Penetración del comunismo en Colombia

En octubre de 1917 triunfa la revolución bolchevique en Rusia, después de que intentos de revoluciones en Alemania, Hungría y Finlandia habían sido aplastadas, y tras el fin de la revolución mexicana, que duró desde 1910 hasta 1917.

Después de estos acontecimientos, se presentó en el mismo periodo una ola de conformación de Partidos Comunistas en todos los países latinoamericanos, y en Marzo de 1919 se creó en Moscú la Internacional Comunista, para combatir la “democracia burguesa”, difundir el sistema de “soviets” e instaurar la “dictadura del proletariado”, nombrándose como Presidente al dirigente bolchevique ruso Grigori Zinóviev.

En el estudio “Comunistas. El PCC en el Post Frente Nacional” el politólogo Javier Duque Daza expresa:

“El PCC surge en 1930, después de un periodo de movilizaciones sociales obreras y de varios intentos de conformación de un partido socialista en el país. En la década de 1910 en Colombia se presentan las primeras huelgas de obreros; de igual forma surgen los primeros periódicos en provincia que expresan la opinión de círculos de obreros e intelectuales, algunas de ellas orientadas a la creación de un partido político. Durante este periodo surgen algunas organizaciones cuyo propósito es aglutinar a obreros, artesanos e intelectuales en las ciudades; tal fue el caso del Partido Obrero (1915) y del Partido Socialista (1919-1923). Ambos partidos tuvieron una vida corta, el segundo alcanzó a participar en las elecciones de 1921 y apoyó en 1922 la candidatura liberal de Benjamín Herrera, derrotada por el Partido Conservador. En los años siguientes diversos grupos autodenominados comunistas o socialistas continúan actuando como grupos de discusión política, promoviendo la idea de la creación de un partido de los trabajadores. En 1923 se intenta conformar un Partido Comunista en Bogotá, producto de la iniciativa del ruso Silvestre Savistki. Algunos intelectuales se suman a esta iniciativa, que finalmente no se consolida (Cf. Medina, 1989; Proletarización, 1975; Jeifets y Jeifets, 2001)”.

En 1924 fallece Lenin, y en la Unión Soviética asume el liderazgo el triunvirato conformado por Stalin, Trotsky y Zinóviev. En junio del mismo año se realiza en Moscú el V Congreso de la Internacional Comunista; en este los partidos comunistas de las diferentes naciones formalizan el liderazgo único del Partido Comunista de la URSS (PCUS).

Continúa Duque Daza:

“Desde su creación el PCC es un partido revolucionario cuya dinámica histórica está orientada por su alineación con el mundo comunista soviético, la cual no es influenciada por el eurocomunismo que representa, desde la segunda mitad de la década del setenta, para los partidos comunistas de muchos países de Europa occidental, la oposición a cualquier forma de liderazgo en el movimiento comunista internacional y que resalta la independencia respecto a la influencia del comunismo soviético. Desde sus comienzos el PCC se define como un partido revolucionario y en sus estatutos (1958, 1971, 1975 y 1980) reivindica ser un partido de la clase proletaria basado en el marxismo-leninismo, anti imperialista, que lucha por el socialismo y por el internacionalismo proletario”.

En su estudio, el politólogo Duque Daza precisa:

“En 1926…se realiza el Tercer Congreso Obrero en Bogotá, de cuyas deliberaciones surge el Partido Socialista Revolucionario (PSR), el cual…es reconocido como sección de la Internacional Comunista en su VI Congreso de 1928… A finales de la década del veinte la dirigencia socialista se desarticula, algunos son detenidos, otros huyen del país o se incorporan al Partido Liberal y otro sector se orienta a la reagrupación de los sectores de izquierda, lo cual conduce a la creación del Partido Comunista”.

Desde principios del siglo XX la Internacional Comunista venía lanzando sus consignas hacia todos los continentes. Refiriéndose a la lucha armada, la alentaba en los siguientes términos:

“ésta última, que es la forma más elevada de la lucha, se basa en las reglas del arte militar, supone un plan militar, tiene el carácter ofensivo de las operaciones militares, requiere en el proletariado una abnegación y un heroísmo absolutos…tales acciones exigen, como condición indispensable, la organización de grandes masas en unidades de combate”.

