Para mí… las cosas están claras | Mario García Isaza c.m.
Para mí… las cosas están claras | Mario García Isaza c.m.
Ibagué, 20/05/2026 | Por Mario García Isaza c.m.
Los colombianos estamos viviendo un momento verdaderamente trascendental en la historia de la patria. Pocos días faltan para la fecha de la elección de un nuevo presidente de la república. Escuchando los comentarios de la gente, leyendo los periódicos, prestando atención a los noticieros…experimentamos la sensación de una enorme perplejidad; muchos dicen sentirse totalmente desconcertados, no tener claridad, estar sumergidos en una confusión absoluta ante esta pregunta: ¿por quién votar?
Termina, ¡gracias a Dios!, un gobierno que sin lugar a dudas cargará con el inri afrentoso de haber sido quizá el peor en lo que lleva de vida republicana nuestro país. Ha estado al frente del gobierno un individuo absolutamente desquiciado: por sus alucinantes ideas de un socialismo trasnochado y lunático; por su evidente incapacidad de entender lo que es el gobierno de una nación; por su inexplicable empeño de rodearse solamente de personajes innombrables, proclives a conchabarse con él para destruir todos los valores sociales, y de poner instituciones y tareas importantes en manos de corruptos y de ineptos; por un pasado personal oscuro y marcado por la violencia y el crimen; por todo eso, y por su degradación moral y humana, que nos afrenta ante el mundo.
Está en nuestras manos poner término a este proceso calamitoso de descomposición, ejerciendo responsablemente nuestro derecho y deber de participar en la jornada electoral que se avecina. Deber y derecho frente a los cuales se abre un horizonte en el que solamente tres candidatos aparecen con posibilidad de ser elegidos; que los demás, es evidente, solamente persisten en mantener su candidatura o por una necia vanidad, o por el halago de los dineros que les llegarían por la llamada reposición de votos, o…no sé qué otra motivación pueda existir para su inútil persistencia. Bueno, ¡allá ellos!, lástima por quienes botarán su voto al apoyarlos.
He titulado estas reflexiones, algo desgarbadas sin duda,: “para mí las cosas están claras”. Probablemente quienes las lean se extrañarán ante esta afirmación. Y me explico.
Uno de los candidatos en pugna, al que los medios le atribuyen un favoritismo en la intención de voto actual de los ciudadanos, sería la continuación del ominoso camino en que nos ha metido quien actualmente nos desgobierna; he escrito continuación, pero quizá eso no sea del todo exacto; porque, sin los desórdenes personales y sin los vacíos humanos y las evidentes patologías mentales y éticas del actual mandatario, el que pretende sucederle, formado en las más radicales escuelas del comunismo marxista en Rusia y sus países satélites, es ideológicamente más pervertido, más inteligente, y emocionalmente más empujado por odios y resentimientos, todo lo cual lo hace inmensamente más peligroso. En sus manos Colombia caería fatalmente en el despeñadero en que han caído otros países, hoy sumidos en situación miserable. Huelga decir que jamás lo apoyaría con mi sufragio.
En pugna con él, una mujer y un hombre. Ella, vástago de ilustre familia de hidalgos y patriotas, crecida y educada en el ambiente de la más rancia política colombiana; durante años, parlamentaria brillante, que libró batallas memorables en el Congreso de la república; de su autoría son leyes y decisiones judiciales que están inspiradas en principios sociales y éticos incontrovertibles; su candidatura es el resultado de una consulta selectiva democrática; la acreditan, sin duda, méritos personales y ejecutorias políticas innegables. En la mencionada consulta, voté por ella. Sin embargo, ¡ay dolor!, después de ser ungida como candidata presidencial, ha incurrido en equivocaciones, asumido actitudes y hecho afirmaciones que desnudan un trasfondo muy preocupante, no solo en materia de convicciones e idearios, sino de capacidad para poner los principios y valores por encima de cálculos electoreros. La escogencia que hizo de quien sería su coequipero en calidad de vicepresidente, no tiene justificación; sencillamente porque es alguien que puso como condición el compromiso de perpetuar ese tribunal ilegítimo y nefasto llamado JEP, y de mantener al Estado uncido a respetar el nefando e inexistente “acuerdo” del Colón, que fue la más execrable traición a la patria y que conculcó alevosamente la decisión tomada por el pueblo en memorable plebiscito; es alguien que profesa como convicciones personales antivalores y aberraciones de orden religioso, moral, antropológico, diametralmente opuestos a la doctrina del cristianismo y de la Iglesia católica; alguien por quien, dado lo anterior, un católico no puede votar, obrando en conciencia. Y sabemos que votar por ella es votar por él… Además, la candidata ha caído en la sinuosa trampa y en el cotarro de los políticos de quienes los colombianos estamos hasta el cogote; verla apoyada y rodeada de personajes tan siniestros como el tartufo de la palomita en la solapa, o de aquel que no vio el elefante que invadía su sala, o del exministro que pregonaba a los cuatro vientos que se sentía obligado a luchar contra el oscurantismo de la iglesia católica…y de otros tantos de igual laya, es algo que a mí me inhibe de pensar en darle apoyo. Fuera de que, pensando en la lejana pero posible eventualidad de que ella llegara a faltar, la patria quedaría en muy malas manos. A lo anterior se añade otra torpeza, teñida de un buen porqué de villanía: los ataques que ha lanzado contra su contrincante tildándolo de cobarde porque utiliza chaleco antibalas, son ruines. Parece no entender que si ella no necesita esa precaución, es porque su candidatura no representa una amenaza para los que son capaces de eliminar a quien se atraviese a sus proyectos criminales.
