Plantón, velatón, besatón y fumatón

Se les dijo y se les advirtió a los del “SI” de la paz, que luego de firmado ese espurio documento, lo que se vendría para el país y en especial, en los territorios plagados de coca, como en el Catatumbo y el sur del país, sería una violencia indiscriminada y sistemática, tal como la estamos viendo; homicidios colectivos de ciudadanos de a pie, líderes sociales, representantes de la comunidad que solo buscan ayudar y en general de todo el que este en el lugar equivocado ya que los delincuentes allí se sienten empoderados.

Pero realmente ¿qué es lo que está haciendo que los bandidos estén tan empoderados en estos territorios? La respuesta es contundente, el lucrativo negocio del narcotráfico. Si los colombianos tan solo pensaran por un momento en cuanto están avaluadas las más de 200.000 hectáreas de coca, que la misma justicia colombiana se niega a que sean fumigadas con glifosato, comprenderíamos el por qué esa guerra que nunca se ha ido del país, ahora, solo reaparece. Suspendidas las aspersiones aéreas, más el beneplácito de amplísimos sectores del poder centralista, más la limitación a la fuerza pública para ejercer el orden y garantizar la seguridad en todos los rincones de la patria, la mesa está servida para que suceda lo que esta sucediendo. La ecuación es simple: el anterior gobierno en actitud permisiva dejó que nadáramos en coca y el actual gobierno, maniatado, tristemente, recibió ese infortunio y sin margen de maniobra para asperjar. A esto se le ha llamado de mil formas, causa-efecto; complacencia con Farc; narco acuerdo; impunidad total; la paz solo en papeles; hipócritas de izquierda, en fin, tantos titulares y una sola realidad: la coca es el combustible de las viejas y nuevas violencias del país.

A veces nos preguntamos: situaciones que antes eran absurdas pero que después de la paz ya no lo son. ¿Será que existe algún sector político, judicial, económico y social al que le conviene que todos esos cientos de toneladas de coca sean procesadas y exportadas, a cambio del pago de un alto porcentaje en dinero por su silencio y aquiescencia? ¿Será que hubo promesas presidenciales del anterior gobierno, para cederle el poder a alguien que comulgue con los ideales comunistas de las guerrillas? Solo por un instante meditemos a cerca del por qué se sigue defendiendo lo indefendible. Solo aplico una máxima de los debates filosóficos políticos, que afirma que valen más las preguntas que las respuestas.

Por supuesto que la prensa y los políticos que estuvieron al lado de la paz no encuentran otro culpable de lo que está aconteciendo, solo el presidente Duque; sin pensar siquiera sobre el origen reciente de la desdicha narco criminal que hoy hace llorar el país.  Pero lo más grave, aquellos que intentan obtener réditos políticos con el dolor de las víctimas y proyectar candidaturas presidenciales en 2022.

Resulta bastante penoso para los que insisten en que el diálogo todo lo soluciona, que entre más avanzada es la normatividad y la concertación entre todos los sectores de la sociedad civil, en que más se insista en mesas de negociación con el ELN y otros grupos delictivos, en que existan muchas rutas trazadas de buenos propósitos, de narrativas ilusionistas con la palabra paz,  paradójicamente, más se dispara la violencia, los actos delictivos y los ataques armados en contra de la población civil indefensa. Este fracasado diálogo en “el mejor acuerdo posible”, motivó en 2 aspectos estructurales: el primero, querer negociarlo todo, incluso la institucionalidad, a cambio de nada, y lo segundo, no atacar con contundencia el narcotráfico, por el contrario, haber permitido que sus actores gocen de absoluta impunidad y con rostro burlesco frente a sus millones de víctimas.

Cuando toda la desgracia y el dolor prenden nuevamente motores, la indignidad de los patrocinadores y condescendientes de esos sujetos delincuenciales, farc, no se hace esperar; entonces sus dedos inquisidores señalan, sus opiniones juzgan, sus actitudes recriminan y sus deseos, se traducen en venganza. Sus ojos tienen gotas de sangre, y sus reclamos groseros piden a gritos la intervención del gobierno y de la fuerza pública, para contener la arremetida violenta por el poder del narcotráfico. Cuando dicen que los autores de los homicidios son del paramilitarismo, piden pena de muerte y la renuncia del presidente; cuando son de las disidencias Farc o ELN, viene el silencio sepulcral, que hay que implementar el acuerdo de paz y votar para presidente por el señor del video recibiendo dinero de oscura procedencia.

Entonces, es cuando viene la convocatoria masiva de los líderes de la izquierda radical a sus idiotizados súbditos, al plantón, que afecta la movilidad de las ciudades, así sea, en tiempos de pandemia, o intrínsecamente, el vandalismo para hacerse sentir y destruir los bienes públicos y privados. Nocturnamente, esos indignados proponen la asistencia a las plazas públicas para las velatones y los minutos de silencio por esas víctimas de izquierda que, según ellos, son las que importan. Los más osados proponen la besatón, o como la han llamado sus integrantes, “la furia marica”, con miras a que sus derechos sean reivindicados. Y por supuesto, la gran tribuna de adictos a drogas alucinógenas, quienes procuran una masiva fumatón porque como lo dijo la corte constitucional: el consumo de sustancias sicoactivas y de alcohol en espacios públicos, hace parte del libre desarrollo de la personalidad, luego no hay prohibición alguna, así los niños en sus parques vean degenerados y potenciales delincuentes haciendo de las suyas. Sumadas plantón, velatón, besatón y fumatón, el resultado no puede ser peor, jóvenes perdidos y sin rumbo fijo protestando no saben por qué, vitoreando el nombre de delincuentes, apoyando la tal revolución socialista, empoderando a esos mismos bandidos que hoy matan gente. El llamado es a la sensatez, la cordura y que vuelva la “mano dura” de la fuerza legítimamente constituida contra los delincuentes.

César Salas Pérez, Periódico Debate, 25/08/2020

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