De acuerdo con el politólogo Duque Daza:

“En la creación del PCC desempeña un papel central la Internacional Comunista, organización promotora con una decisiva influencia en la forma como se organiza el nuevo partido. La aceptación en la Internacional, así como la adopción de sus ”orientaciones”, hacen parte de la política de impulsar la creación de partidos comunistas en América Latina, lo cual en Colombia se expresa en la presencia de enviados de la Internacional Sindical Roja (ISR) que toman parte en la organización del V Congreso Obrero en 1920, de igual forma que en el pleno ampliado del PSR en 1930.”.

En mayo de 1943, ante la alianza de la URSS con EEUU y Gran Bretaña y teniendo en cuenta “la madurez de los partidos comunistas”, el Presídium decidió disolver la Internacional Comunista. En la práctica, esta había perdido toda importancia ante el rol protagónico de Stalin y del PCUS.

En su VI Congreso, en 1949, el PCC inicia la orientación de la “autodefensa”; el mismo año las “Ligas Comunistas” de Chaparral (Tolima) crean estructuras armadas. En 1950, grupos de autodefensas comunistas de Horizonte y Chicalá organizan una “columna de marcha” o “columna guerrillera”, que se asocia con vestigios de guerrillas liberales.

En 1952, el PCC celebra el X Congreso, en Viotá (Cundinamarca). El entonces miembro del Comité Central del Partido Comunista Colombiano Luis Alberto Morantes Jaimes, líder sindical y político, manifes­tó al momento de instalar el Congreso que:

“Este Congreso tiene, además, la importancia de realizarse en los momentos en que el movimiento de resistencia va en crecimiento, en el momento en que lo fundamental de los destacamentos guerrilleros esperan del Congreso Comunista, que es su Congreso, nuevas formulaciones sobre la lucha armada popular que permitan la elaboración de una estrategia y de una táctica militar de guerrillas que los conduzca a nuevos éxitos y al crecimiento de su prestigio, que en suma es el prestigio del partido, el prestigio de las ideas marxistas, leninistas, el prestigio de la revolución y el comunismo[1].

El Señor Morantes ingresa a las filas de los “destacamentos guerrilleros” bajo el alias de “Jacobo Arenas”, como codirector del programa de violencia de las autodenominadas FARC.

En 1953, tras el ascenso del General Gustavo Rojas Pinilla al poder, cerca de 5000 guerrilleros dejaron las armas. En 1958 liberales y conservadores acuerdan el “Frente Nacional”, y en 1961 el IX Congreso del PCC aprobó la tesis de “combinación de formas de lucha”; este mismo año el connotado dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado advertía en el Congreso de la República sobre la existencia de “repúblicas independientes comunistas” en Marquetalia (Caldas), El Pato (Caquetá), Riochiquito (Cauca), Guayabero y otras zonas del suroccidente de Tolima. En enero de 1962 se presentaron enfrentamientos de las “Autodefensas Campesinas de Marquetalia” (lideradas por Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo”) con tropas del Ejército Nacional.

El Magistrado Landa Arroyo sostiene:

«Ya al inicio del Frente Nacional veremos el inicio de la nueva ola de violencia política, ligada ahora a discursos de transformación revolucionaria del Estado y que se va a incubar en las guerrillas de mayor tradición y persistencia como son las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), el ELN (Ejército de Liberación Nacional) y el EPL (Ejército Popular de Liberación) a partir de la confluencia de múltiples elementos de los cuales no van a estar ausentes grupos remanentes de guerrillas liberales que se articulan de esta manera a la siguiente violencia. Esta violencia, con las complejidades contemporáneas asociadas a la presencia del narcotráfico en múltiples escenarios de la vida colombiana y del cual el conflicto político armado no iba a estar exento y el surgimiento y consolidación de los grupos paramilitares o de autodefensa, es la que continuamos viviendo” [2].

En 1964, el politburó de la Unión Soviética decidió incrementar los gastos en el campo del ter­rorismo externo. Los servicios secretos de todos los países del bloque comunista participaron en el reclutamiento de espías y en la in­filtración de los movimientos terro­ristas izquierdistas nacientes en todo el mundo, y se establecieron escuelas de entrenamiento de guerri­llas en Checoslovaquia, Alemania Oriental y Cuba, para adiestrar a los terroristas escogidos de cada país interesado.

En mayo de 1964, el gobierno del presidente Guillermo León Valencia decidió atacar la “República de Marquetalia” mediante la Operación “Soberanía”. En abril de 1966 se definió la conformación de las FARC, con Jacobo Arenas como ideólogo y Manuel Marulanda Vélez como jefe militar.

