¡Llegó el día de las elecciones! Este domingo los colombianos no vamos a escoger entre dos candidatos con visiones legítimas pero diferentes del Estado. Todo lo contrario, vamos a escoger entre dos sistemas totalmente antagónicos, en lo político, económico y cultural, que marcarán el destino del País por décadas.

 

Uno de ellos nos conduce a la libertad y al progreso. Es el que hemos tenido hasta ahora, aunque con muchos defectos que es indispensable corregir.

 

El otro, que es el socialismo, nos conduce irremediablemente hacia la pobreza, la miseria y la pérdida de las libertades.

 

Esa es la disyuntiva que tenemos. Iván Cepeda, el candidato de Petro y de las FARC, propone un régimen estalinista y totalitario, en el cual el Estado monopoliza todos los medios de producción, asfixiando y desapareciendo la propiedad privada y la libertad económica. El Estado asistencialista se encargará de todas las necesidades de los colombianos, como la mentira de Chávez y Maduro en Venezuela, que terminó en el fracaso y en la más horrorosa corrupción.

 

Cuba es el modelo perfecto del régimen socialista. ¿Qué reparte allí el Estado asistencialista? Hambre, miseria, subdesarrollo, esclavitud y muerte.

 

Porque en eso terminan todos los regímenes comunistas y socialistas, como el que Iván Cepeda y Petro le quieren imponer al País.

 

De otro lado tenemos al candidato Abelardo de la Espriella, que ofrece enfrentar la corrupción, la inseguridad y el terrorismo con mano de hierro y la autoridad legítima del Estado. Cuando el Estado es eficiente y honesto, algo que los colombianos no hemos tenido nunca, el dinero público alcanza para resolver todos los problemas de la nación. Y cuando la propiedad privada y la libertad empresarial no son perseguidas por el Estado, sino que más bien son protegidas e incentivadas, el desarrollo y la riqueza que se producen es de tal magnitud, que paulatinamente resuelven los problemas sociales que nos agobian.

 

Colombia tiene que escoger entre estos dos mundos opuestos. Para ello es necesario que los indolentes, los indiferentes y los abstencionistas, tomen una decisión coherente y responsable. Hay que alejar de Colombia el fantasma del socialismo, porque todo lo pudre y todo lo destruye.

 

Desde esta columna, en la cual he defendido a Colombia con valor, con abnegación y con extrema seriedad, apelo a la Colombia honesta y trabajadora para que vote bien este domingo.

 

Colombia no puede votar a favor de los enemigos que están destruyendo la Patria con su guerra infame y destructora, financiada con los dineros de la cocaína y de la corrupción, que nos ha dejado un millón de muertos en los últimos 40 años.

 

Quien ofrezca más “procesos de paz”, más “diálogos” con los terroristas, más “indultos” y más “amnistías”, solo puede ser un traidor que nos quiere entregar en las garras del lobo, porque eso es lo que han hecho todos los gobernantes de Colombia en los últimos 40 años, sin conseguir absolutamente ningún resultado.

 

Por el contrario, el candidato que promete derrotar el terrorismo y la corrupción, es el único que podrá conseguir la paz verdadera.

 

Nunca llegaremos a conseguir la paz mientras se consagre la más absoluta impunidad para los terroristas y criminales. A estos bandidos hay que derrotarlos primero, establecer de nuevo el imperio de la ley y de la Constitución, y hacer respetar los derechos de 50 millones de colombianos que somos víctimas de la violencia y del terrorismo de las guerrillas marxistas.

 

¡Sólo así habrá paz! ¡Y quien prometa lo contrario miente y engaña al País! Y el único que ofrece esa solución radical es Abelardo de la Espriella.

 

Entonces, es necesario que toda Colombia tenga la honestidad moral de votar por Abelardo para ganar en la primera vuelta. Así se podrán evitar fraudes y riesgos inimaginables, porque el Gobierno de Petro está anunciando con incendiar el País si no gana su candidato, porque para los comunistas el sistema “democrático” les permite imponer los principios totalitarios del marxismo, gracias a su debilidad para enfrentar a los enemigos.

 

La indolencia, la indiferencia y la abstención serán los aliados y cómplices en un eventual triunfo del candidato de las FARC. Y como en las últimas semanas el rugido del Tigre ha despertado a la opinión pública ante el peligro que acecha, es necesario ganar en la primera vuelta para evitar riesgos innecesarios.

 

Los acuerdos y concesiones con el crimen solo producen más violencia.