica
Palabras talismán, como estrategia de la izquierda para la captación ideológica
7/07/2026 | Por T. Coronel Gustavo Roa C. | Consultor en Sistemas de Gestión de Continuidad de los Negocios – DESAE.
Las palabras talismán son términos que, por su fuerte carga simbólica y emocional, despiertan de manera casi automática sentimientos de aceptación y legitimidad. En el análisis del discurso político se denominan así porque funcionan como un talismán: basta con pronunciarlas para conferir a un mensaje una apariencia de autoridad moral, sensibilidad social o profundidad intelectual, aun cuando, en muchos casos, no vayan acompañadas de argumentos sólidos o de un contenido claramente definido.
Diversos sectores políticos recurren a este tipo de expresiones, tal es el caso del auto proclamado, representante de la nueva oposición de extrema izquierda, Iván Cepeda, que hoy utiliza todo tipo de artilugios y palabras talismán, para exasperar los violentos ánimos, de un reducido grupo de fanáticos opositores, que han prometido todo tipo de actos terroristas, contra el nuevo gobierno. Desde mi perspectiva, es este tipo de personas incitadoras y reaccionarias, junto a los grupos ideologizantes de izquierda, donde su utilización ha alcanzado un mayor desarrollo, como mecanismo de persuasión y captación política. Mediante ellas se busca despertar emociones, generar identificación con determinadas causas y construir una narrativa que privilegia el impacto emocional sobre el análisis racional de los hechos.
Las palabras talismán poseen tres características esenciales. La primera es su poder de seducción. Se trata de conceptos socialmente prestigiosos que pocas personas se atreverían a cuestionar, pues evocan valores considerados positivos.
La segunda es el bloqueo del pensamiento crítico. Al incorporarlas en un discurso, desvían la atención del contenido real del mensaje y reducen la disposición del receptor a examinar con rigor las propuestas o sus consecuencias.
La tercera es su ambigüedad. Son conceptos amplios y abstractos cuyo significado cambia según quien los utilice. Precisamente esa falta de precisión facilita que cada persona les atribuya el sentido que desea, convirtiéndolas en herramientas de enorme eficacia propagandística.
Expresiones como justicia social, equidad, inclusión, resistencia, cambio, memoria histórica, transformación, empoderamiento, diversidad o paz total ilustran este fenómeno. Todas representan aspiraciones legítimas en determinados contextos; sin embargo, también pueden convertirse en recursos retóricos cuando se emplean para sustituir el debate de fondo por consignas emocionalmente atractivas. La eficacia de estas palabras radica precisamente en que resulta difícil oponerse a ellas sin correr el riesgo de ser presentado como enemigo de los valores que aparentemente representan.
Un ejemplo especialmente visible es el denominado desdoblamiento del lenguaje, mediante expresiones como «los y las». Aunque esta construcción es gramaticalmente válida, en la mayoría de los casos resulta innecesaria. El español dispone del masculino genérico, que, de acuerdo con la Real Academia Española (RAE), cumple una función inclusiva al referirse a colectivos integrados por hombres y mujeres.
El desdoblamiento puede justificarse cuando sea estrictamente necesario para evitar ambigüedades o cuando el contexto requiera destacar expresamente la presencia de ambos sexos. No obstante, convertirlo en una norma permanente termina afectando la economía del lenguaje y la naturalidad de la comunicación. Del mismo modo, el uso de la vocal «e», expresiones como «les», constituye una propuesta impulsada por algunos sectores ideológicos que no forma parte de la norma académica vigente.
Desde esta óptica, el debate ya no es únicamente lingüístico, sino profundamente político e ideológico. El lenguaje ha dejado de ser, para algunos movimientos, un simple instrumento de comunicación y se ha convertido en un mecanismo de transformación cultural. Quien logra redefinir el significado de las palabras, termina influyendo también en la manera como la sociedad interpreta la realidad.
Las palabras nunca son inocentes. Pueden informar, persuadir o manipular. Por ello, una ciudadanía verdaderamente libre no debe dejarse seducir únicamente por términos de apariencia noble o moralmente incuestionable. La democracia se fortalece cuando las ideas se someten al escrutinio de la razón y no cuando las emociones sustituyen el pensamiento crítico.
En una sociedad cada vez más polarizada, defender la claridad del lenguaje equivale a defender la libertad de pensamiento. Cuando las palabras dejan de describir la realidad para convertirse en instrumentos de propaganda, el riesgo no es únicamente la confusión del idioma, sino la erosión silenciosa de la capacidad de los ciudadanos para pensar con independencia. Esa es, quizá, la mayor responsabilidad de quienes participan en el debate público: llamar a las cosas por su nombre y no permitir que el lenguaje se convierta en el vehículo más eficaz de la manipulación ideológica.
T. Coronel Gustavo Roa C.: Oficial de la Reserva del Ejército Nacional , Administrador de empresas. Consultor en Seguridad Integral y Business Continuity Plan.
Relacionado
Palabras talismán, como estrategia de la izquierda para la captación ideológica. .