En la Primera Conferencia Tricontinental de La Habana, en enero de 1966, la delegación de Colombia estaba integrada por Diego Montaña Cuéllar, Jorge Zalamea, María Pinto, Luis Carlos Pérez, Belmiro Rodríguez Calderón, Álvaro Delgado, Teodosio Varela, Alberto Rojas Puyo, Jaime Guaracas, Gómez Marín, Raúl Valbuena, Baltasar Fernández y Santiago Solarte. No asistieron, pero fueron invitados, Hernando Garavito, Luis Emiro Valencia, Gloria Gaitán de Valencia, José Ignacio Vives Echavarría, Leopol­do Vargas y Aníbal Pineda. Por parte de Cuba asistieron Fidel Castro, Oswaldo Dorticós, Raúl Roa, Osmani Cienfuegos, Raúl Castro, Armando Hart y otros de menor importancia. Por Chile cabe destacar la presencia de Salvador Allende. De otros países hubo representación de México, Haití, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela.

La agenda de la reunión priorizó la intensificación de “la combinación de todas las formas de lucha”, ya ampliamente usada en Colombia por los grupos alzados en armas. Se dis­cutieron y aprobaron consignas incluidas en el informe político final, tales como:

el deber de ayudar por todos los medios, legales e ilegales, a todos los pueblos que luchan por su liberación nacional en cualquier parte del mundo;

o bien “esta revolución se está difundiendo a los pueblos de tres continentes que ahora luchan por su libertad, y especialmente a aquellos que con las armas en las manos y bajo las condiciones más dramáticas se enfrentan al imperialismo en Vietnam, Ve­nezuela, Rep. Dominicana, El Con­go, Perú, Angola, Guatemala, Mozambique, Guinea por­tuguesa, Colombia y muchos otros países”[3].

Cuba apoyará en la forma en que fuere necesario a los que luchan con las armas en la mano y a los que están dispuestos a empuñarlas en Asia, África y América Latina”.

“En América Latina la lucha es una lucha a muerte y hay que imponer la violencia como instrumento… cualquier movimiento revolucionario en cualquier parte del mundo podrá contar con la ayuda incondicional y decidida de Cuba” [4].

Miles de cubanos han expresado su deseo y su voluntad de marchar a cualquier parte del mundo donde los necesiten para ayudar al movimiento revolucionario[5].

Al respecto, el politólogo Javier Duque Daza sostiene:

“Los eventos del PCC incluyen también a representantes de las FARC. No solo se trata de los saludos que este grupo guerrillero solía enviar, sino también de la presencia de un comandante en los plenos del Comité Central. Como lo recuerda Álvaro Delgado en sus memorias, desde 1982 hizo presencia un comandante guerrillero en los plenos, en los cuales solían reiterar que su lucha seguía siendo por un cambio revolucionario a través de las armas (Delgado, 2007, p. 289). Esta es una posición paradójica: mientras se condenan las acciones del M-19 como la toma del Palacio de Justicia en 1985 o las acciones intrépidas de esta guerrilla y los actos terroristas del ELN, se justifica a las FARC y se mantienen sus nexos con esta organización”.

El 14 de febrero de 1974 se fundó en Argentina la “Junta Coordinadora Revolucionaria”, de corte internacional. Trece años después en Santa Fe, Argentina, el 4 de octubre de 1987, se efectuó la reunión preparatoria de la “Asamblea Coordinadora Guerrillera Internacional”, sucesora de la anterior; en 1985, en Tarija, Bolivia, se consolida la forma­ción del “Batallón América” con destino a Nicaragua. Ya para la reunión preparatoria de Argentina la escalada guerrillera había aumentado considerablemente por lo cual asisten, entre otros, los siguientes movimientos de América Latina: PRT y Montoneros de Argentina, Tupamaros de Uruguay, Bandera Roja de Venezuela, Sendero Luminoso y Tupac Amaru del Perú, F.A.R.C, M-19 y Ricardo Franco de Colom­bia, Alfaro Vive del Ecuador, Frente Manuel Rodríguez y Movimiento Izquierda Revolucionaria de Chile, y un delegado de Cuba, Raúl Rodríguez.

