Doña Helena, además de poseer una clara inteligencia y una admirable vocación cívica, era dueña también de unos delicados sentimientos familiares que la convirtieron en la mamá o la abuelita que sus amigos y admiradores quisiéramos tener.

A todo lo anterior, agregaba un envidiable talento planificador que le permitía anticiparse a los acontecimientos y preparar detalladamente lo que sería su propia actuación, o la de las personas que dependían de ella, cuando llegara el día en que debía cumplirse el hecho o la circunstancia objeto de su atención y de sus cuidados.

Una prueba de su capacidad visionaria es la carta que escribió con mucha anticipación, dirigida a sus familiares, en la cual se despedía de ellos y de sus numerosos amigos con una tranquilidad pasmosa, carta que entregó a su hija Ángela Ospina de Nicholls, actual embajadora de Colombia en México, disponiendo que fuera leída durante sus exequias, de las cuales además seleccionó cuidadosamente el lugar de la celebración, los sacerdotes celebrantes, el programa musical a cumplirse durante la ceremonia, sus intérpretes y en general lo que debería ser el comportamiento de sus deudos durante los días funerales, todo lo cual se realizó puntualmente.

A continuación, transcribimos ese hermoso documento, leído por la embajadora al final de las exequias, del cual es necesario resaltar el ejemplar catolicismo y la confianza en Dios de doña Helena, lo mismo que la fuerza de su cariño por sus descendientes y demás familiares, y la nobleza y acierto de sus palabras para decir adiós…….


CARTA DE DESPEDIDA PARA QUE LA LEA ANGELITA DESPUÉS DE LA HOMILÍA

DESPEDIDA

A mis hijos: Mariano, Patricia, Javier, Ángela, Juan Diego y Rafael.
A mis nietos y bisnietos: Verónica, Valeria, Mariano, María Catalina, Sabina, Juan Gonzalo, Úrsula, Ana Isabel, Christina Dorotea, Andreas, Tuli, Jorge Alberto, Ana María, Sofía, Alejandra, Tomás y Samuel, Leandro y Lorenzo, Cora, Maximiliano, Ariana y Eugenia, Amalia, Olivia, Kira, Martina y Candela.
A mis hermanos: María Mercedes, Andrés y Ruth
A mis amigos:

El momento de despedirme ha llegado, porque no podemos escapar a la voluntad de Dios, ni a las leyes de la naturaleza, y porque tampoco está en nuestras manos evitar las penas o multiplicar las alegrías cuando son parte del destino. Así que no lloren y vivan los bonitos recuerdos que puedan tener de mí. Conserven una llamita encendida que no se apague por el hecho de que yo no esté más tiempo presente, aunque no me vean, yo me mantendré al lado de cada uno de ustedes.

Durante mi vida Jesús me ilumino el camino y esta realidad de dejar lo terreno, ese llamado lo recibí desde el año 2004 y el tiempo lo viví con calma, sabiendo que en cualquier instante me llegaría el momento de partir y así tranquila también estuve después de la delicada cirugía que me hicieron el 5 de abril del 2013.

Siempre le di gracias al Señor por todos los beneficios otorgados, por haber nacido en una familia católica, por un marido tan especial como fue Mariano, que me dio gusto en todo, era para él su reina, su princesa o su muñeca, así me llamaba. Por los hijos, los nietos y bisnietos, por los años que me permitió vivir plenamente disfrutando a cada uno. Por los éxitos obtenidos en todos los trabajos realizados como parte que fui siempre de un equipo de personas excelentes, por los pocos fracasos, por los momentos compartidos con los amigos que siempre nos acompañaron, hasta en horas difíciles…

Quienes tenemos puesta la confianza en la promesa de Jesús de darnos una vida eterna y creemos en Él, sabemos que éste no es un adiós definitivo: sólo será una ausencia pasajera que nos purifica y nos hace dignos de llegar limpios a la Casa del Padre Celestial. En este momento de reflexión quiero que cada lágrima se convierta en miles de sonrisas.

Sé que Jesús está conmigo, en todo momento sentí su presencia salvadora, es por eso por lo que no le temo a este viaje hacia lo desconocido, Su Casa. Sé que todos los encuentros serán gratos: Con Mariano, papá, mamá, Lisandro, Gabriel, con otros seres queridos que partieron primero. Con mi Ángel de la Guarda, quien con la Virgen María me llevan para colocarme en las manos de Jesús. Voy hacia Él confiada en su eterna misericordia que me dará el perdón por todas las debilidades cometidas.

No habrá más angustias, ni preocupaciones, todo será alegría. Les repito No deben quedar tristes, los que sientan mi partida, desde el cielo los acompañaré, les seguiré los pasos a cada uno: me sentirán más cerca, estaré protegiéndolos con ese amor puro que es atributo de las almas que gozan de Dios.

Sólo me resta pedir a los hijos y a los nietos que se ayuden mutuamente. Cumpla cada uno su misión en esta tierra, para que cuando les llegue el momento de partir, puedan decir: he llevado una vida cristiana, he cumplido con mi familia, con mis obligaciones y así también la Santísima Virgen y su Ángel de la Guarda los podrán llevar hasta entregarlos a Jesús y yo tras Él, saldré a recibirlos llena de alegría.

HELENA

Helena Baraya de Ospina (q.e.p.d.), La Linterna Azul, 16/05/2022

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