Y está el otro candidato. No viene del mundo de la política, sino del empresarial y del ejercicio exitoso de su profesión de abogado. Irrumpió en esta pugna presidencial sin buscar apoyos de partidos tradicionales, más aún, rechazándolos. Ha pregonado, y muestra hasta el momento, una total coherencia en sus pronunciamientos y propósitos. Vivaz, ágil y agudo intelectualmente, propositivo, audaz. Se ha alineado sin ambages en las filas de quienes defienden los valores cristianos de la educación y la familia; dio muestras de una gran inteligencia y buen juicio al elegir, para el cargo de vicepresidente, a alguien que, por sus convicciones religiosas, por su experiencia y sus ejecutorias tanto en el mundo de la administración como en el de la academia y la cátedra es garantía de seguridad, clarividencia y buen gobierno; con él, sabemos que, si llegare a faltar el presidente, el timón de la patria estará en muy buenas manos; esta elección contrasta evidentemente con quienes son fórmula vicepresidencial en los otros casos…; cabe esperar que el candidato sabrá rodearse muy bien. He de confesar que me despierta un pequeño temor la fogosidad con que anuncia lo que hará para combatir al crimen en todas sus manifestaciones. Quiero decir: es tal vez demasiado agresivo, belicoso…Pero estoy convencido, por otra parte, de que la situación a que ha llegado Colombia tras lustros de manos blandas, de connivencias, y diálogos, y zonas de despeje, y mesas de negociación con el crimen, y procesos instauradores de la más aberrante impunidad, necesitamos una mano firme, un gobierno que sea capaz de no negociar sino imponer la ley.
Todo lo que acabo de escribir, explica mi afirmación de que, para mí, las cosas están claras. Votaré el 31 de mayo por Abelardo De La Espriella; lo haré con el profundo deseo de que sea él quien enfrente al candidato comunista en la muy probable segunda vuelta; me atrevo incluso a acariciar el deseo de que su triunfo se dé en primera vuelta. Y digo más: en la eventualidad, que ojalá no ocurra, de que sea la dama la que pase a segunda vuelta, entonces, acogiéndome a aquella ley del mal menor…votaría por ella; lo haría pidiéndole a Dios que en su eventual gobierno no tengan mucha influencia los periodicazos del indeseable vicepresidente…
He manifestado lo que yo pienso y siento. Cumpla cada uno su deber, participando en la jornada electoral que ya llega. Hágalo con entera libertad, de acuerdo con sus convicciones, en conciencia, sopesando con sentido analítico lo que cada uno de los candidatos representa y ofrece; despojándose de prejuicios y también de motivaciones que no sean la búsqueda del auténtico bien de la patria. Hágalo siguiendo las muy luminosas líneas de conducta que nos acaban de trazar nuestros Pastores en el Comunicado de la Conferencia Episcopal de hoy, 20 de mayo (COM-CEC-046/26) Hágalo, sobre todo, teniendo bien presente que en el ejercicio de la política, —y votar hace parte de ese ejercicio—, siempre hemos de obrar a la luz de nuestra fe y de nuestros principios. ¡Dios y la Virgen Inmaculada nos tengan de su mano!