Los temas más desta­cados fueron entre otros el de darle especial prioridad a la estrategia conjunta de los grupos latinoamericanos, y el compromiso de presentar en una próxima reunión un plan concreto para llegar a una coordinación efectiva en lo político, logístico y estratégico. Se destacó la acción nicaragüense con el envío de pertrechos para los grupos insurreccionales latinoamericanos y el rol de Cuba en la formación de cuadros para los diversos grupos, se criticó la estrategia cubana de revo­lución violenta del Che Guevara en Chile como fracasada y se destacó la independencia económica de los guerrilleros colombianos, obtenida fundamentalmente por sus nexos con el narcotráfico. Se destacó igualmente la operatividad del “Frente Ricardo Franco”, el M-19 y las FARC. Se criticó la toma del Palacio de Justicia y el ataque a un convoy de soldados conscriptos en el Departamento del Caquetá como contraproducentes estratégicos. Allí el delegado de las FARC culpó al Frente “Ricardo Franco” del asesinato de Gustavo Pardo Leal.

Objetivos en el marco histórico

El desarrollo insurreccional ha sido conducido por diferentes grupos armados que apelaron a crímenes selectivos y no selectivos, genocidios, asaltos a poblaciones, atracos a bancos, ataques a la fuerza pública, extorsiones, secuestros, terrorismo contra la infraestructura económica del país, intimidación de la población civil, infiltración de entidades estatales, cogobiernos regionales por coerción, narcotráfico y empleo de minas quiebrapatas.

Pero no es en los grupos armados en donde se crea el embrión revolucionario. Para el sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno:

“La insurrección es el más sagrado de los derechos del pueblo y el más indispensable de sus derechos. Tal es la justificación de las guerrillas colombianas ya que el Gobierno, desde los años 20 del siglo pasado, viola incesantemente los derechos del pueblo. A la represión del Estado contra los reclamos populares, se unen recientemente los cocaleros y las autodefensas, volviendo más grave el actual conflicto, que solo tendrá solución si se terminan los prejuicios contra el comunismo y se transforma radicalmente la fuerza armada.[6]

En marzo de 1984, tras acuerdos con el gobierno del Presidente Belisario Betancur, las FARC establecen alto al fuego y crean el movimiento político “Unión Patriótica” (UP), más otros movimientos sociales.

En su estudio, el politólogo Duque Daza afirma:

“Después del XIII Congreso del PCC realizado en 1980 hay un giro en sus posiciones políticas. Aunque mantiene sus bases ideológicas manifiesta una mayor apertura respecto a otras fuerzas políticas en el momento en que se está abriendo paso un proceso de paz entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986). En este contexto, en su XIV Congreso realizado en 1984 el PCC hace la invitación a la conformación de un frente democrático amplio que permite llevar a buen término el proceso de paz y a proponer un candidato presidencial en las elecciones de 1986 que logre aglutinar la oposición contra el predominio bipartidista. Estas iniciativas conducen a la creación de la Unión Patriótica, nueva agrupación de izquierda en la cual el PCC tiene un papel preponderante, con ciertos matices en sus posiciones y una mayor apertura a otros sectores políticos de izquierda. Este hecho cierra un periodo en la vida del PCC que se inicia con su participación en las elecciones cuando estas fueron restablecidas con el desmonte parcial del Frente Nacional y culmina con su inserción en el nuevo partido que aglutina, además, a diversas organizaciones sociales, a pequeños movimientos políticos, a integrantes de las FARC, a académicos e intelectuales. En el transcurso de este periodo … hay un desplazamiento de las formas de participación institucionales (especialmente la electoral) hacia otras extra institucionales como huelgas, paros cívicos, marchas campesinas y la acción guerrillera, especialmente del Ejército de Liberación Nacional (ELN), del Ejército de Liberación Popular (EPL), del M-19 y las FARC (Cf. Pizarro, 1996; Archila, 2005). El PCC es un protagonista en ambas formas de acción política, jugando en ambos campos y manteniendo la tesis de la combinación de todas las formas de acción política con cercanía a las FARC, a la vez que participa en elecciones y algunos de sus dirigentes se convierten en congresistas (Cf. Delgado, 2009). Este doble juego expone a los militantes del PCC y de la Unión Patriótica, quienes son víctimas de organizaciones paramilitares en comunión con agentes del estado colombiano y varios miles son asesinados, especialmente desde 1986”.

Continúa el politólogo Duque Daza:

“Desde 1985 el PCC se incorpora a la naciente organización de la Unión Patriótica, lo cual abre una nueva etapa de su desarrollo, que es ampliamente cuestionada en el sentido de que, manteniendo la tesis de la combinación de todas las formas de lucha, este partido sigue moviéndose en dos planos opuestos: el de la deliberación y participación institucionalizada electoral y parlamentaria, y el del apoyo y connivencia con la acción armada de las FARC. El resultado es catastrófico para sus militantes y líderes, que se convierten en blanco de organizaciones extremistas paramilitares y del narcotráfico, en asocio con sectores de las fuerzas armadas”.

Luego del asesinato del candidato presidencial Bernardo Jaramillo Ossa, la UP sufre un proceso de quiebre final cuando, en marzo de 1990, su nuevo presidente Diego Montaña Cuéllar y once dirigentes más presentan su renuncia colectiva en una reunión en Bogotá conocida como el X Pleno, cuando fallan en su intento de separar la UP de la ortodoxia de izquierda y de condenar irrevocablemente la lucha armada. Tiempo después, perdería su reconocimiento jurídico por la baja votación en unas elecciones generales. Entre quienes renunciaron se encuentran Angelino Garzón, Guillermo Bonguero, Alberto Rojas Puyo, Julio Santana y Luis Emiro Valencia, pues consideraron igualmente que la UP se estaba convirtiendo “en un apéndice del Partido Comunista, que dominaba el 90% de la estructura de la UP”[7]

Igual censura recibieron quienes secundaban a Jaramillo Ossa: José Antequera (asesinado), Guillermo Banquero (secuestrado), Álvaro Sala­zar (exiliado) y Carlos Enrique Cardona, alias Braulio Herrera, cabecilla destacado del Magdalena Medio. Herrera Alias “Braulio Herrera” fue asesinando decenas de guerrilleros, desmoralizando los integrantes de la organización y perdiendo posteriormente una zona considerada “estratégica” para las FARC. La zona fue ocupada por los paramilitares. El Secretariado de las FARC lo juzgó en un ‘consejo revolucionario’ y lo condenó al ‘destierro’; B. Herrera fue fundador de la “Unión Nacional de Estudiantes”, en los años 70, y activista muy destacado de la Juventud Comunista en el Quindío; concejal de la Unión Nacional de Oposición (UNO), en Calarcá; ex congresista de la UP y ex miembro del Estado Mayor de las Farc.[8]

Un análisis de la revista “Semana” para la época fue contundente en cuanto a la posición de Jaramillo Ossa mientras luchaba por salvar la vida tratando de demostrar que UP y FARC eran cosa diferente, que no existía cordón umbilical comprometedor con los sicarios que diezmaban a la UP. Dice Semana que:

“una y otra vez los dirigentes de la UP trataron de explicar la independencia política entre ellos y La Uri­be; es claro que la prolongación de la lucha armada por parte de las FARC mientras la UP trataba de consolidar­se como parti­do político constituía una contradicción que a la larga resultaba imposible de manejar. Cuando la ruptura con el partido se hace evidente, Jaramillo Ossa y su grupo se dan cuenta que, si ya no tiene sentido continuar intentando acercamientos con el brazo político, mucho menos sentido tiene hacerlo con el brazo armado. La cadena de condenas que se inicia en febrero en el Foro por la Paz y continúa con la carta abierta a los alzados en armas termina finalmente en una tajante declaración de Jarami­llo Ossa en una entrevista, en la cual expresa abierta­mente, y ya como candidato presidencial, no solo que rechaza la combinación de todas las formas de lucha como estrategia política, sino que, además está convenci­do de que la guerrilla no tiene ninguna opción de victo­ria en Colombia.”[9]

De esta forma cesó el experimento político abierto de las FARC, que en adelante solo desarrolló acciones armadas y de terrorismo, hasta llegar a la situación presente.

Por Comisión de Seguridad y Defensa del Foro Atenas


 

Notas de pié de pagina

[1] Ibid.

[2] César Landa Arroyo, Derecho Político. Del Gobierno y la Oposición Democrática, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 1990, p.30

[3] Documentos Tricontinental, informe político

[4] Oswaldo Dorticós, discurso de instalación.

[5] Fidel Castro, discurso de clausura.

[6] Apartes del cuaderno del centro de Pensamiento 14, Universidad Sergio Arboleda, página 31

[7]Bernardo Jaramillo Ossa. Es un soplo la vida. Napoleón Vanegas. Ediciones Foro Nacional por Colombia. Bogotá, 1991.

[8] Gonzalo Uribe Aristizábal ([email protected]) Colombia para todos.net, junio 7/2008

[9] Revista Semana, No 399, diciembre de 1989

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